viernes, 9 de enero de 2026

131.- ANATOMÍA DE UNA CAÍDA

     Esta historia trata de tres críos de muy corta edad que salieron del colegio y se entretuvieron por la calle antes de llegar a sus respectivas casas. Puede que el calendario marcara enero o febrero, pero el ambiente era frío y duro como los inviernos de Cuenca antes de que llegara subido a los carros de la información nuestro conocido cambio climático.

    Sin móviles ni otros dispositivos con los que despistar al tiempo, el trío bajó la calle hasta llegar a la “Fuente de colores”, la misma a la que años después sutituyeron por un nazareno metálico que propició el cambio del nombre popular con la que se llamaba a la plaza que la acogía. Me aventuro a confirmar que la temperatura ambiente bajaba de los cero grados, y puede que la sensación térmica lo hiciera descender unos cuantos grados más. Vamos, que los grajos se trasladaban en patines. Ese fue uno de los motivos por los que aquellos muchachuelos se acercaron a la fuente a juguetear.

    Encaramados en el borde de cemento se dedicaron a romper el bloque de hielo que laminaba toda la superficie. Poco a poco iban colocando en los huecos que mostraba el agua semicongelada los barcos de papel que previamente habían construido.  Y de este modo pasaron el rato hasta que uno de ellos se precipitó de cabeza hasta el fondo. Raudo como una trucha se incorporó, salió a la superficie y después saltó a la acera de la calle para caminar lentamente hasta su casa. Por el camino su abrigo de paño dejaba el rastro del agua que chorreaba por los bajos, soltando parte del peso que se había incrementado unos cuantos kilos. A su encuentro apareció su madre, sorprendida, pero para nada alarmada. Lo acompañó hasta el hogar para darle cobijo, calor y un vaso de leche caliente.

    

    Durante años pregunté a mis dos compañeros intentando averiguar cuál de ellos me había empujado. Ambos se llamaban Julio y siempre guardaron silencio encubriéndose el uno al otro. Varios lustros después, siendo ya jovencitos, una sesión de hipnosis amateur desveló el entuerto. En el anteriormente llamado Parque del Carrero nuestro amigo German nos deleitó con una actividad nunca antes experimentada. A uno de los “Julios” no le importó prestarse como voluntario para ser dormido entre el cachondeo de los demás. Aprovechando su estado de ensueño le pregunté quién me lanzó al agua cuando éramos niños, a lo que confesó declarándose autor del hecho.

    Desconozco si su respuesta fue sincera, ficticia, o la continuación de aquella farsa. El caso es que, culpable o no, sigue siendo un gran amigo. El más antiguo de todos y al que todavía no le he devuelto la travesura. Quizás ya estemos mayores para eso y sea más sencillo enfriarnos por dentro que por fuera. Esta ola de calor que nos ha acechado en plena Navidad invitaba a ello.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

130.- BARES

Llevamos muchos años tomando cañas. En distintas cantinas, cervecerías o tabernas. En varias ciudades, pueblos o comarcas.

Esas cervezas llevan solapado un apellido que debería ser obligado, “compañía”. A veces de la familia o de compañeros de trabajo y, en la mayoría de las ocasiones, de los amigos. Entre trago y trago, además de expresar nuestras emociones, hemos debatido sobre cualquier disciplina deportiva, insultado o defendido la actividad política, criticado las decisiones vecinales, alabado las canciones que nos gustan y repudiado las películas que nos hicieron dormir. Algunas parejas se forjaron tras la barra, luego vieron crecer a nuestros retoños hasta que asomaron por encima del mostrador.

Pero no hubiera sido posible refrescarnos las gargantas sin la valiosa colaboración de los camareros que nos atendieron. Muchos de ellos conocidos y algunos grandes amigos. No todos gozaban del mismo carácter ni simpatía, pero sí de su disposición. En nuestro recuerdo permanece el que blasfema mientras te entrega el aperitivo o el que se apoya silencioso junto a la nevera, el que te recibe con un “buenos días” como el que te insulta amistosamente, el que comparte el tabaco o el que te mandaba a fumar a la calle, el que te invita alguna ronda o el que te cobra hasta el último céntimo.

Tampoco habría tenido lugar un botellín frío sin su aperitivo, y eso bien que se nota cuando sales de Cuenca. Los destinos de los trayectos entre tascas han sido priorizados por su servicio, la temperatura del producto, lo acogedor que fuera el local y la calidad del pincho. Si os preguntan en qué lugar se encontraba la mejor ensaladilla, la tortilla más jugosa, o cualquier bocado de provecho seguro que aciertas con la decisión.

¡Bares, qué lugares! Tristemente han ido desapareciendo los que frecuentábamos en la época estudiantil. Resistiendo a los avatares de la sociedad y al imperfecto progreso se mantuvieron abiertos más o menos tiempo, pero ya no podremos quedar en El Viñas, El Choco, El Alhambra, El Dulcinea o El Ibérico. Otros como El Zaida, El Amistad, La Churre, El Fidel o La Tinaja carecen del entorno que tanto apreciábamos.

Hace unos días sentí un escalofrío cuando presencié como desocupaban uno de mis bares más queridos. No es de Cuenca, sino de Tragacete. Por desgracia la persona que lo regentaba murió sin avisar, dejando un vacío en el pueblo del que van (o vamos) a tardar en recuperarse, porque sus paredes no solo guardaban botellas con solera, adornos deportivos o calendarios pasados, sino gente. Vecinos que allí se encontraban para charlar, reír o ver la tele. En cualquier momento surgían valiosas tertulias defendidas entre pastores, cazadores, jubilados y el Pater, fusionando conversaciones que trataban de ovejas, del tiempo, de mujeres o de patatas. Y tras la barra, siempre observador y analista, allí estaba Fernando, “El Morci”, esperando a sacudir sus argumentos respaldados de lógicas razones, que bien podían ser políticas, normativas o simplemente intuitivas e inventadas. Enorme de corazón, aunque a los desconocidos le pareciera lo contrario. ¡Qué pena más grande!


Al mismo tiempo que introducían el mobiliario, el grifo de cerveza y el resto de botellas en la furgoneta para su transporte se evaporaban numerosos momentos que ya no se podrán repetir. La Chispa no era cualquier garito. Además de bebida y comida ofrecía un servicio social en plena “Iberia abandonada” del que este pueblo no se repondrá nunca jamás. Las alternativas no han sido capaces de recoger el legado rural que emanaban el respaldo de sus sillas, los posters de setas de sus paredes o el hollín de su estufa. Pero su paso por este mundo nunca se olvidará. Cientos de anécdotas y vivencias lo mantendrán activo en la mente de quienes lo disfrutamos.

 

 

viernes, 10 de octubre de 2025

129.- PREGONEROS

 “Se hace sabeeeerrr, que en la plaza del pueblooooo, se venden melooooones, sandiiiías, pataaaatas,…” y con este soniquete, que era precedido de varios toques de turuta, Policarpo nos informaba de los eventos que se promovían en las calles del pueblo. De pequeño lo escuchaba desde la cama y rápidamente se lo transmitía a mi madre por si tenía la suerte de que me mandara a comprar o simplemente inspeccionar la mercancía. Hace muchos años que murió ese peculiar pregonero y desde entonces se ha sustituido por la megafonía de las furgonetas que tan pronto te compran colchones de lana como te afilan cuchillos. Han ganado en decibelios, pero han perdido ese efecto sorpresa y novedad que afectaba la vida social y económica de los vecinos. Aunque para alta sonoridad la del butanero, que pulsa el claxon con tanto ímpetu que despierta hasta a los más trasnochadores.

No es habitual escucharlos en la ciudad, a excepción de algún comerciante que con su chiflo te avisa de que dispone de un esmeril ambulante capaz de dejarte los utensilios de cocina listos para despellejar un Miura sin dificultad. En la capital donde habito existe la tradición de anunciar los fallecimientos comunicando con precisión los datos de hora, lugar y, lo que es más importante para el oyente, el mote con el que se conocía a difunto.

Las fiestas de San Mateo comienzan tras pronunciar el pregón desde el balcón municipal. En la Plaza, los peñistas vitorean, se cachondean, corean y repiten las consignas que les indique el vocero. Ilustres corredores o maromeros han disfrutado de ese honor, aunque tan sólo recuerdo haber estado presente a comienzos del siglo XXI en el de un conocido paisano y piloto de coches. También estuve in situ en el que ofreció la pareja de Tip en la feria de San Julián, justo la tarde que volvíamos de las intensas fiestas de la Frontera, donde alargamos la estancia varios días. Pero de si de anuncios promulgados tratamos, los de mayor calidad y sentimiento se han emitido bajo la mirada del Ecce-Homo de San Miguel. He asistido a unos cuantos y todos, en algún momento, me han emocionado. Mientras aquellos finalizan con un “viva”, estos concluyen con un “gloria a”. 


Alabo la figura del pregonero anunciador de festejos y acontecimientos. Admito que se le concede una importante responsabilidad y una tensa exposición a la opinión popular. Supongo que no todos emplean el mismo tiempo y esfuerzo en dejar alto el listón, peor para los más abandonados, no podrán disfrutar del cariño de su gente.

Detesto la figura del pregonao. Ese al que nos estamos acostumbrando a escuchar en los medios de comunicación y en el que hemos depositado nuestra confianza para que maneje la administración pública y gobierne las instituciones. Y abomino la figura del palmero que ensalza al mayor de los pregonaos. Ese o esa que no tiene el mínimo rubor en aplaudir sus palabras, carcajear sus gracias o asentir sus estupideces.

Gloria a unos y abucheo a los otros. “De orden del Sr Alcalde, se hace sabeeeer, que al final de esta tarde, él mismo se va a exponeeeeer, a que le insulten, le apedreen o le escupan por su insenstateeeez, su inutilidaaaad y desfachateeeez. …”

viernes, 27 de junio de 2025

128.- MI TELÉEEFONOOOO

 - ¡Digameeee!

-          -  ¿Me se escuchaaaa?

    Y así Gila podría comenzar cualquiera de sus magníficas escenas cómicas que dejaron diálogos grabados en la memoria de muchos. Él usaba el teléfono como herramienta de trabajo. Lo que no sabía es que años después todos la necesitaríamos para lo mismo y otras cosas más ociosas e incluso menos provechosas.

    Todavía mantengo mi aparato fijo en casa. No es de baquelita sino inalámbrico y no dispone de ruleta sino de botones. Sólo recibo llamadas de empresas deseosas de venderme sus productos, pero a veces lo uso con madre al otro lado. Todavía lo conservo como medida preventiva ante emergencias que colapsen la alternativa móvil, pero tras el día del apagón descubrí que tampoco sirve para eso. Puede que con el desarrollo tecnológico demos pasos para atrás. Ya no llama nadie desde Electrodomésticos Colmena para regalar una lavadora si contesto a sus preguntas. ¡Benditas bromas de compañeros que disfrutaban engañando a familiares y amigos! Aunque no todas fueron tan divertidas porque algunas retorcidas mentes ocasionaron un impacto difícil de asimilar al dar por fallecido a una persona querida. Pobre Koala, que lo quisieron enterrar antes de muerto. Si ahora las cuentas de redes sociales abiertas con pseudónimos sirven de coraza para proteger la identidad del impostor,  las cabinas de teléfono hicieron el mismo papel a finales del siglo XX. Durante el exilio estudiantil las necesitamos para contactar con la familia, la novia o el amigo.

    Además de la intuición no quedaba otro remedio que su uso para conseguir la información. Necesitabas una buena colección de monedas para mantener una charla de larga duración. Eso si con suerte habías averiguado dónde se hallaba la más moderna que no te pedía las fichas que aceptaba la ranura y, además, se encontraba libre y la cola formada en la acera no era lo bastante larga para esperar horas hasta utilizarla. Nunca aprendí a engañarlas con el famoso truco del magiclick. Sin embargo las cabinas de la calle te garantizaban la intimidad que no te permitía pasar por los cables de las centralitas. Cuando Lauro anunciaba tu nombre por los altavoces del Colegio Mayor sabías que recibirías alguna noticia. El sistema de contacto era igual que en el pueblo donde las telefonistas conectaban los cables en el orificio correcto antes de indicarte el número de la dependencia donde comenzar a hablar, siempre con cuidado porque se sospechaba que escuchaban la conversación. Se decía que disponían de más información que el cura aunque menos que Koldo o Villarejo.    


    Pese a ofrecer un servicio público durante muchos años fueron retirándolas de las calles españolas. Hasta el año pasado todavía quedaba un ejemplar en Tragacete, ¡un trofeo de esos de 12 puntas! Según me he informado se trataba de un modelo Garza, cerrada, como la de José Luis López Vázquez. Tan parecida a la malvada de la película que nuestro amigo Betis quedó atrapado una noche de verbena hasta que le rescatamos y descubrió que podía salir tirando de la puerta plegable. Deberían haberla indultado y mantenido junto al ayuntamiento como símbolo de esa zona que mencionan como “España vaciada”, aunque más bien convendría llamarla “Tesoros abandonados”.



    Ahora mirad vuestro móvil. Comprobad la hora, si tenéis alguna llamada perdida, algún mensaje de whatsapp o, en el mejor de los casos, os han hecho un bizúm. Si disponéis de cobertura todo funcionará correctamente, por lo contrario imitad a ese extraterrestre que imploraba por su teléfono y … su casa.

viernes, 9 de mayo de 2025

127.- A GUANTAZOS

Hubo una época en la que el boxeo ascendía al pódium de los deportes nacionales junto al fútbol y el ciclismo. En los no tan lejanos tiempos del güenismo sociológico lo suprimieron de las televisiones públicas junto a las corridas de toros con el objetivo de ahogarlo para siempre. Actualmente y, gracias en gran medida al empoderamiento femenino, está volviendo al auge que antaño perdió.

Siendo todavía imberbe acompañé a mi padre a algunas veladas de las que se celebraban en horario nocturno en la plaza de toros y en el polideportivo. Solo el hecho de salir de casa cuando el sol estaba ya oculto tenía un aliciente que no se podía rechazar. Aun siendo bien joven nunca me incomodaron los golpes que se repartían los púgiles. Los observaba con atención mientras escuchaba los comentarios de mi progenitor. Comprendí que podía tratarlos cual una simple técnica deportiva como lo es un revés en el tenis, un tapón en baloncesto o un sprint en atletismo. Apreciaba los crochets imaginando la maza de un superhéroe y no perdía de vista el movimiento de sus pies que demostraba la destreza de los que apuntaban a figura. Sin embargo, no tuve la suerte de estar presente en aquel momento en el que un conocido aficionado descendió de su localidad ovacionado por el público, quien sabe si presa de los efectos del alcohol o ese desparpajo que siempre le ha acompañado.

Eran los tiempos del ocaso de Urtain. De su relevo, Evangelista y del esplendor de Perico Fernández. Mi padre también me hablaba de Legrá, de Carrasco y de Velázquez. Luego vinieron Poli Diaz y Castillejo. Después, la nada. Ahora se encumbra a Tupuria en una variante moderna e incomprensible para mí. Nunca he visto un combate de esta mezcla de boxeo y lucha y dudo que lo haga, quizás tanta añoranza de lo antiguo lo aleje de mis aficiones y no llegará a despertar una expectación como la de Tyson en las madrugadas de finales de los ochenta. La bestia de Brooklyn era capaz de mantener en vela a decenas de estudiantes alojados en ese colegio mayor de Madrid (del que ya os hablé en el capítulo 52 de este diario personal que comparto con vosotros) para ver cuantos asaltos aguantaba su rival. 

Hace pocos días falleció Foreman. Siempre fui un admirador en su retorno a principios de los noventa de su demoledor gancho y, sobre todo, de su especial forma de defenderse a la francesa. Para los entusiastas de este deporte, vale la pena revisar el quinto asalto del combate contra Alí en Kinsasa.

https://youtu.be/55AasOJZzDE?si=K2D8FdWgiISslFz3 

Este legendario deporte estuvo a punto de besar la lona pero le salvó la campana. Las últimas medallas olímpicas pueden relanzarlo definitivamente en nuestro pais. Como os decía al principio, la mujer ha iniciado su repunte ocupando masivamente los gimnasios que imparten esta especialidad. Ocupa algún que otro minuto televisivo y se intenta lanzar al estrellato a fibrosas esforzadas españolas. Puede que todavía tengamos la oportunidad de disfrutar de una de esas veladas que nos robó algún mandatario autoritario, enemigo de la violencia, ávido de pacifismo y que terminó al frente de una importante alianza militar.    

viernes, 31 de enero de 2025

126.- JULIÁN

Parece que se trata del nombre propio típico de los nacidos en Cuenca.  Aunque en realidad no conozco tantos como las probabilidades predicen. Algún pastor metido a empresario de mi pueblo serrano. Un chaval que creció tras la barra de un bar y ofrece una oreja tostailla a los atléticos que se acercan a su local. Un personaje típico de la Cuenca ochentera metido a pinchadiscos en los pubs de moda y en alguna que otra celebración de boda. Un vecino y cliente habitual del bar Zaida. Quizás se haya cruzado alguno más en nuestras vidas, pero insisto, no hay tantos como pareciera.

Así se llama un céntrico parque que, entre sus privadas sombras nocturnas, ha presenciado los inicios sexuales entre jóvenes conquenses o ha sido testigo de los continuos trapicheos de los que con la droga negociaban.  Por contra, también ha servido de lugar de esparcimiento para niños y ancianos que  jugueteban alrededor de sus columpios o charlaban sentados frente al templete musical.  

El paso por la capital de un joven que acabó ejerciendo de obispo tras la llamada de Alfonso VIII inició esta secuela de julianistas. Terminó canonizado y apodado “El Tranquilo”.  Una cualidad que las personan no suelen poseer, y menos en estos tiempos del “todo para ahora mismo”. Envidio el sosiego y paciencia de los que la atesoran. Muy útil para conducir un coche, para jugar al mus o para cocinar. Para participar en una reunión de trabajo, esperar la atención del camarero o moldear una escultura. Tampoco conviene presumir de ella si en exceso se tiene, aunque sería conveniente repartirla a capazos entre nuestros gobernantes.


Así que, tranquilos majetes. Disfrutad de la vida alejándoos del vértigo al que nos quieren arrastrar. Tranquilos majetes, que el mundo va a su ritmo, mucho más lento que la escala que rige la existencia humana. Tranquilo majete, que esta canción ya la escribió los Celtas Cortos hace la friolera de treinta años y parece que no hayamos cambiado mucho desde entonces. Porque en España continuamos con el problema del paro, el campo se va a la mierda y el poder huele a corrupción. Parece que el Amazonas tiene sus días contados y continúa aumentando la polución. Estudiar vale para poco si buscas colocación. Y, ¡gran novedad!, para alquilar una casa tienes que empeñar un riñón. Tranquilo, no te pongas nervioso, tranquilo. Tranquilo majete en tu sillón.

sábado, 5 de octubre de 2024

125.- LA SOCIENECEDAD

¿En qué sociedad vivimos si hay más locales en la calle dedicados a la estética de las uñas que carnicerías?  Así es, al menos donde yo vivo, y así lo he constatado en un largo paseo por las calles de la ciudad. Es más fácil que te pinten margaritas blancas sobre uñas de color azul que comprar unas tiras de panceta. ¡Incluso las de los pies!

Los gurús de la comunicación no paran de alertarnos ante el incipiente apocalipsis que vivirán los jóvenes actuales, sin posibilidades, sin medios económicos, sin hogar y sin trabajo. No es de extrañar, se gastan más en piercings, cortes de pelo, tatuajes, uñas y gimnasio, que en comer. Y si se alimentan es a base de brotes verdes, pienso parecido al que engullen los pájaros y de cosas que crecen en los árboles. ¿Dónde quedaron los bocadillos de mortadela con pepinillos? Surgen más centros de estética, clases de yoga, barberías, clínicas de implantes o prótesis diversas, que ultramarinos. El futuro está envuelto en papel celofán.


Hace unos días estuve inmerso en un caos digital provocado por la caída de telefonía móvil en las fiestas de mi pueblo. A los que veíamos Mazinger Z no nos preocupó mucho, pero los que han cazado Pokemons casi sufren ataques de pánico. No podían pagar la bebida en el bar, no podían atender los videos de tiktok e incluso ¡no podían quedar con sus amigos ni sabían dónde paraban! No conocieron el banco del Carrero.

Mientras en televisión sigan promocionando determinados concursos, en pocos años tendremos más cantantes que fontaneros, más modelos que albañiles, más influencers que mecánicos y más tontos que botellines. Parece que ya nos lo advirtió el Rey Salomón: “stultorum infinitus est numeris”. Si, amigos, el número de necios es infinito.


miércoles, 14 de agosto de 2024

124.- MIS JUEGOS DE OLIMPIA

Hay que esperar cada cuatro años para vivir la intensidad del deporte en todas sus facetas y durante esas tres semanas nos emocionaremos y también maldeciremos tras el error que nos deja sin galardón.

El primer recuerdo que tengo es el de un tío con bigote y siete medallas colgando sobre el pecho. Creo que ahí empecé a sentir el gusanillo de la competición, y de valorar la satisfacción como recompensa del esfuerzo.  

Moscú 1980 fueron mis primeras olimpiadas seguidas por televisión. Gracias a unas retransmisiones a cuenta gotas aplaudí la primera presea entregada a un compatriota, la de Jordi Llopart.

Las noches del verano del 84 las sufrí compaginando los eventos en la costa americana con los estudios pendientes para septiembre. ¡Maldita Potaja! La juventud de entonces y la habitual falta de triunfos nacionales nos hicieron vivir con intensidad cómo nuestro equipo de baloncesto perdía de paliza contra otro que tenía a un universitario llamado Michael Jordan. Veintiocho años después tuvimos la oportunidad de la revancha en Londres, donde a menos de dos minutos perdíamos tan sólo de seis puntos contra los todopoderosos colosos de la NBA.  Abascal desafiaba a Aouita  en 1.500, aunque la gran rivalidad de la época era la de Carl Lewis vs. Ben Johnson (por cierto, habrían sido últimos en la final del otro día en Paris).  

¿Os acordáis de algo destacable de Seúl? ¿Y de Antonio Corgos? Allí aprendimos que un tío dopao puede ganar carreras (¿quién sabe cuántos más lo han hecho?), y que el mito de la velocidad canadiense era una engañifa. Así que brincaremos hasta el gran acontecimiento deportivo celebrado en nuestro país. Elijo el vuelo de la flecha hacia el pebetero y a Fermín Cacho abriendo los brazos en cruz cuando cruzaba la meta como los momentos más emocionantes que presenció Cobi en directo. ¡Cuánto me hubiera gustado estar participando como voluntario y disfrutar de la ceremonia de clausura bailando el “naino naino na”  de Los Manolos junto a Magic Jhonson!

De nuevo a los “iu es ei” en el 1996. Recuerdo un doblete de ciclismo con el oro en manos del gran Induráin, que había dejado su “Espada” en casa para ganar la crono. Urdangarín formaría parte de la familia real tras su medalla de Sídney. Después dimos paso al siglo XXI, que nos traería una buena colección de metales en remo y piragüismo.

Llegaron los juegos de Pekín para enseñarnos que la milenaria ciudad china ya no se llamaba así, sino Beijin. En aquellas tierras orientales corroboraron su palmarés dos ídolos nacionales como Nadal y Lydia Valentín, pero también deslumbraron otros dos campeones del deporte mundial, los hombres más rápidos sobre agua y tierra:  Phelps y Usain Bolt.

Con Mireia descubrimos que no sólo los nadadores españoles afincados en suelo americano sabían nadar y que algunas raquetas distintas a las del tenis nos darían muchas alegrías y alguna que otra desdicha. Pocas veces me he emocionado tanto como cuando Carolina Marín lloraba de rodillas sobre la pista tras una desgraciada lesión.  

Pero el tiempo no sólo cuenta para los deportistas, también ha retirado a comentaristas cuyas voces se mantendrán en nuestra memoria. Las más recientes, las de María Escario y Paloma del Río y las de otras más legendarias como las de Gregorio Parra en atletismo, Héctor Quiroga y Trecet en baloncesto o Luis Miguel López en balonmano.


Acaban de terminar los JJOO de París 2024. Han sido la antesala de la despedida de Nadal, de Rudy y de Carolina. Desgraciadamente también han servido de escaparate para los “haters” (esas  personas amargadas y sin amigos) que disfrutan de la derrota del compatriota porque no comparten sus ideales. Y quién sabe si se abre una nueva vía de competición para los que sienten una preferencia sexual más propia de los programas televisivos de primeras citas. Ni Kratochvílova habría imaginado nada igual. 

Nunca sabremos si, con más dedicación, Nacho y Barambio hubieran disputado alguna carrera a Sebastian Coe. O si Jose Mi habría conseguido un doble mortal y medio carpado desde el trampolín de tres metros en una reñida final contra los chinos. Imaginad al Skipy de abanderado encabezando la delegación española acompañado de Lidio y el Buendi. Disfrutad de Vergaz preparando el balón perfecto para que Palomares remate a la esquina en el último set, de un pabellón volcado con el Koala tras pararle un contrataque a Balic.  ¿Y si Valentín le taponara un triple de Kurtinaitis a falta de dos segundos? Soñad.

sábado, 29 de junio de 2024

123.- MITOS ECOLÓGICOS

 “Las ciudades eran zoológicos humanos; esos lugares donde sólo vivían quienes no tenían acceso a un lugar más salubre: los pueblos”. Así comienza una columna de opinión de una amiga mía que se inventó el acertado concepto de “urleto”.

He llegado a un punto de hartazgo informativo acerca del apocalipsis medioambiental que nos acecha que me empuja cada vez más hacia el odio acérrimo a los urletos. Frecuentemente tengo que defender mi postura “negacionista” frente a los mensajes catastrofistas y, creo, que intencionadamente equivocados al que nos someten diariamente. ¿Os acordáis del agujero de ozono? Alguien lo ha debido zurcir.

En mi época universitaria, hace ya tres decenios, nuestro profesor de ecología nos hablaba del daño de desparramar jabones y detergentes en el agua, de los efectos nocivos de los pesticidas, de la inminente desertificación del sureste español, de los espeluznantes resultados de la lluvia ácida  y de la esquilmación de los pozos petrolíferos. Cierto o no, cada vez producimos más residuos, cultivamos más y extraemos más petróleo. Nosotros seguimos aquí, buscando energías alternativas que nos venden como “limpias”, consumiendo alimentos que saben más a plástico que a huerta, viajando en vacaciones a los lugares con menos agua disponible y derrochando combustible a destajo en vuelos baratos. ¿Por qué actuamos así? Será porque no nos han avisado lo suficiente, porque no nos interesa mucho el mensaje, o porque en realidad intentamos vivir lo mejor posible sin importarnos demasiado los daños ocasionados sobre nuestra madre Tierra. Las ciudades nos han vuelto débiles como especie, ya lo decía una de las primeras Dutton en su trayecto colonizador, la misma que también afirmaba que “no importa cuánto la amemos, la Tierra nunca nos amará a nosotros”.

Pensareis que efectivamente soy un negacionista radical que ha perdido la razón. No tanto. Por supuesto que creo que contribuimos a contaminar las aguas, los suelos y la atmósfera y que sobreexplotamos los recursos. Lo que no admito es que venga a recordármelo quien ha visto una oveja por televisión y no distingue un pino de un cerezo, pero tiene una cátedra ambientalista basada en estudios condicionados por un resultado deseado.

¿Recordáis qué paisaje presentaba el Cerro Socorro en nuestra infancia? Hay fotos que os lo revelarán. Pues si, por entonces se escuchaba la famosa frase de la ardilla con mochila que cruzaba la península sin bajarse de los árboles. Dudo que hayáis recibido información de que en estos momentos tenemos más superficie forestal que hace décadas. No hay ningún medio de comunicación que se alegre por ello. Sin embargo sí que nos recuerdan todos los veranos la proliferación de incendios forestales que asolan los montes de nuestro país y los de otros, porque a falta de noticias en el nuestro tenemos que emitir imágenes de otras zonas que se llevan quemado desde hace miles de años. Yo me dedico, entre otras facetas, a proporcionar medios y técnicas eficientes para evitarlos y apagarlos. Oigo o leo opiniones y teorías que van desde la desafortunada política de reforestación con coníferas en época de dictadura o de la especulación urbanística, a la nefasta normativa aplicada por el partido contrario al que uno vota. He llegado a ver la portada de un periódico regional en el que un alto cargo político afirmaba que “la lechuga era más ecológica que los pinos” Puede que necesitamos más besos de Rubiales que distraigan la atención del poblacho.

Imagino que a estas alturas del relato ya sabéis como llama mi amiga Marta a esas personas urbanas que se desplazan a las zonas rurales llevando un atuendo que consideran adecuado, no entienden el lenguaje rural ni el mensaje que les envía el monte.

El accidente de Chernóbil supuso el fin de la energía nuclear, pero no para todos los países. A nadie le gustaría morir devorado por un minúsculo átomo radiactivo pero cogemos el coche todos los días. Por eso estamos empotrando molinos en las colinas y montañas. También  repartimos placas solares donde antes había plantaciones agrícolas o simples matas que daban cobijo a esos animalicos que tanto defienden algunas plataformas vociferantes. Hace unos días sobrevolé una zona de mi tierra de adopción y quedé atónito al comprobar las hectáreas y hectáreas plagadas de huertos solares. No necesitan herbicidas ni pesticidas pero os aseguro que no veo crecer nada a su alrededor.




Por más que se repita la duda sobre qué mundo van a heredar nuestros hijos, yo le he dado la vuelta a la pregunta: ¿alguien cambiaría la época en la que ha tocado vivir por otra anterior?   Afortunadamente el planeta en el que vivimos es infinitamente más resistente de lo que creemos y, por supuesto, que nosotros mismos. Por eso de vez en cuando nos avisa con sus tres armas principales: agua, viento y fuego. Vuelvo a citar a mi Dutton rubia favorita (y no es Beth): “me dije a mi misma que cuando estuviese ante Dios lo primero que le preguntaría sería: ¿por qué crear un mundo tan maravilloso y llenarlo de monstruos? ¿Para qué sirve un tornado? Y entonces caí: Él no lo creó para nosotros.

domingo, 8 de octubre de 2023

122.- EL SUCESOR DE NARANJITO

Año 2030. Rueda el balón. Todavía no sabemos sobre el césped de qué campo ni con qué mascota animando en la grada. Quizás una “Olivita” (por eso de la igualdad de género), con o sin anchoa (por aquello de la diversidad).

Ya no se interpretará como un espectáculo en el que veintidós tíos en calzoncillos le dan patadas a un balón. Por entonces será considerado un deporte superchulo en el que las chicas de la “roja”, muy féminas, consiguieron el campeonato del mundo y habrá que respetarlas, porque ellas golpean el balón con una delicadeza tal que no puede considerase patada y además no juegan en bragas.

Ironía o certeza. Depende de quien lo interprete o el sexo que lo lea. Lo cierto es que cuando Naranjito intentaba ser un escaparte mundial en un país en reconstrucción, en plena transición, con la movida madrileña en ebullición, con una manojo de libertades en la calle, el fútbol era sólo de hombres y para hombres, tedioso y odioso para el sexo opuesto, al que calificaban con el de los “22 en calzoncillos”. Yo recuerdo aquel mundial como el de una selección de Brasil que me dejaba boquiabierto cuando Sócrates tocaba el balón, Zico lo acariciaba o Eder lo golpeaba. Esa misma que fue eliminada por la campeona, la que en su partido contra Argentina le hizo más de veinte faltas a Maradona  y ¡sólo recibieron dos tarjetas amarillas!


Por entonces nadie se preocupaba de lo que nos apretaban los pantalones, de si nuestra tierna piel aguantaría los roces con la arena o la piedra de los campos donde jugábamos, de si el agua salía a la temperatura adecuada para quitarnos el barro, de si en los vestuarios había asientos y espacio para todos. ¿Necesitábamos una escena subida de tono captada por el fotógrafo del diario local para conseguir subsanar esas deficiencias? 

Ahora se reparte el porcentaje de sexo en las gradas. El trío arbitral está compuesto por un equipo mixto de personas. Hay comentaristas femeninas detrás de los micrófonos o a pie de campo entrevistando jugadores (qué tiempos con Mª Carmen Izquierdo como pionera). Pero todavía tenemos que estar escuchando lo machista que es este deporte. Hace poco se ha celebrado un mundial en un país que no respeta a las mujeres, pero dispone del dinero suficiente para comprar toda el agua del mundo. ¿Poderoso don dinero que acalla las bocas con pintalabios?

Esperemos que dentro de siete años, cuando salten al campo Pedri, Veiga, Sancet y demás seleccionados, tengan mejor destino que cuando Arconada, Camacho o Satrústegui sólo ganaron un partido de los cinco que jugaron. Eso sí, con los calzones bien ajustados, la camiseta por dentro y las  medias con las franjas rojigualdas.