Los días de vaca son de los que se esperan a lo largo del año.
Por desgracia en los últimos años no siempre he podido
disfrutarlos, pero vale la pena escaparse y pasar una jornada con los amigotes
por la Plaza Mayor.
Es curioso que los estemos celebrando en grupo (más o menos
numeroso) durante más de 30 años y nunca nos hayamos lanzado a formalizar una
peña. Ni falta que nos hace. Vestimos como queremos (algunos incluso
desempolvaban las zapatillas de deporte para tan magna ocasión), nos movemos
por donde nos place (aunque durante muchos años nos hiciéramos fuertes en el
rincón de la Ronda del Huécar, tras duras disputas con los GBO y otros
invasores), bebemos y comemos lo que nos apetece (llegando a ganar el concurso
de gachas de mano de nuestro espigado cocinero).
ANOS 80
De nuevo, ritual para preparar las tardes mateas. Compra en la
bodega Ludeña para refrescar las juveniles gargantas ávidas de fiesta. Diversas
pruebas con vino tinto, blanco, coñac, vermout, canela (pa´ animar a las
chicas) para fabricar la zurra más gustosa y fresca, y si se presta (y
los camioneros nos dejan) acompañarla de fruta variada. Lástima que gran
porcentaje terminara pegada a nuestras camisetas.
AÑOS 90
Se concreta el paso atrás iniciado por el sector femenino a las
primeras actividades de la tarde. Los varones, lejos de quedarse en casa,
quedan a comer, ya sea en el patio del Martillo,
en casa de Coronardi o en restaurantes y bares concertados. Unos cacharros
jugando al ladrillo frente a la puerta de la Tinaja y posterior destino “a
Escalón”, donde dar rienda suelta a nuestra imaginación. Nuestro recuerdo a
todos los personajes (mellados o no) que nos acompañaban mientras caían los
botellines servidos por el incansable Tomásssh. Ahí afloraban los cánticos
populares, las faenas toreras del Chori, las batallas de agua (por lo menos) y
el paseo de la vaca al último rincón del mostrador.
SIGLO XXI
La edad y los compromisos laborales y familiares no perdonan. Las
bajas son comunes entre el grupo, pero aparecen elementos nuevos: los niños,
las barbacoas y los mojitos. Acompañados de la familia, el resto de miembros
infantiles se van incorporando a los actos gastronómicos, incluso con
privilegios municipales que les permiten ver las carreras de las vacas desde el
mismísimo balcón del Ayuntamiento.
Eso es la Vaca. Fiesta en la calle, comida, bebida, besos y
abrazos, escaleras, música y morcillas. ¡Viva San Mateo!
Pdta: imagino que han advertido la presencia del ejemplar
marsupial junto a su familia en la parte izquierda de la primera foto.
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