Pues se necesitan horas de conversación, de momentos delirantes, de bastante confianza y por qué no, de mucha paciencia y amistad.
Los motes son producto del instante, pero sobre todo del conocimiento de la personalidad y el físico del afectado. Da igual su sexo, aunque la cortesía impide llamar a las chicas por su sobrenombre. "Las Futbolistas, Las Shadows, La Peje, La Lombriz, Dientesdesable, La Gioconda, La Monosabio, ..., el Cólera y la Muerte". Algunos de ellos simplemente magistrales e inmortales.
La imaginación viaja desde el acomodado y sencillo apodo por herencia familiar o el más simple y habitual (Gordo, Enano, Largo, Rubio, Chino, Negro, Gafas) hasta la más compleja evolución (Rafaela, Gerardo). Incluso réplicas de otros conocidos personajes reales o de ficción (Pepinillo, Liribit, Bergoletty, ET, Rosendo, Richy).
La degradación de la palabra es otro de los síntomas para facilitar la nomenclatura. Alias de dos sílabas es lo más efectivo, pero si las supera parece que tuviera más empaque. Otra muestra de categoría es que la armonía del sobrenombre se acomode a la letra de una melodía y de este modo pueda ser entonada por todos tus amigos en momentos de éxtasis y cantos populares. Ahí el Tonono es un campeón.
Un pasaje del "El Camino"en el que Daniel, el Mochuelo, reflexiona sobre la importantcia de tener un mote, de ser rebautizado por los vecinos con los que convives. Delibes decía que " pocas afrentas peores puede
sufrir uno en su pueblo que la de no merecer un mote. Porque los padres nombran
a su antojo y ese nombre poco o nada tiene que ver contigo, pero el origen de
un mote está en la percepción que los demás tienen de ti y,
quizás, de toda una familia. No recibir uno es poco menos que ser invisible.
Incluso aunque sea horrible –a menudo cruel– el apodo no deja de ser una
muestra de reconocimiento y cariño; de pertenencia. Una prueba irrefutable de
que existes".
Hay quien acumula un saco de apodos simplemente por su aspecto físico. Si además le acompaña un curriculum de anécdotas algo picaronas, puede llegar a superar la decena con facilidad (Manguera, Farolo, Mortadelo, Chiquitín, Longaniza, Comandante Batidas, Grifo,...)
Mi historia personal es algo más compleja. El personaje grandullón de una serie de TV ambientada en el lejano oeste fue el origen de lo que terminé llamándome. Con bastantes variantes intermedias y la indecisión universal en la escritura de su primera letra. Yo firmaba con la "z", y con ella me quedaré.
Pero volvamos a la resolución de la pregunta inicial. Si la persona en cuestión tiene una importante mata de pelo en el pecho, ¿a qué animal se le asimila corrientemente? Y si el diminutivo de Papá Oso deriva hacia Posito, pues termina encasillado en la lista entre el Sodio y el Rubidio. Simple evolución.
¿Quien le iba a decir al Pelos más rockero que pasaría a llamarse Gerardo? ¿Y que una degradación del nombre te lleve hasta una comida para gatos? ¿Y que un animal marsupial termine siendo una mascota?
Todos y cada uno de nuestros alias son historia de una juventud. No los utilizaremos en nuestra vida cotidiana, pero tampoco debemos enterrarlos como muestra de desprecio a lo que quizás, no quisimos ser.
Hay quien acumula un saco de apodos simplemente por su aspecto físico. Si además le acompaña un curriculum de anécdotas algo picaronas, puede llegar a superar la decena con facilidad (Manguera, Farolo, Mortadelo, Chiquitín, Longaniza, Comandante Batidas, Grifo,...)
Mi historia personal es algo más compleja. El personaje grandullón de una serie de TV ambientada en el lejano oeste fue el origen de lo que terminé llamándome. Con bastantes variantes intermedias y la indecisión universal en la escritura de su primera letra. Yo firmaba con la "z", y con ella me quedaré.
Pero volvamos a la resolución de la pregunta inicial. Si la persona en cuestión tiene una importante mata de pelo en el pecho, ¿a qué animal se le asimila corrientemente? Y si el diminutivo de Papá Oso deriva hacia Posito, pues termina encasillado en la lista entre el Sodio y el Rubidio. Simple evolución.
¿Quien le iba a decir al Pelos más rockero que pasaría a llamarse Gerardo? ¿Y que una degradación del nombre te lleve hasta una comida para gatos? ¿Y que un animal marsupial termine siendo una mascota?
Todos y cada uno de nuestros alias son historia de una juventud. No los utilizaremos en nuestra vida cotidiana, pero tampoco debemos enterrarlos como muestra de desprecio a lo que quizás, no quisimos ser.
Bueno, a Nacho y a Javi se los perdonamos.

