viernes, 31 de enero de 2014

45.- ¡BIENVENDIOS AL PATIO DEL RECREO!

Una canica es una esfera de vidrio o metal con la que intentas golpear la del adversario con el afán de divertirte y, con suerte y puntería, birlarle otra.
La mía era azul (ahora sería "azul cobalto"). Precisa, certera y marcada por las huellas de las batallas del patio de la Aneja. Todavía la conservo, guardada en un bote de aquellos en los que se transportaban los carretes de fotos.
Junto a ella, mi canica metálica poderosa como Thor. Capaz de sacar, de un sólo lanzamiento, a media docena del cuadrado marcado sobre la arena del mismo patio.
Y para completar el trío de estrellas, mi chapa de cerveza El Águila. Pulida como el mismísimo mármol del Vaticano y casi con tantos kilómetros recorridos como la  bici de Lejarreta (el ídolo del Pepi). Idónea para trazar las vertiginosas curvas diseñadas de los efímeros circuitos fabricados con nuestras simples manos y adelantar en las rectas a las más ágiles diseñadas por Martini Cinzano.



¡Cuantas horas de rodillas y en cuclillas disfrutando en eternas competiciones vespertinas!
 Apostaría alguna merienda a que, a día de hoy, si formamos equipos para rivalizar contra nuestros hijos, les ganamos la mayoría de partidas (si no nos arrea un lumbago).

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