miércoles, 17 de julio de 2013

25.- SANTIAGO

Vivo rodeado de ellos, y todos muy queridos.
Incluso de pequeño había gente que me llamaba así por ser hijo de mi padre, y ahora hacen lo mismo por ser padre de mi hijo.

Quien haya sacrificado unos días de vacaciones para saborear lo que es el Camino de Santiago podrán disfrutar más de lo que os estoy contando.

Caminar durante días por los senderos que llevan hasta la Catedral de Santiago es una experiencia que queda para siempre. Cualquiera que sea el motivo por el que se realice. No existen pegas ni excusas. Cada metro y cada instante depara una sensación distinta, ya sea religiosa, personal, mística, sentimental o placentera. Incluso gastronómicamente es incomparable (por cierto ¡vaya mariscada nos metimos en La Coruña!)

Durante más de 100 km tuve la oportunidad de compartir estos momentos con algunos de mis mejores amigos, y cada vez que veo fotos o recuerdos de esos días, brotan nuevas ganas de volver a terminar otro tramo.



Recién recuperado de mi múltiple fractura del píe tuve la suerte de visitar los tejados de la Catedral y de asistir a una misa desde el mismo centro del altar mayor, sentado a escasos metros del botafumeiro, sintiendo en mi rostro la corriente de aire que movía cuando ascendía.



Todavía estamos a tiempo de ir periódicamente a desgastar las piedras de Castilla, Asturias o Galicia. No debemos dejarlo pasar. La concha del peregrino colocada en la Puerta de Valencia os lo debe recordar cuando paseís por ahí.


1 comentario:

Campichuelis dijo...

el camino del Cantábrico puede ser una buena opcion