No le falta razón. Llevamos 10 años en los que se han suspendido tantas procesiones como nunca antes había ocurrido.
Este será el primer año en el que no esté un Martes Santo en Cuenca. Siempre he tenido que hacer piruetas en el trabajo para conseguir viajar hasta la procesión del Perdón y acompañar a la Virgen de la Esperanza. Nunca antes había faltado a la cita, pero hoy, con las nubes agolpadas sobre la ciudad amenazando lluvia continua, y los malditos protocolos establecidos por gente demasiado administrativa y poco racional nos dejarán sin procesionar.
Mi decisión, pese al disgusto familiar y presión infantil, es no ir. Aprovecharé para observar otras tradiciones, e intentar mantener la mente distraída.
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