Ayer murió Vito, el perro que más me ha querido. Su nombre completo, Vitorino, le venía por su morrillo rizado color castaño similar al de los toros, aunque sus rizos se le extendían por todo el cuerpo. Cuando era cachorro, su dueño y amigo mío, me lo dejó criar un periodo de verano y durante sus 15 años de vida me acarició con su cabeza cada vez que me veía.
Nunca tuve tanto aprecio por un perro como con él, aunque ahora también quiero recordar a otros que compartieron momentos con nosotros.
He buscado entre mis álbumes fotográficos intentando encontrar imágenes de algunos de ellos, pero ninguna tiene la calidad para apreciarlos en todo su esplendor. Ruego a sus dueños que, si pierden un poquito de tiempo, puedan enviarme alguna.
Jamás escribí su nombre, por eso, no se si ahora lo haré correctamente. Jony, Yoni o incluso Jhoni. Aquel cruce de pastor alemán al que su dueño le ponía un collar de pinchos para iniciar las cacerías de gatos en las inmediaciones del Huecar. De vez en cuando, se enzarzaba en violentas peleas con otros de su especie, mientras Papá Oso se jugaba la mano intentando quitarle ese elemento defensor.
Luego apareció Imir. Imponente, altivo y fuerte. Sus cabalgadas por el Parque del Carrero eran dignas del mejor de los caballos. Compañero de acampadas, siempre tenía el honor de dejarte sus abundantes babas pegadas a los pantalones. Entre sus descendientes, a los que ya perdí la pista, también recuerdo a Nadir y a Yola. Negra como el carbón aunque no tan juguetona como su compañero Humphry, picarón y mujeriego (incluso con algunas chicas).
Una figura entre el colectivo canino, era Zacarías, El Zaca. Listo y vivaz. Obediente y fiel. Capaz de montar en vespa y de bucear. Su mirada era pura picardía.
Quiero también mencionar a las generaciones actuales, aunque mi contacto con ellos no es tan intenso. Un último vídeo enviado digitalmente nos ha permitido conocer a Neki y a la nueva Yola. El Tyson derrocha potencia en sus encuentros y Rocky demuestra paciencia esperando su ración de jamón en las noches de verano.
Otros llegarán para hacernos compañía. Ya los iremos conociendo.
martes, 17 de febrero de 2015
viernes, 6 de febrero de 2015
63.- NIEVE ANTES DE MARZO, ORO BLANCO
Puede que la nevada del otro día se considere como la tercera más importante de los años cuyas últimas dos cifras sean números primos. O no. Los meteorólogos (o los periodistas) están empeñados en demostrar nuestra falta de memoria, cuestión que desde este momento voy a intentar rebatir con hechos históricos.
Dejaremos episodios como los del Pozarrón, El Cerviñuelo, algún Jueves Lardero, El Rally-Raid por el Estrecho del infierno (cuando comprobamos los impagos de las facturas del gas de Belcebú) y otras más que merecerán capítulos propios.
Recuerdo a finales de enero de 1986 cuando un estudiante en huelga se rapó, o mejor dicho, le raparon la cabeza, tras depositar su confianza ciega en unos amigos que se lo pasaron en grande en plena maniobra esquiladora. Su posterior aparición en Cuenca resultó de lo más gélida, realizando un viaje familiar a Tragacete entre cunetas rebosantes de nieve. Testimonio gráfico de aquellos momentos pueden constatarlo.
Comenzando el siglo XXI, el entierro de un familiar cercano se convirtió, debido a la nieve y el frío, en una película digna de ser dirigida al alimón entre Berlanga y los hermanos Coen. Y en diciembre del 2001, mi hijo tuvo que ser bautizado en casa por la imposibilidad de acercarnos a la iglesia debido a las terroríficas temperaturas ambientales que helaron la nieve de las aceras.
En fin, que no hay que irse al siglo pasado a comprobar que el cambio climático está al acecho. Según medios de comunicación digitales, en febrero de 2009 “Cuenca registra una nevada histórica: la más copiosa de los últimos veinticinco años.” (...ya empezamos a contar años...):
( http://www.20minutos.es/noticia/587401/0/cuenca/nevada/historica/#xtor=AD-15&xts=467263).
Y en 2013: En Cuenca capital cuajó la nieve y se tuvo que restringir el tráfico en varias zonas del casco histórico y, por precaución, se adelantó el retorno de 63 rutas escolares de la provincia, con un total de 1.666 alumnos afectados (http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/21/espana/1358786535.html).
No tenemos registros de la época de Leonor de Aquitania o de Fray Luis de León, pero una web que recoge datos desde los años 70 presenta este gráfico tan aclarativo.
Nosotros matábamos ese frío sin gore-tex ni ropa térmica. La humedad de la nieve se combatía con chirucas y botas camperas, mientras que las "modernas" coreanas de color azul y pelete en la capucha nos resguardaban de los vientos del norte.
A veces mi padre iba al colegio montado en un caballo. Siempre me recuerda que en invierno tenía dificultades para avanzar sobre la nieve. “Ya no nieva como antes” repite año tras año.
Cuelgo una foto recibida en el móvil captada estos días cerca de Masegosa y me imagino lo que me cuenta.
Dejaremos episodios como los del Pozarrón, El Cerviñuelo, algún Jueves Lardero, El Rally-Raid por el Estrecho del infierno (cuando comprobamos los impagos de las facturas del gas de Belcebú) y otras más que merecerán capítulos propios.
Recuerdo a finales de enero de 1986 cuando un estudiante en huelga se rapó, o mejor dicho, le raparon la cabeza, tras depositar su confianza ciega en unos amigos que se lo pasaron en grande en plena maniobra esquiladora. Su posterior aparición en Cuenca resultó de lo más gélida, realizando un viaje familiar a Tragacete entre cunetas rebosantes de nieve. Testimonio gráfico de aquellos momentos pueden constatarlo.
Comenzando el siglo XXI, el entierro de un familiar cercano se convirtió, debido a la nieve y el frío, en una película digna de ser dirigida al alimón entre Berlanga y los hermanos Coen. Y en diciembre del 2001, mi hijo tuvo que ser bautizado en casa por la imposibilidad de acercarnos a la iglesia debido a las terroríficas temperaturas ambientales que helaron la nieve de las aceras.
En fin, que no hay que irse al siglo pasado a comprobar que el cambio climático está al acecho. Según medios de comunicación digitales, en febrero de 2009 “Cuenca registra una nevada histórica: la más copiosa de los últimos veinticinco años.” (...ya empezamos a contar años...):
( http://www.20minutos.es/noticia/587401/0/cuenca/nevada/historica/#xtor=AD-15&xts=467263).
Y en 2013: En Cuenca capital cuajó la nieve y se tuvo que restringir el tráfico en varias zonas del casco histórico y, por precaución, se adelantó el retorno de 63 rutas escolares de la provincia, con un total de 1.666 alumnos afectados (http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/21/espana/1358786535.html).
No tenemos registros de la época de Leonor de Aquitania o de Fray Luis de León, pero una web que recoge datos desde los años 70 presenta este gráfico tan aclarativo.
Nosotros matábamos ese frío sin gore-tex ni ropa térmica. La humedad de la nieve se combatía con chirucas y botas camperas, mientras que las "modernas" coreanas de color azul y pelete en la capucha nos resguardaban de los vientos del norte.
A veces mi padre iba al colegio montado en un caballo. Siempre me recuerda que en invierno tenía dificultades para avanzar sobre la nieve. “Ya no nieva como antes” repite año tras año.
Cuelgo una foto recibida en el móvil captada estos días cerca de Masegosa y me imagino lo que me cuenta.
viernes, 16 de enero de 2015
62.- DELITOS PRESCRITOS
Corrupción, prevaricación, cohecho….conceptos habituales en los noticieros diarios. Una especialización al por mayor de lo que siempre se ha llamado ROBAR. Verbo, y a la vez pecado, que todo el mundo ha cometido en algún momento de su vida. Unos lo tendrán que declarar o negar ante el de la toga, mientras otros lo confesábamos, a veces, tras una pequeña celosía de madera.
El azúcar, como primer vicio del niño, se convirtió en el causante de los hurtos iniciales. Petacas de crema, rollos de nata, palmeras y todo tipo de repostería era sustraída de los expositores conquenses. Pequeñas pandillas de chavales que los viernes por la tarde comenzaban a gastar su tiempo libre por la calles de la ciudad.
Las hormonas de la juventud sustituyeron la avidez azucarada por las desconocidas curvas impresas. Voluptuosas mujeres que exponían sus encantos ante fotógrafos que veían truncado su trabajo por la alargada tira negra del editor. El Lib, Private, o Climax sirvieron de enciclopedias eróticas antes de realizar las prácticas. Revistas que colgaban suspendidas de unas cuerdas hasta que eran sustraídas, aun a consta de que su raptor se tumbara en plena acera del centro de la capital.
El callejeo de los viernes derivó en la búsqueda y captura de inconscientes camiones de bebida que se paraban en los semáforos. Las botellas de Coca-Cola misteriosamente volaban de sus cajas cuando el transportista soltaba el freno. Incluso la fruta para las zurras eran objetivo y blanco de nuestras andanzas.
Y pasada la pubertad, el cuerpo pide fiesta. Unas cervezas para acompañarla no vienen mal, sobre todo si un camión aparcado junto al parque del Carrero las ofrece gratis. ¡Hasta calientes estaban buenas!
En fin, raterillos de poca monta, que sobre todo no perjudicaban a nadie. Ladronzuelos que ponían en juego su honor expuestos a ser sorprendidos por los afectados y que en ocasiones finalizaban de sonrojante manera.
El azúcar, como primer vicio del niño, se convirtió en el causante de los hurtos iniciales. Petacas de crema, rollos de nata, palmeras y todo tipo de repostería era sustraída de los expositores conquenses. Pequeñas pandillas de chavales que los viernes por la tarde comenzaban a gastar su tiempo libre por la calles de la ciudad.
Las hormonas de la juventud sustituyeron la avidez azucarada por las desconocidas curvas impresas. Voluptuosas mujeres que exponían sus encantos ante fotógrafos que veían truncado su trabajo por la alargada tira negra del editor. El Lib, Private, o Climax sirvieron de enciclopedias eróticas antes de realizar las prácticas. Revistas que colgaban suspendidas de unas cuerdas hasta que eran sustraídas, aun a consta de que su raptor se tumbara en plena acera del centro de la capital.
El callejeo de los viernes derivó en la búsqueda y captura de inconscientes camiones de bebida que se paraban en los semáforos. Las botellas de Coca-Cola misteriosamente volaban de sus cajas cuando el transportista soltaba el freno. Incluso la fruta para las zurras eran objetivo y blanco de nuestras andanzas.
Y pasada la pubertad, el cuerpo pide fiesta. Unas cervezas para acompañarla no vienen mal, sobre todo si un camión aparcado junto al parque del Carrero las ofrece gratis. ¡Hasta calientes estaban buenas!
En fin, raterillos de poca monta, que sobre todo no perjudicaban a nadie. Ladronzuelos que ponían en juego su honor expuestos a ser sorprendidos por los afectados y que en ocasiones finalizaban de sonrojante manera.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
61.- NOS DIERON LAS UVAS
Nos dieron la una. Y las dos. Y las tres. Las cuatro, las cinco y las seis….
En distintos lugares, pero con la misma ilusión: disfrutar durante toda la noche. Sin promesas ni deseos de cara al futuro. Diez o doce horas a todo tren. Sin freno de mano.
Desde el pequeño y modesto guateque de la cochera del Potasio hasta los últimos (y casi olvidados) cotillones organizados con premios incluidos.
Miradas peligrosas escaneando las ceñidas curvas de negros vestidos recibían aquellas jóvenes deseosas de lucir sus tacones. Mientras nosotros, ahogados por noveles corbatas, asaltábamos la barra. La del Wacus, del Bataplán, del Vaya Vaya, de Los Elefantes, …
Previa a la experiencia del sistema “alquiler de bar”, demostramos nuestra capacidad de organización, destrozo y limpieza de viviendas (ahora pasto de Podemos) que gentilmente (o inconscientemente) eran cedidas por sus dueños.
Agradecimientos a Olga, a MCR y, sobre todo, a Aldo. Nocturnas andanzas las que disfrutamos entre las paredes del vetusto edificio que vigilaba la gasolinera. Por eso recupero la foto que ya recogí en su momento. Merecido recuerdo.
Pero si hay una Noche Vieja de las que ahora llamarían “top” es esa en la que todos pensamos. Aquella fiesta por la que pasaron gran parte de los conquenses que salieron esa noche. Un balcón que no se precipitó al vacío porque no se construyó en el siglo XXI y porque muchos de sus usuarios flotaban bajo las gélidas estrellas. Música, baile, carreras y juegos de escondite. Desenfreno o inmoralidad. Vicio y exaltación de la amistad. Esperado descanso para los vecinos en la mañana del nuevo año. Y cara de cartón en la tarde del día siguiente cuando vimos aparecer por la puerta a su sorprendido dueño. “Marcharos” dijo débilmente mientras los demás lo mirábamos con escoba y fregona en mano sobre aquel pegajoso suelo. ¡Qué demostración de resignación fraternal! Nunca llegamos a recompensarselo.
El efecto 2000 nos trajo otras formas de pasas las nocheviejas. Más familiares, rodeadas de biberones y espectáculos televisivos. Pronto nuestros hijos cogerán el relevo y podremos revivir aquellas jaranas.
Por lo pronto el 2014 se nos va como vino, pasando la hoja de un calendario.
Miradas peligrosas escaneando las ceñidas curvas de negros vestidos recibían aquellas jóvenes deseosas de lucir sus tacones. Mientras nosotros, ahogados por noveles corbatas, asaltábamos la barra. La del Wacus, del Bataplán, del Vaya Vaya, de Los Elefantes, …
Previa a la experiencia del sistema “alquiler de bar”, demostramos nuestra capacidad de organización, destrozo y limpieza de viviendas (ahora pasto de Podemos) que gentilmente (o inconscientemente) eran cedidas por sus dueños.
Agradecimientos a Olga, a MCR y, sobre todo, a Aldo. Nocturnas andanzas las que disfrutamos entre las paredes del vetusto edificio que vigilaba la gasolinera. Por eso recupero la foto que ya recogí en su momento. Merecido recuerdo.
Pero si hay una Noche Vieja de las que ahora llamarían “top” es esa en la que todos pensamos. Aquella fiesta por la que pasaron gran parte de los conquenses que salieron esa noche. Un balcón que no se precipitó al vacío porque no se construyó en el siglo XXI y porque muchos de sus usuarios flotaban bajo las gélidas estrellas. Música, baile, carreras y juegos de escondite. Desenfreno o inmoralidad. Vicio y exaltación de la amistad. Esperado descanso para los vecinos en la mañana del nuevo año. Y cara de cartón en la tarde del día siguiente cuando vimos aparecer por la puerta a su sorprendido dueño. “Marcharos” dijo débilmente mientras los demás lo mirábamos con escoba y fregona en mano sobre aquel pegajoso suelo. ¡Qué demostración de resignación fraternal! Nunca llegamos a recompensarselo.
El efecto 2000 nos trajo otras formas de pasas las nocheviejas. Más familiares, rodeadas de biberones y espectáculos televisivos. Pronto nuestros hijos cogerán el relevo y podremos revivir aquellas jaranas.
Por lo pronto el 2014 se nos va como vino, pasando la hoja de un calendario.
lunes, 17 de noviembre de 2014
60.- RONDA
Vía de obligado tránsito para turistas que quieren observar las excelencias que proporcionan cualquiera de sus balcones o miradores. Sin embargo para los indígenas de los años 80 era un refugio, un hogar, acaso un santuario.
Julián Romero, capitán de los Tercios de Flandes. Sus paisanos casi heredamos el título, no de tercios, pero sí de litronas. Alternadas con las mezclas, muy frías en invierno y algo menos en verano. Mientras ahora las corporaciones municipales pelean contra el botellón, entre estas piedras se gestó esta práctica, bien desarrollada por supuesto.
Pero lo que para algunos es un mero espacio con privilegio para contemplar el Parador, el Puente San Pablo o el Cerro Socorro, para nosotros se trataba del rincón donde cantábamos alrededor de la zurra, en el que mojábamos las camisetas lanzando vasos de agua (a ser posible de las chicas), por el que huíamos de familiares redadas, e incluso donde Jose Luis nos cantaba "El Velero" el día en el que celebrábamos que uno de nuestros primeros quintos se iba a la mili. Sí ,el mismo al que lanzábamos abajo por la higuera próxima a la esquina del tunel.
Julián Romero, capitán de los Tercios de Flandes. Sus paisanos casi heredamos el título, no de tercios, pero sí de litronas. Alternadas con las mezclas, muy frías en invierno y algo menos en verano. Mientras ahora las corporaciones municipales pelean contra el botellón, entre estas piedras se gestó esta práctica, bien desarrollada por supuesto.
Pero lo que para algunos es un mero espacio con privilegio para contemplar el Parador, el Puente San Pablo o el Cerro Socorro, para nosotros se trataba del rincón donde cantábamos alrededor de la zurra, en el que mojábamos las camisetas lanzando vasos de agua (a ser posible de las chicas), por el que huíamos de familiares redadas, e incluso donde Jose Luis nos cantaba "El Velero" el día en el que celebrábamos que uno de nuestros primeros quintos se iba a la mili. Sí ,el mismo al que lanzábamos abajo por la higuera próxima a la esquina del tunel.
viernes, 31 de octubre de 2014
59- LA CALLE
Este magnífico dibujo “robado” de las perversas redes sociales me ha recordado miles de anécdotas en los locales que comenzaron a agruparse en esta abandonada calle con el objetivo de plantarle cara a la zona alta.
Uno de ellos tuvo la fortuna de llamar a su pub de tal manera que, 25 años después, a la que los mapas nombran como Dr Galindez, le siguen conociendo como La Calle. Un esquinazo decorado con farolas, ventanas, tiestos y música española. A su espalda, y por mimetismo, otro señalizado con pasos de cebra y mismo ambiente juvenil, el Peatonal. Eran tiempos donde la movida madrileña había traspasado fronteras. La música de Radio F., Derribos A., Gabinete C., Siniestro T., Nacha P.…. llegaba desplazado a otra con letras cantadas en inglés. El éxtasis nocturno y la novedad desenfrenaban a los conquenses.
Puede que el pionero fuera el Otemilla. Modesto patio que permitía a sus clientes jugar al cubilete (sin cubilete ni dados) tras tirar la mesa y los vasos, o pasarse horas cantando ¡Viva Perico Delgado!
Y para paciencia, los guardias jurado que intentaban echarnos del Negresco, sin conseguirlo, mientras cantábamos “juntos como hermanos”. Alli, Julianín se encargaba de ponernos a mil con música bailable, roquera o española. A petición.Y serrín, mucho serrín.
Otros los sucederían: el Bus, La Fontanería, (vaya memoria tengo, ayudadme) …. y ahora, desconozco como se llaman el resto de garitos en los que nuestros sucesores pasan las noches tomando cubatas y bailando esta espantosa música del siglo XXI.
Siempre nos quedará e “El Aris”, que nos acoge, y en cierto modo nos hace rememorar aquellos años, aunque de un modo menos alocado. ¿O no?
Uno de ellos tuvo la fortuna de llamar a su pub de tal manera que, 25 años después, a la que los mapas nombran como Dr Galindez, le siguen conociendo como La Calle. Un esquinazo decorado con farolas, ventanas, tiestos y música española. A su espalda, y por mimetismo, otro señalizado con pasos de cebra y mismo ambiente juvenil, el Peatonal. Eran tiempos donde la movida madrileña había traspasado fronteras. La música de Radio F., Derribos A., Gabinete C., Siniestro T., Nacha P.…. llegaba desplazado a otra con letras cantadas en inglés. El éxtasis nocturno y la novedad desenfrenaban a los conquenses.
Puede que el pionero fuera el Otemilla. Modesto patio que permitía a sus clientes jugar al cubilete (sin cubilete ni dados) tras tirar la mesa y los vasos, o pasarse horas cantando ¡Viva Perico Delgado!
Y para paciencia, los guardias jurado que intentaban echarnos del Negresco, sin conseguirlo, mientras cantábamos “juntos como hermanos”. Alli, Julianín se encargaba de ponernos a mil con música bailable, roquera o española. A petición.Y serrín, mucho serrín.
Otros los sucederían: el Bus, La Fontanería, (vaya memoria tengo, ayudadme) …. y ahora, desconozco como se llaman el resto de garitos en los que nuestros sucesores pasan las noches tomando cubatas y bailando esta espantosa música del siglo XXI.
Siempre nos quedará e “El Aris”, que nos acoge, y en cierto modo nos hace rememorar aquellos años, aunque de un modo menos alocado. ¿O no?
martes, 14 de octubre de 2014
58.- RUGBY
Hace poco ví una carta escrita en contestación a las declaraciones de un famoso futbolista portugués. Leyéndola recordé con nostalgia mis tiempos de rugby. Mucho más de lo que me transmite hoy en día un partido entre cualquiera de las potentes selecciones del hemisferio sur. Aparecen valores extrañamente vacíos en otras especialidades deportivas y, al que tiene la suerte de participar, le genera gran satisfacción.
En casa de un familiar, junto algunos amigos, escondidos de lo conocido, disfrutamos tomando unas cervezas mientras en la tele emitían un partido del 5 Naciones en el que Doch (o Docht, o Dotge), aguantó el partido con un ojo más hinchado que el de un rival de Tyson. “Doch el del Ojo”. Ese pudo ser el inicio de todo.
Fue a finales de los ochenta cuando un granadino, retirado de la práctica del balón amelonado por cuestiones físicas, tuvo la valentía de organizar, entrenar y dirigir un equipo de chavales estudiantes amantes de cualquier deporte y con ganas de pasarlo bien. Y ahí que el Colegio del Sta María de Europa se lanza a participar en las competiciones universitarias de la época. Siempre le agradeceré a Miguel Angel que por aquella iniciativa me inoculara el virus del rugby. Gracias Astuto.
El salto territorial en la carrera universitaria me lleva hasta suelo manchego, donde en la EUPA se está engendrando un equipo que rivalice con el resto de capitales del entorno. Campo de tierra y guijarro, entrenamientos nocturnos bajo cero, escasos medios económicos, pero muchas ganas y voluntad. El número de partidos de mi anterior etapa madrileña me lleva hasta la capitanía del equipo y después la satisfacción de conseguir ganar el torneo autonómico y disputar la fase final en Madrid.
Ya en la capital del reino, con nuestras limitaciones organizativas, nos presentamos en el campo de juego frente a la Politécnica de Barcelona. Escasos diez minutos de gloria que transcurrieron desde el sorteo entre capitanes hasta que un mal placaje me lleva a urgencias del hospital con una clavícula rota. Un banderín entregado en el sorteo de campo guardo de infausto recuerdo.
Meses después, abandoné la práctica por completo. Lo echo mucho de menos. La rivalidad, el compañerismo y los terceros tiempos, donde la exaltación de la amistad y cantos regionales no eran tan solo un paso más de la tradicional escala de la borrachera.
Mi afición me llevó hasta Marsella para ver en directo como los All Blacks danzaban sobre el césped antes de aniquilar a la tierna selección italiana. Tíos como McCaw, Mulianina, Howlett o Carter corriendo como búfalos, placando como bestias y sin pizca de piedad.
Ahora veo con envidia que existen más equipos nacionales, incluso femeninos. Que mundialmente es un evento seguido por millones de espectadores. Que hasta Mandela lo utilizó para generar paz en un país convulso. Pero que desgraciadamente, como otros deportes, está a la inmensa sombra del fútbol. De ahí que me haya quedado tan satisfecho leyendo esa carta, aun a costa del todopoderoso Cristiano.
Pdta: ya se están encargando los malvados medios de comunicación de salir a su rescate, poniendo imágenes de la agresión de un jugador inglés. Lo que no dicen es que esa especialidad no es el "rugby tradicional", sino una variante que acepta otras normas. Una salvajada que aprovechan algunos para atacar un deporte con tal de salvar el honor del guapo, rápido y rico futbolista portugués. En el rugby a ese tipo de jugador que simula y se queja reiteradamente al árbitro se le llama "bailarina".
En casa de un familiar, junto algunos amigos, escondidos de lo conocido, disfrutamos tomando unas cervezas mientras en la tele emitían un partido del 5 Naciones en el que Doch (o Docht, o Dotge), aguantó el partido con un ojo más hinchado que el de un rival de Tyson. “Doch el del Ojo”. Ese pudo ser el inicio de todo.
Fue a finales de los ochenta cuando un granadino, retirado de la práctica del balón amelonado por cuestiones físicas, tuvo la valentía de organizar, entrenar y dirigir un equipo de chavales estudiantes amantes de cualquier deporte y con ganas de pasarlo bien. Y ahí que el Colegio del Sta María de Europa se lanza a participar en las competiciones universitarias de la época. Siempre le agradeceré a Miguel Angel que por aquella iniciativa me inoculara el virus del rugby. Gracias Astuto.
El salto territorial en la carrera universitaria me lleva hasta suelo manchego, donde en la EUPA se está engendrando un equipo que rivalice con el resto de capitales del entorno. Campo de tierra y guijarro, entrenamientos nocturnos bajo cero, escasos medios económicos, pero muchas ganas y voluntad. El número de partidos de mi anterior etapa madrileña me lleva hasta la capitanía del equipo y después la satisfacción de conseguir ganar el torneo autonómico y disputar la fase final en Madrid.
Ya en la capital del reino, con nuestras limitaciones organizativas, nos presentamos en el campo de juego frente a la Politécnica de Barcelona. Escasos diez minutos de gloria que transcurrieron desde el sorteo entre capitanes hasta que un mal placaje me lleva a urgencias del hospital con una clavícula rota. Un banderín entregado en el sorteo de campo guardo de infausto recuerdo.
Meses después, abandoné la práctica por completo. Lo echo mucho de menos. La rivalidad, el compañerismo y los terceros tiempos, donde la exaltación de la amistad y cantos regionales no eran tan solo un paso más de la tradicional escala de la borrachera.
Mi afición me llevó hasta Marsella para ver en directo como los All Blacks danzaban sobre el césped antes de aniquilar a la tierna selección italiana. Tíos como McCaw, Mulianina, Howlett o Carter corriendo como búfalos, placando como bestias y sin pizca de piedad.
Ahora veo con envidia que existen más equipos nacionales, incluso femeninos. Que mundialmente es un evento seguido por millones de espectadores. Que hasta Mandela lo utilizó para generar paz en un país convulso. Pero que desgraciadamente, como otros deportes, está a la inmensa sombra del fútbol. De ahí que me haya quedado tan satisfecho leyendo esa carta, aun a costa del todopoderoso Cristiano.
Pdta: ya se están encargando los malvados medios de comunicación de salir a su rescate, poniendo imágenes de la agresión de un jugador inglés. Lo que no dicen es que esa especialidad no es el "rugby tradicional", sino una variante que acepta otras normas. Una salvajada que aprovechan algunos para atacar un deporte con tal de salvar el honor del guapo, rápido y rico futbolista portugués. En el rugby a ese tipo de jugador que simula y se queja reiteradamente al árbitro se le llama "bailarina".
martes, 16 de septiembre de 2014
57.- EL MUS
Tres letras que resumen en un juego de cartas las facetas de la vida.
La suerte, el compañerismo, la rivalidad, el engaño, el sentido del humor, la trampa, el cálculo, el compadreo, la risa, la amistad, el enfado, la rima, ...
En un territorio monárquico los reyes mandan. Y en ese mismo país que tiende hacia la igualdad, los pitos pierden.
Una escuela de iniciación se instaló sobre el cesped del Carrero en los años 80. En los ratos libres y menos libres del instituto, las cartas te enseñaban que no siempre se gana llevando las mejores (incluso llevando de mano al juego 32, con un tres reyes y un dos). Que la chica es para rácanos, pero muchas veces gana órdagos y que los duples cutres también dan sorpresas. Que una mala jugada te hace fregar con agua helada en una acampada.
En un ciclo más avanzado los torneos de La Frontera y de los Colegios Mayores te enseñaban a descubrir la táctica del contrincante. Sus gestos, sus coletillas e incluso sus otras señas. El Zaida contribuyó a doctorarnos con el fin de no pagar los cubatas.
Y de ahí al semiprofesionalismo, que solo han alcanzado algunos elegidos. En torneos de San Julián y otras ferias demostraron su valía aunque con poca fortuna.
La variante del mus a seis, en incluso a ocho, ha servido como solución a problemas de escasez de barajas, de espacio o de jugadores.
Hace falta más tiempo para que esta práctica no se nos olvide, aunque el arte de contar del Skipy, de guiñar de Nacho o la intuición del Chino, no se arrinconan en cualquier parte.
La suerte, el compañerismo, la rivalidad, el engaño, el sentido del humor, la trampa, el cálculo, el compadreo, la risa, la amistad, el enfado, la rima, ...
En un territorio monárquico los reyes mandan. Y en ese mismo país que tiende hacia la igualdad, los pitos pierden.
Una escuela de iniciación se instaló sobre el cesped del Carrero en los años 80. En los ratos libres y menos libres del instituto, las cartas te enseñaban que no siempre se gana llevando las mejores (incluso llevando de mano al juego 32, con un tres reyes y un dos). Que la chica es para rácanos, pero muchas veces gana órdagos y que los duples cutres también dan sorpresas. Que una mala jugada te hace fregar con agua helada en una acampada.
En un ciclo más avanzado los torneos de La Frontera y de los Colegios Mayores te enseñaban a descubrir la táctica del contrincante. Sus gestos, sus coletillas e incluso sus otras señas. El Zaida contribuyó a doctorarnos con el fin de no pagar los cubatas.
Y de ahí al semiprofesionalismo, que solo han alcanzado algunos elegidos. En torneos de San Julián y otras ferias demostraron su valía aunque con poca fortuna.
La variante del mus a seis, en incluso a ocho, ha servido como solución a problemas de escasez de barajas, de espacio o de jugadores.
Hace falta más tiempo para que esta práctica no se nos olvide, aunque el arte de contar del Skipy, de guiñar de Nacho o la intuición del Chino, no se arrinconan en cualquier parte.
domingo, 3 de agosto de 2014
56 - LA FERIA
Siempre ha sobrevivido a la sombra de la Semana Santa y la Vaquilla. Todavía resiste, pese a que las atracciones ya no atraen tanto, los precios no son tan populares y el recinto ferial cada vez queda más lejos del centro de la ciudad.
Lo cierto es que cuando uno levantaba un poco del suelo, mantenía la ilusión de pasear bajo las bombillas de colores mientras te pringaba con una manzana de caramelo o un algodón de azúcar. De observar a los macarras como conducían los coches de choque con el brazo por fuera, sentados en el lateral de un vehículo que querían, pero no tenían. De pegarle puñetazos al balón de "La Ola". De cruzarte con el grupo de chicas a las que sus padres nunca dejarían solas excepto en esas fechas festivas. En resumen, aferrarte a un objetivo con el que justificar las primeras salidas nocturnas en edad infantil. ¿Qué le diremos ahora a nuestros retoños?
Con el tiempo conseguimos disfrutar asaltando en grupo los puestos de carreras de camellos (mal negocio para el feriante que se cruzó con nosotros, al igual que el del puesto de las pelotas y los tres muñecos). Después, apoyados en la pringosa barra del Tori, apaciguar nuestra sed mientras comíamos unas tiras de salchichas o algún que otro pollo asado, antes de compartir un cucurucho de churros con las primeras luces del día.
Ya no queda cerca el césped del Carrero para retozar con unas cervezas o con los premios conseguidos estirando el brazo en el hipódromo camellil. Nuestros preparados gestores municipales lo cambiaron por una extraordinaria estructura metálica que se caerá a pedazos antes de que el río Júcar le muestre la tutoría de sus propiedades.
Poco tiempo empleábamos en observar el desfile de carrozas, excepto cuando la Reina de las Fiestas estaba de buen ver y además era conocida. Ninguno en participar de las actividades del Vivero, pero si que animábamos a saltar del trampolín de la piscina de la Playa a dos ángeles rubios mientras se disputaban un trofeo. Tampoco olvido como un grupo de jóvenes revoltosos ponía en jaque a experimentados ajedrecistas. A veces incluso ganábamos algunas perrillas apostando a caballos como Caprichosa o Pie Veloz (¡ay, aquella Stra Cabanas!)
Y al final, a correr bajo la pólvora de Carretería con el triste presagio de que se acercaba el comienzo del nuevo curso.
Y al final, a correr bajo la pólvora de Carretería con el triste presagio de que se acercaba el comienzo del nuevo curso.
Unos cuantos conciertos de pop español y algunas corridas de toros bien acompañadas de las viandas preparadas en el Pelusa completaban el programa. En pocos años nos sentaremos en el Parque San Julián a ver la Zarzuela, esperando que salga Manolita Chen o, incluso, alguna de sus bisnietas.
sábado, 19 de julio de 2014
55.- LA CAÑADA DE LOS VAQUEROS
Hace un año para estas fechas un gran amigo mío me confesó su deseo de subir andando en compañía de su perro Tyson hasta el sitio de su recreo: Alustante.
Quería hacerlo como lo hacían los vaqueros, del que era descendiente, y por la ruta serrana que tan bien conocía.
Esta propuesta fue recogida y aceptada por algunos valientes hace unos meses. Ahora expongo el trayecto dividido en etapas para el que quiera aceptar el reto y completar esta experiencia hasta alcanzar la tierra que escogió para permanecer por siempre.
No somos unos chavales, pero tampoco estamos para supervisar las obras de las calles y mirar la pantorrillas de las jóvenes que se nos cruzan por la acera. Así que, con un poco de interés y buscando un hueco en nuestro apretado calendario, podremos arrancar y finalizar cada una de las etapas. Puede que necesitemos algún vehículo de apoyo y confío en que voluntari@s no faltarán. Las distancias andando no son muy largas, por lo que en coche estamos hablando de pocos minutos. Vamos allá.
Existen varias alternativas:
1ª.- Cuenca-Alustante como viene detallada en la web de rutas trashumantes.
Ver http://www.reman.es/camino/rutas-trashumantes/canada-real-conquense/
Se trata de 4-5 días que vienen detallados en las etapas 15-16-17-18 que ajustando a entidades conocidas serían mas o menos las siguientes:
3ª.- Por si son mucha etapas o no disponemos de días, hacerlo en dos fases. Podemos empezar por Cuenca- Majadas este año y completarlo otro. O incluso os invito a realizarlo desde Tragacete-Alustante (un par de días)
Ánimo. Recordaremos viejos tiempos pisando cardos y boñigas de vacas, espantando tábanos, charlando y disfrutando del cielo estrellado por las noches.
Quería hacerlo como lo hacían los vaqueros, del que era descendiente, y por la ruta serrana que tan bien conocía.
Esta propuesta fue recogida y aceptada por algunos valientes hace unos meses. Ahora expongo el trayecto dividido en etapas para el que quiera aceptar el reto y completar esta experiencia hasta alcanzar la tierra que escogió para permanecer por siempre.
No somos unos chavales, pero tampoco estamos para supervisar las obras de las calles y mirar la pantorrillas de las jóvenes que se nos cruzan por la acera. Así que, con un poco de interés y buscando un hueco en nuestro apretado calendario, podremos arrancar y finalizar cada una de las etapas. Puede que necesitemos algún vehículo de apoyo y confío en que voluntari@s no faltarán. Las distancias andando no son muy largas, por lo que en coche estamos hablando de pocos minutos. Vamos allá.
Existen varias alternativas:
1ª.- Cuenca-Alustante como viene detallada en la web de rutas trashumantes.
Ver http://www.reman.es/camino/rutas-trashumantes/canada-real-conquense/
Se trata de 4-5 días que vienen detallados en las etapas 15-16-17-18 que ajustando a entidades conocidas serían mas o menos las siguientes:
- Cuenca- Villalba de la Sierra: unos 22 Km
- Villalba de la Sierra- Las Majadas- El Pozarrón: unos 25 Km
- El Pozarrón - Guadalaviar: 25 Km
- Guadalaviar- Alustante: 37 km
2ª.- La propuesta de Pablo, un auténtico especialista en estos eventos es por este otro lado:
- Cuenca- Buenache de la Sierra: 15 Km
- Buenache- Beamud: 20 Km
- Beamud- Guadalaviar: 38 Km
- Guadalaviar- Alustante: 37 Km
Ánimo. Recordaremos viejos tiempos pisando cardos y boñigas de vacas, espantando tábanos, charlando y disfrutando del cielo estrellado por las noches.
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