viernes, 12 de agosto de 2022

117.- KIT ACAMPADAS

Desde hace años se ha incrementado la pasión por conocer la naturaleza y tras el maldito confinamiento provocado por la pandemia, más todavía.

Mucho urbanita ha descubierto que existen ríos limpios, paisajes como los fondos de pantalla de su PC, animales silvestres que no necesitan protección, sonidos melódicos no extridentes además de olores frescos y aromáticos. Nosotros convivíamos con todo ello, sin valorarlo como lo merecía. 

Bajo cualquier inclemencia meteorológica nos trasladábamos como podíamos hasta el monte. A dedo, en coches "prestados" o en la furgoneta que nos dejaba en las Majadas. De ahí caminábamos por asfaltos parcheados sin pintar, o por caminos de zahorra decorados por restos que el ganado depositaban a su paso. Sobre nuestras espaldas cargábamos mochilas repletas de enseres y productos nada seleccionados. Nuestros cuerpos cubiertos de ropa y atuendos de lo más variopinto.

He intentado resumir, en un primera entrega, unos cuadros comparativos estos elementos que nos acompañaban en aquellas jornadas bajo las estrellas. 


Seguiremos en otro capítulo con accesorios menores, comidas o bebidas. Admito sugerencias.


sábado, 23 de julio de 2022

116.- NIÑOS DEL FUTURO

 

En la piscina, un niño se acerca corriendo hacia el socorrista levantando los brazos. Tendrá cinco o seis años. Como era de esperar, llama su atención y la de los bañistas cercanos. Al ponerse a su lado le dice sofocado: “¡socorrista, socorrista, hay un niño comiendo!”. Una leve sonrisa acompañada de un leve movimiento de cabeza le sirve de respuesta al del bañador rojo. A continuación, el chiquillo señala en dirección a unos setos que hay tras unas hamacas vacías. Un par de segundos después asoma la cabeza de un niño de la misma edad, de raza negra, con gafas de pasta azules y unos rizos imposibles, chupando una piruleta. Mientras tanto, el delator grita “ahí, ahí”. El infractor, sorprendido y descubierto, contesta: “me la ha dado él”.
Han pasado varios días y todavía me río recordando la escena. Tres actores en juego con tres personalidades distintas. La experiencia frente a la inocencia. La picardía contra la vergüenza. La verdad contra la mentira. 

Es lo que la vivimos día a día. El chaval acusador se amparaba en la norma, en ese cartel colocado junto a las duchas que dice “prohibido comer y beber en el recinto”. Lo que él escondía era su complicidad en el acto. Tras ser desenmascarado por su compañero y amigo (y quizás, rival tras su traición) fue absuelto por el juez de la piscina, con lo que volvieron a jugar como si no hubiera ocurrido nada. 

Cuando la piscina es la escena política, un rascacielos empresarial, o un plató de televisión, podremos identificar a estos personajes con nombres y apellidos. 



La anécdota es divertida, además de cierta, pero durante días pienso si ese niño se afiliará a unas jóvenes generaciones de algún partido y marcará el devenir de nuestra jubilación. Camino lleva. Valores políticos no le faltan, pero espero que al menos le dé por ser programador de sistemas operativos. 

Y sí, el chico era negro, como podía haber sido rubio o con pecas. Y llevaba gafas, como podría haber lucido algún pendiente. Y además era niño, aunque podría haber sido niña o niñe.

jueves, 19 de mayo de 2022

115 - TE

Algunas tardes de verano nos acercábamos desde el pueblo hasta las fuentes más próximas a merendar. Mi padre conocía bien el terreno, y antes de comernos la tortilla y los bocadillos de jamón buscábamos té en las zonas húmedas o entre las rocas. Té de río, de menta y de risca. Ya no queda tanto como había por entonces. Y no será porque la gente se lo lleva, porque la mayoría ni lo conoce.





Pero no os voy a hablar de ese “té”, sino de la “te” como letra del alfabeto. “T” de test, de tuit o de titular. En un mensaje de móvil recibí esta información: “el castellano tiene casi trescientas mil palabras. El Quijote contiene más de veintidós mil. Un profesional español utiliza unas tres mil. Los jóvenes del siglo XXI se comunican con apenas trescientas y, eso sí, con otros treinta emoticonos”. Hace bien poco lo pude comprobar cuando mi hija se mofó de mí porque escribía con palabras completas y colocaba el punto y final al terminar mis frases en guasap. 

Test. Quién sabe si estos formularios, tan celebrados en exámenes pioneros de nuestra época, mermaron nuestra capacidad de expresión. Las contestaciones escuetas o aleatorias nos podían catapultar a otro nivel de escolarización. De este modo comenzábamos a modificar nuestras técnicas de estudio y esquematizar los contenidos a asimilar. El Sumerio era muy aficionado a esos guiones-esquemas. 

Titular. El arte de concentrar una noticia se plasma en una sola frase o palabra para que llame nuestra atención, y no es sencillo de conseguir. Lo que antes usaban los periodistas ahora lo fomenta cualquier persona pública, pero ya en esta fase asumimos que los comentarios de texto han decaído tanto como el hábitat del té de río. Una receta de fabada asturiana me cayó en la selectividad como comentario de texto para analizar y desarrollar. Ahora se podría contestar: “Lo siento, no puedo. Soy vegetariano”. Y aquí avanzamos un escalón más hacia los mensajes polémicos en redes sociales. 

Tweet = tuit. Parece paradójico que un texto se rija mediante cifras. La limitación de caracteres, osea, el conteo de letras, es el criterio para poder expresar una idea, argumento o defensa. Este campo de batalla lo tenemos perdido frente a los jóvenes. Ellos están más preparados para contestar, insultar y desprestigiar al oponente. Incluso los políticos buscan ese ansiado titular mediante frases tweet. Cantamañanas que buscan notoriedad poniendo en práctica su falta de educación son los, además, los más conocidos. No imagino a Fraga tuiteando. Es más, tendría imposible finalizar su exposición en tan solo un centenar de letras. Vamos, ni a Coronardi tampoco.




Platero es feo y débil como yo”. Así empezaba mi compañero de pupitre el comentario de texto que nos mandó como tarea nuestra profesora de literatura, tía de un conocido llamado Pitiu. Podría resultar un tuit perfecto, pero era el comienzo del desarrollo que “Triaquis” había decidido utilizar para dar su opinión sobre la vida y muerte del pollino del afamado escritor. 
Sí. Yo sé que, a la caída de la tarde, cuando, entre las oropéndolas y los azahares, llego, lento y pensativo, por el naranjal solitario, al pino que arrulla tu muerte, tú, Platero, feliz en tu prado de rosas eternas, me verás detenerme ante los lirios amarillos que ha brotado tu descompuesto corazón.” Trescientos dos caracteres. Las restrictivas normas de la aplicación del pajarito azul no nos dejarían disfrutar de este fragmento tan bello con la que finaliza el libro. 

Pdta: os dejo un enlace para ampliar información acerca de nuestro té: https://www.purasierra.com

domingo, 27 de marzo de 2022

114.- LA MEMORIA

 

Hace unos días mi teléfono móvil sufrió un accidente que le dejó en coma. Sin él, perdí contactos, fotos, datos y, entonces, me di cuenta de que también había perdido memoria, pero de la mía. Una lástima, porque en una libreta guardaba anotaciones de nuevos temas que me permitirían continuar alimentando este blog. Apenas me acuerdo de dos o tres de ellos, así que deberé escudriñar entre el laberinto de mis neuronas hasta encontrar alguno más. Desgraciadamente, la facilidad de acceso a la información está mermando nuestras posibilidades funcionales. 

Mientras uno va sumando años se va dando cuenta del proceso de desgaste natural de nuestro cuerpo. Primero, la vista. Luego las articulaciones. Después … cada cual verá su propia evolución, pero la pérdida de memoria casi no se nota, va gota a gota. ¡Qué sabio consejo el de D. Francisco al insistir en anotarlo todo en un cuadernillo o agenda de bolsillo! Durante más de treinta años le desobedecí (bueno, confieso que alguna tontería que otra he ido apuntando, je je je). Todavía lo hago, pero voy a tener que echar mano de algún recurso para controlar esos deslices. Quizás imite a un amigo mío que utiliza parte de su mano para “tatuarse” con bolígrafo esos nombres, números o datos que no desea olvidar. 

Mi hija me pregunta regularmente sobre eventos en mi juventud. Acaba de cumplir la mayoría de edad y, en su afán de comparar si lo que está viviendo es similar a lo disfrutado en nuestra adolescencia, he descubierto que muchas de las primeras situaciones de la vida se me han borrado. ¿Alguno de vosotros sabe dónde o con quién se tomó su primera cerveza? ¿Era de noche el momento en el que os dieron el primer beso? ¿Estabais nerviosos la tarde que os pusisteis la túnica para sacar el primer banzo? ¿Llovía el día que os examinasteis del carnet de conducir? ¿Cuál fue la primera película que viste en el cine?

El cerebro es tan caprichoso que en ocasiones nos saca de su baúl detalles estúpidos o intrascendentes que ocurrieron hace décadas. Anécdotas que, a base de contarlas y recrearlas, se han anclado en algún lugar de la cabeza y se mantienen ahí esperando a salir de nuevo al ruedo. 

Un joven indio consigue ganar un concurso millonario en una película gracias a que muchas de las respuestas las vivió personalmente en su infancia. Podía sucedernos a nosotros también. ¿Quién presentaba junto a Ana Obregón y Pedro Ruiz el programa que dirigía este último? ¿En qué año se celebró el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN? ¿Quién metió dos goles en la prórroga el día que el Real Madrid remontó al Inter de Milán un 3-1? ¿Cómo se llamaba la vaca “domesticada” que corría las calles de Cuenca en San Mateo? ¿En qué recinto apuñalaron a un chaval en un concierto de Scorpions en Madrid? Y ya, para los premios gordos: ¿En qué año se realizó la última restauración de La Anunciación de Fra Angélico? ¿Quién dirigió la película Malaventura? ¿Qué novela de Manuel Moyano quedó finalista del Premio Herralde? 

Preguntas que podría contestar quien ha estado con Coll en un camerino de televisión, se ha manifestado en un mitin de Felipe González, ha disfrutado viendo a Santillana correr celebrando goles perseguido por Juanito o Camacho, ha corrido delante de la vaca Marisol, ha tarareado el Still loving you en el campo del Vallecas, ha visto como retocaban el pan de oro de la Virgen María en el Museo del Prado, ha participado como figurante en la película de Gutiérrez Aragón o ha saludado a su autor en la presentación del libro del Imperio de Yegorov.



Aprovecharé mis paseos para abrir la trampilla de los recuerdos a ver si cae algún asunto perdido. Muchos de ellos emergían al mismo tiempo que caminaba escuchando música. Anoto: “fuentes, bares (El Perú, el Pelusa,…), las canadienses, los oficios artesanales” … Espero que conforme vaya desarrollando temas regresen a mi memoria los que se perdieron en el fondo de un wáter químico colocado en una parcela de la huerta murciana.

jueves, 13 de enero de 2022

113.- ESCALERAS

En la ciudad donde vivo es difícil encontrarse con algún tramo. No así en la que me vio nacer. Allí las hay por cualquier barrio. 

Mis primeros pasos se gestaron en las inmediaciones de las del Hospital de Santiago. Por ellas ascendía al colegio que me enseñó a leer y conocí a mi primer gran amigo (si, ese que de pequeño me tiró al pilón helado de la fuente de colores y ahora me prepara excelentes guisos en su casa mientras vemos perder a su equipo). Yo vivía en una casa lindera a esa escalinata cuya configuración permitía que la subida fuera más llevadera, ya que estaba dividida en tres sectores. Uno de ellos, el central, sobre el refugio construido durante la guerra, algo más ancho que los que tenía a ambos lados. De este modo se disfrutaba de, al menos, seis descansillos en los que recuperar el aliento. Los peldaños de la de mi edificio eran de madera, de esos que al pisar crujen como los camarotes de los piratas. La baranda suavizada por el desgaste del uso manual era ideal para bajar cabalgando sobre ella, aunque mis padres solo me dejaran hacerlo en el tramo final que llegaba hasta el portal. 



Pero como decía al inicio, Cuenca está repleta de escaleras que suben. A la Plaza Mayor, a los Moralejos, a los Tiradores o a la Paz. Sin embargo hay otras que bajan. A las Angustias, a las Quinientas o al polideportivo. En el primer grupo destacan las “del Gallo”. Casi siempre señalan el preludio de una jornada de alegría o diversión. Bien para disfrutar de alguna reunión de amigos, para sentir los sonidos que transmite la Semana Santa o para buscar un hueco donde tomar un botellín entre la muchedumbre que huye de la vaca enmaromada. Del segundo, recuerdo el barro que acumulaban las suelas de las zapatillas que bajaban a realizar deporte o a entretenerse viéndolo practicar por otros. No sé por qué, pero siempre las asocio a un firme mojado. Quizás húmedo por la cercanía al río, por la sombra de los pinos replantados o porque así se ha almacenado mi memoria.

En tantas ocasiones hemos tenido que disponer de ellas que, ya de chiquillos, se adquirían habilidades para bajarlas, resbalando de tal manera que no existía transición entre un escalón y otro, como si lleváramos un monopatín incorporado en la planta de los pies. De eso deben saber mucho las del instituto Alfonso VIII, tanto las interiores, como las exteriores. ¡Así tenían los cantos, redondeados de tanto roce!

Los hippies y punkies se disputaron cronológicamente parcelas de la escalinata de la Catedral, que también se afianzaron como zona de confort de los jóvenes de los setenta y los ochenta. La piedra que reviste su piso acunaba las primeras litronas que aparecieron por la ciudad. 

Pero la capital del reino tampoco es ajena a este elemento arquitectónico, aunque su mecanización facilita mucho el descanso de las piernas. Aun así recuerdo tramos eternos de bajada al metro que más bien parecía el descenso a los infiernos. Si el tiempo apremiaba, el mecanismo automático era sustituido por el muscular y, ahí, los conquenses ya contábamos con ventaja. Tanta tenemos que todavía esperamos con paciencia que nos instalen las prometidas eternamente en alguna zona del casco viejo. (Ya lo comenté hace años: http://asturislandia.blogspot.com/2013/01/escaleras-al-cielo.html)


Hace algo más de un año sufrí una caída por el hueco de las de mi casa del pueblo. La suerte o el arcángel Miguel se aliaron conmigo y afortunadamente aquí os estoy contando estas historietas. Desconozco si el vecino de otro amigo mío todavía puede escuchar el sonido del tren después del susto que le sorprendió cuando bajaba de su casa hace más de treinta años, o cogió un escalera al cielo.

martes, 16 de noviembre de 2021

112.- MAJADILLOS 2021

Por culpa de una pandemia retrasamos nuestro segundo encuentro a la edad de 55 años. Número muy relacionado con la independencia, además de la libertad y la aventura. Pues bien, al parecer esto de la numerología funciona, porque sí, hemos disfrutado de las tres formas, acaso la última no llegó a materializarse del todo, teníamos sal. Estaba escondida. 


También teníamos pan, y leña. Pollos y patatas. En realidad la comida no resultó ser un problema para nuestra supervivencia ya que nuestro “ángel de la guarda gastronómico” se encargó de la compra, el transporte y la preparación completa de los alimentos que pudimos disfrutar durante todo el fin de semana. Tan solo un colosal cocido le liberó de su participación en la cocina, porque este guiso mantuvo alerta a otro chef, nervioso por cumplir los horarios y no caer en la cama antes del tiempo acordado. 



Nuestro albergue dormía bajo un manto de estrellas impecable y quizás alguno de esos astros envolvió su entorno de arte y cultura. Inmersos en un halo divino nos visitó el espíritu de Mercury para cantarnos en una actuación memorable (eso sí, en gayumbos). ¿Cómo se puede crear poesía con tan pocas palabras si no es porque surgen de la boca de un auténtico profesional del verso? ¿Dónde se puede encontrar un éxtasis musical, si no es de madrugada, en penumbra, escuchando a Bach o Pavarotti? A lo mejor el conjuro de la amistad contribuyó a que este ambiente se fuera gestando lentamente, en esa búsqueda de delirio de sus participantes o de libertad que preconizaba el número de los dos dígitos siameses. 

La juerga, el jolgorio y la jarana aparecieron sin tener que esperarlas. Conforme los convocados bajaban del coche, pasaban a la estancia con su equipaje, cual concursante de Gran Hermano, y salían ya vestidos con el mono de la diversión. En breve comenzaban a sentir las contracciones abdominales provocadas por las carcajadas al escuchar los disparates y poemas inspirados por un acontecimiento futbolístico que sucedió hace años en Cartagena. Aquí quisiera hace un inciso sincero y no olvidar un par de menciones. La primera a Mari Luz, desconocida para todos y amante de la electricidad, y otra al concejal del municipio costero, tan falto de aseo personal. 



Aunque muchos consideren que en mi vida se esfumaron unos setenta u ochenta minutos debo confesar que no es así. Las personas pueden perder momentáneamente alguno de sus sentidos, pero no todos. Aun así agradezco las muestras de interés por parte de los allí presentes y, sobre todo, el espíritu salvaje, casi agresivo, demostrado mientras alentaban a Sansón. Ya no quedan entre la plebe tantas largas cabelleras, pero la fuerza y vitalidad se conservan. 

El tiempo, de nuevo, fue benévolo con nosotros. Hasta las cabras lo disfrutaron a nuestro alrededor. El monumento a la madera y la placa que lo preside ya pronosticaban esta reunión. Volveremos con la incorporación de quien nos ha fallado y, gracias a una magnánima decisión, con contendores para depositar nuestros residuos. 




Y qué más decir, pues que si en alguna ocasión queréis viajar con una tabla de windsurf, que sepáis que en tren no se puede. Eso lo dice un excelente trabajador y así lo corrobora su supervisor (ese que desconoce las aficiones del primero en sus ratos muertos).

miércoles, 27 de octubre de 2021

111. MI BICI

Acabo de vender mi bicicleta. Incido en el posesivo porque, aunque a en mi entorno hubiera alguna más, ésta era la única que me pertenecía. Sobre las demás han pedaleado mis hermanos, mis sobrinos, mi señora o mis hijos. La GAC de los ochenta sólo la he usado yo. Durante varios lustros ha permanecido suspendida por unas cuerdas en un cuarto para aperos esperando ser puesta de nuevo sobre el asfalto, antes de que mi hijo alcanzara la edad para que, finalmente, nunca se volviera a tocar. 


Todavía recuerdo el momento en el que acompañé a mi padre a la tienda de Ciclos García en la calle Fermín Caballero. Había aprobado la EGB y se convirtió en un premio inesperado, aunque ya la tenía vigilada desde el otro lado del escaparate en mis paseos por el barrio. Y era, como decíamos entonces ¡de carreras!

Desconozco los kilómetros que ha rodado sobre las carreteras de Cuenca, pero si sumamos la multitud de viajes hasta Chillarón, los paseos por la hoz del Huécar y las rutas camino de Villalba, habrá acumulado varios miles. No es que los trayectos fueran largos (en los ochenta todavía no existía la obsesion, o vicio, de ahora), quizás el destino más lejano al que llegó fue el Ventano del Diablo, pero la frecuencia de uso se convirtió en diaria. 

Nunca tuve aptitudes para el pedaleo, ni peso que lo facilitara, sin embargo las ganas de salir a la carretera con mis amigos eran suficientes para animarme a subirme a su sillín. Motivos no faltaban. Un baño en cualquier tramo del río Júcar, una escapada a casa de algún amigo en el entorno de Palomera, o una simple marcha antes de atardecer para ejercitar los músculos y el aparato locomotor. Incluso llegamos a madrugar para hacer la ruta por el Huécar subiendo por la Plaza Mayor antes de que acudiéramos a recibir las clases impartidas en el Alfonso VIII. 

Durante años se convirtió en el medio de desplazamiento que garantizaba mis filtreos juveniles por la parte alta de la ciudad, especialmente en los meses de verano. Las faenas familiares me requerían en la parcela o huerto que mis padres disfrutaban. Ante la alternativa de quedarme allí hasta volver a casa en coche, o pedalear hasta Cuenca antes de anochecer, opté por practicar esta última decisión. Fueron muchos, muchos kilómetros por la carretera vieja de Madrid, pasando por el puesto de Cruz Roja hasta alcanzar el cruce de Chillarón, y vuelta al final de la jornada estival. No había moto ni tampoco coche que la suplantara. Eso llegaría después. 




El Simca 1200 apareció como alternativa y en ese instante mi vieja GAC quedó colgada a la espera de volver a rodar, pero ese día nunca llegó. Recibió un par de retoques para mantenerla viva con la esperanza de que mis sucesores continuaran disfrutándola, pero ese momento nunca llegó. Las bicis actuales pesan menos, son estéticamente más bellas y funcionan mejor (o eso piensan ellos). La hubiera conservado todavía más y, aunque le tenía mucho cariño, confieso que tampoco he sufrido entregándola. 

La he tasado en algo más de lo que costó y mi comprador se la ha llevado para transformarla en un tándem para sus hijos. Espero que la disfruten tanto como lo hice yo.

viernes, 14 de mayo de 2021

110.- TONTO

Quizás se trate de la palabra que, con pocas letras, encierra todo el sentido del ser simple, falto de razón e incluso despreciable. 

Las previsiones post-pandemia intuían que “saldríamos mejores”, pero la realidad política y social nos ha demostrado que las secuelas han mostrado lo mejor del vocabulario soez. Cuando los discursos de los candidatos a conseguir el poder degeneran en una simple frase a modo de tuit, intentado que su mensaje llegue a la mayor parte de la población, significa que este grupo de personas destinatarias no se comportan como votantes, sino como ganado. Y en eso estamos, en conseguir la inmunidad de rebaño. Acompañan sus soflamas los dueños de los micrófonos. Algunos más moderados que otros, pero tampoco escatiman en recordarnos lo bordes y viles que consiguen ser nuestros representantes en los puestos de dominio público.

Presumo de no ver los programas de corazón y por tanto desconozco el repertorio de ofensas que puedan bramar sus tertulianos por esos labios engrosados con extractos de baba de caracol, aunque intuyo que su muestrario no puede ser muy extenso. Sin embargo, recuerdo momentos estelares tras las ondas de la radio de programas dirigidos por Pumares o García. ¿Quién no se acuerda de perlas del tipo correveidiles, abrazafarolas, lametraserillos, …? 
Ahora mi primo lejano (y serrano) ha recogido el testigo. Reconozco que no es sencillo practicar esta tarea con el arte que lo ejerce él. Asignar la palabra adecuada al personaje en cuestión de manera que sea lo suficientemente representativa para identificarlo y hacerlo de un modo irónico y gracioso solamente se consigue con mucha pericia.

Con más sorna que otra cosa lo hace Mota interpretando alguno de sus personajes históricos. Aunque los más conocidos sean bocachancla, mascachapas, piojoso, artosopas, o zumallo, mis favoritos son morropato y cierrabares. El muestrario que utiliza es amplio, aunque no sé si tan extenso e “histórico” como el que usaba un conocido profesor impartiendo esa asignatura en el instituto: batusis, cafres, bereberes, apaches, cosacos, bárbaros, ogros, selenios, tártaros, hotentontes, pies negros, makires, basiliscos, pichilingues, filibusteros, pinchaúvas, draconianos, prusianos…”. Quién sabe si desconocía que él mismo había contribuido a la elección del mote por el que le conocieron durante décadas. Me he permitido la licencia de buscar el significado de “makir” y debo corregir a nuestro querido profesor ya que, posiblemente, el vocablo correcto sería “makirita". 




 “El hombre no suele emplear términos medios cuando de enjuiciar las cosas que le atañen directamente se trata”, escribe Pancracio Celdrán en “El gran libro de los insultos”. Y qué cierto es. Por eso, y volviendo a la palabra que encabeza el título de esta entrada, debo confesar lo satisfecho que se queda uno cuando, vo-ca-li-zan-do, se le lanza de sopetón a la cara del conductor estúpido, orgulloso de saltarse las normas, de hacer ruido y molestar, mientras te mira a través de la ventanilla de su coche a la vez que esperas que el semáforo cambie de color.

miércoles, 24 de marzo de 2021

109.- UN AÑO DE PANDEMIA FICCIÓN.

Hastiado de la situación actual volvía a casa apremiado por la hora del toque de queda marcada por las autoridades sanitarias. En mi trayecto crucé caminando el amplio y solitario aparcamiento de un hipermercado cuando súbitamente escuché por la megafonía exterior: “les recordamos que por su seguridad y la de todos…….”. De repente me vi paralizado, vestido con un uniforme de trabajo de color azul gastado, como Winston Smith mientras escuchaba los mensajes de su GH. “Y pensó en la telepantalla, que nunca dormía, que nunca se distraía ni dejaba de oír (…)”. Volví a sentir la misma sensación de flaqueza que nos inundó un año atrás, al mismo tiempo que recordaba escenas de películas, pasajes de novelas, o capítulos de series de TV en las que este mundo ya estaba representado.

Continuando con 1984, “constituía un terrible peligro pensar mientras se estaba en un sitio público o al alcance de la telepantalla. El detalle más pequeño podía traicionarle a uno. Un tic nervioso, una inconsciente mirada de inquietud, la costumbre de hablar con uno mismo entre dientes, todo lo que revelase la necesidad de ocultar algo”. Con esta amenaza mantenían la distancia los clientes en la cola de pago del supermercado. Como autómatas, cabizbajos y ausentes, esperaban su turno respetando las normas impuestas. Fueron los primeros síntomas del hundimiento social al que estaba llegando la población tras las numerosas semanas que se mantuvo confinada. Luego, en casa, se repetía el ritual de lavados integrales, desinfección de ropas, esterilización de paquetes, incluso de comidas. La guerra contra lo dañino había comenzado y todavía no ha finalizado. 

Los órganos competentes encargados de combatir este virus solicitaron la colaboración de algunos grupos de compañeros de trabajo. Casi sin preparación ni formación se lanzaron a las calles como las antiguas cruzadas a los campos de batalla. Cubiertos con equipos de protección improvisados y con mochilas de pulverización a sus espaldas fumigaron durante días el mobiliario público, las fachadas y dependencias más vulnerables. Hacía poco que había terminado de ver la serie Chernóbil. Una imagen me vino a la mente. 




Otra estrategia adoptada por los expertos para su diagnóstico convergía en la necesidad de conocer, con suficiente antelación, qué personas estaban afectadas por la enfermedad. El método utilizado, en plena era digital, para extraernos una muestra de mucosa consistía en introducir un bastoncillo por el orificio nasal (como si quisieran implantarnos recuerdos). Schwarzenegger en Desafío Total buscaba el suyo: “acabo de pensar algo terrible, y ¿si es un sueño?”. “Pues bésame antes de que despiertes”, le contestaba la chica de sus sueños. 





Varias escenas basadas en metodologías futuristas empleaban máquinas de reconocimientos faciales, de lectura de retinas o de huellas digitales, fueron imitadas en las puertas de los centros oficiales, comercios y oficinas. El empleado encargado, con termómetro de infrarrojos en mano, certificaba que la persona a la que medía la temperatura corporal entraba a sus dependencias con la garantía de salud suficiente para no contagiar a los demás. Así que, dentro de mis rituales laborales, he descubierto que mi temperatura media anda por los 35ºC, llegando a registrar menos de 34ºC en algunas ocasiones. 

A falta de contacto físico, los amigos y familiares tuvieron que emplear sus dispositivos móviles para conectarse. Entablar una conversación, incluso mediante una videollamada en grupo, sirvió para mejorar el estado de ánimo y comprobar la salud de los seres queridos, pero también para criticar y mofarse de las autoridades, de los políticos y de los mandamases, ajenos a que el GH ya acechaba y contralaba las redes sociales. Por supuesto, aplicaron la censura digital. Los envíos masivos tuvieron que limitarse y algunos mensajes fueron eliminados de la opinión pública. Orwell volvía a emerger: “sólo la Policía del Pensamiento leería lo que él hubiera escrito antes de hacer que esas líneas desaparecieran incluso de la memoria. ¿Cómo iba usted a apelar a la posteridad cuando ni una sola huella suya, ni siquiera una palabra garrapateada en un papel iba a sobrevivir físicamente”. 

Poco después, casi sin darnos cuenta, comenzamos a inundar las calles, los bares y comercios, sin percatarnos de que dos gomillas sujetas a nuestras orejas impedían contemplar nuestros rostros y, sobre todo, de que disfrutáramos de las sonrisas tan necesitadas de ver y compartir. La psicosis latente entre los personajes de los 12 Monos empapó la sociedad. La mascarilla pasó a convertirse en una prenda imprescindible. Ya no sólo por ser obligatoria, sino porque nos protegía de lo desconocido. Garantizaba salud a la vez que futuro. La ignorancia del usuario novato ofrecía distintas versiones, diversos modelos, diferentes materiales. La protección o la estética. Dos series míticas me vinieron a la memoria. Mi favorita y Lost. 



Necesito salir de mi ciudad de adopción y los gobernantes no me dejan. En la película “La Isla” los protagonistas vivían controlados en una colonia, supuestamente por su propio bien, con la única opción de ser elegidos por sorteo para que consiguieran marchar a su paraíso.  No pienso esperar lo que dictamine el azar, la necesidad me obliga a que en mi equipaje incluya un salvoconducto que me proporcione el beneplácito del agente al mando en el control de carretera. Desgraciadamente, sólo secuencias de películas bélicas me traen recuerdos similares. Sujetos exiliados, huidos o convictos. No considero que me encuentre entre ninguna de estas opciones, pero la normativa me lo hace parecer. No estoy de acuerdo, estoy que trino. La huida urge. 

Sólo falta otro “Aló Presidente” en TV. Prefiero ver como pierde el Madrid. 
“Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado”.

domingo, 14 de marzo de 2021

108.- PASAPALABROS

Os invito a participar en este juego donde podréis comprobar el grado de participación en vivencias comunes y vuestro conocimiento del entorno que nos acompañó durante el periodo de años en el que cambiamos de siglo. 




A. Muchacho que nos dejaba tocarle las tetas … a sus vacas.
B. Propietario del loro que chillaba mientras asaltábamos el jamón de su cocina.
C. Lugar donde Aldo participó en una memorable gallinita ciega. 
D. Bar de nombre cervantino con largas partidas de cubilete (entre las que destaca una mano histórica de resolis el día de navidad de 1987). 
E. Moza también llamada “dientes de sable”. 
F.  Primera palabra que os venga a la mente con la letra "efe". 
G. Onomatopeya pronunciada por un extraterrestre flotando en el Escabas.
H. Acción muy usada por el Skipy consistente en emitir palabras. 
I.  País de origen del músico al que fuimos a ver en Metro mientras jugábamos a despistar al Soso. 
J.  Pinchadiscos bajito, simpático y semanasantero. 
K. Animal que imitaba un amigo subiéndose a los árboles en La Frontera. 
L. Comercio conquense que nos proveía de los troncos de nata. 
M. Personaje que amenazó a Valentín con quemarle la tienda “otra vez”. 
N. Ocasiones en las que las chicas han organizado una comida. 
O. Número asignado al ganador del concurso de gachas del 2009. 
P. Válido tanto para nombrar al humorista de bajo nivel o para ir a tomar los botellines más fríos. 
Q. Contiene la Q, apellido de “El Truja”. 
R. Local conquense que compitió a nivel nacional como superventas de litronas.
S. Apodo utilizado para nombrar a un grupo de mozas que frecuentaban el Vaya. 
T. Equipo de futbol sala patrocinado por el Bar Zaida. 
U.Ave conocida por su característico canto en época nupcial imitado formidablemente por cierto conquense en estado de excitación.
V. Famoso tema de los Boney M versionado por el mismo cantante de "Anturce".
W.Zona del bar donde los mozalbetes usaban sus artimañas para espiar al sexo opuesto.
X. Contiene la X, medio de transporte utilizado por los “troner” al perder el autobús en la despedida de soltero del Potasio. 
Y. Contiene la Y, amor platónico del ET a la que cortejaba en clase con su “peto”. 
Z. Bellas hermanas objeto de destino de nuestros cánticos en el mes de mayo.



ANULADAS por desconocimiento, confusión y despropósito del autor del blog:
  • U. Apellido de portero de fútbol conquense conocido por su miembro viril.
  • W.Garito donde, en la noche vieja de 1989, le regalaron a Javi unas bragas. 

Debido a la reclamación de un jugador, la letra Z está en proceso de revisión en la sala VAR.