Existen muy pocos acontecimientos en los que se mezclen tantas sensaciones como las que experimenta un turbo conquense desde que se viste la túnica hasta que se cierran las puertas de El Salvador.
Ya van para 30 los años que me he colgado el tambor esa madrugada. Desde muy jovencito, rodeado de mis amigos, hasta las últimas procesiones en las que aguanté el recorrido yo solo.
He leido que Rafael Araque Patiño hablaba de nuestras turbas como "un compendio único de psicología, ética y estética. Lección magistral sobre la grandeza y la miseria del hombre. Inquietante espejo donde se proyecta desnuda, en carne viva, ebria y sin coraza, nuestra propia imagen..." Sinceramente, tras ver durante todo este tiempo a miles de personas rodeándome en plena algarabía, creo que es así. Tal cual. Los imbéciles se multiplican y los devotos sufren. Los turbos disfrutan.
¡Qué años en lo que agrupados junto al mítico banco del Carrero consumíamos resoli sin conocer sus traicioneros efectos! Tiempos en los que la divina juventud nos mantenía despiertos y con fuerzas suficientes para terminar al mediodía tomando cañas en el Zaida. Incluso los más atrevidos y "robustos" todavía visitaban a las Angustias por la tarde, sin dormir más que una hora. Mientras, repetíamos la procesión de la mañana, recordando y contando las andanzas, a los y a las que no salían delante del Jesús.
Luego vinieron tiempos de concentración masculina. Pese a los casamientos y crianzas no podíamos perdonar la reunión, precedida de cena, que nos juntaba para esperar la madrugada. Asomados a la hoz y aislados, con la simple compañía de Canito y su bandeja, poníamos a prueba nuestros pulmones entre las paredes del comedor. Risas, muchas risas y cientos de anécdotas. Emocionados abrazos y cual muñecos de hojalata iniciábamos la bajada por la calle San Pedro acompasando el baile de nuestro Judas particular, interpretado por la pareja de túnicas blancas.
Ahora somos pocos. El desmembramiento del grupo de turbos ha sufrido el paso del tiempo y la caída en falsas tentaciones. Seré un nostálgico, pero desde que empieza la cuaresma espero este día con pasión. Algún chasco que otro me llevé en el pasado, aunque el poso de fanático conquense me anima a no desfallecer. Se que siempre habrá alguien dispuesto a ponerse la túnica, buscar su tambor, desafinar su clarín y mirar juntos al cielo para comprobar que no llueve. Después esperaremos la salida del Jesús y nos vaciaremos cada vez que se mueva.
Ahí estoy entre toda la turba frente al Jesús.
Espero estar este año otra vez y seguir contando pronto la continuación de este capítulo.
Pdta: en la sección de "Música del recuerdo" hay dos enlaces, uno de ellos obligatorio para ir ambientando el cuerpo.
2 comentarios:
bien Andoni.
Cuentas conmigo........hasta donde???
Solo Dios lo sabe ¡¡¡
Afortunados sois al conservar los sentimientos turbos....
Ayudar al " cortinas " a recuperarlos. No es asunto baladí.
Campichuelix
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