Refugio matutino de los días de frío y agua, y salón de reuniones en las tardes de agua y frío. Un pequeño rincón próximo al Instituto y al Garito del Sastre que vino a sustituir al legendario banco en la intemperie del parque del Carrero.
Además de los, nunca desapercibidos, cambios físicos de la adolescencia, nuestros bolsillos comenzaban a manejar monedas, no muchas, y el carnet casi nos permitía votar en las recién incorporadas elecciones democráticas. Aun así, las cervezas todavía estaban a disposición de los futuros electores.
Cervezas compartidas en recipientes de litro, a los que en Madrid les llamaban “minis”. El precio de la caña todavía no nos permitía disponer de la ración individual, pero la participación colectiva de la ingesta cervecera hacía “pìña”, y servía para solicitar los apreciados aperitivos del local.
Detrás de la barra, su dueño. Jose. Sin acento. Con el aprendizaje familiar que el gremio le transmitió, consiguió hacer parroquia juvenil mientras mantenía la afianzada clientela. Sus bazas: la cerveza, los aperitivos, el cubilete, el tabaco y la música. Rock y pop tradicional, pero no tan comercial. Además de lo habitual en la época, allí se escuchaba Joe Jackson, Los Ilegales o Fabulosos Cadillacs.
A su vera Manolo. Sucesor y regente actual de la esquina de la calle Colón. ¿Cuántos botellines nos habrá servido? Y a veces presente, pero al margen, Ann. Silenciosa y observadora.
Entre tertulias, partidas de cubilete o de mus, chascarrillos sexuales pasaron los años. Esas paredes no olvidarán nuestros rostros, nuestros olores ni nuestras voces, porque además de la perseverancia resistieron nuestros brochazos. ¡Memorables jornadas de pintores las que se vivieron en las tardes veraniegas! La conjunción era completa: predisposición y ofrecimiento del jefe, disponibilidad de bebida gratuita y ganas de pasarlo bien. No recuerdo que los resultados del trabajo fueran tan deplorables, aunque sí el estado de los autores. El caso es que aquella experiencia se suprimió en lo sucesivo, pero en nuestra memoria todavía perdura.
La empresa se propuso abrir camino en el mundo de copas nocturno. Así nació el Bataplán. Pero eso vendrá en otro capítulo.
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