lunes, 13 de abril de 2015

66.- MIS CINES

Hubo un tiempo en el que en Cuenca había más cines que polideportivos. Época en la que las salas oscuras servían incluso para algo más que para ver películas. Y de eso se yo, que oficié de “escopeta” en Acorralado. Fue en el Xucar, cuando era el único que sobrevivía a la amenazante incorporación de los multicines.

El Xucar destacaba por los estrenos. Todavía recuerdo la cola en la acera para ver “ET”. Familias enteras se arremolinaban junto a sus escalones, y salían con lágrimas en los ojos deseando recomendarsela al resto de sus conocidos.



La taquilla infantil quedaba a cargo de los cines Alegría y Avenida. El paso del tiempo jubiló al primero y las aventuras de Tarzán fueron sustituidas por las de Pajares y Esteso en el segundo caso. Dobles sesiones, júbilo y jolgorio en la sala hasta el apagón de luces. Luego exclamaciones y admiración ante lo que en la pantalla se proyectaba.

Dejo para el final al cine España. Un entorno prohibido para los menores. El promotor de las “S”, de Emmanuelle y todo lo que vino después. Entre escarceos pubertinos logramos entrar a alguna de sus sesiones. ¡Qué aburrimiento y sopor en la sesión del "Impero de los Sentidos"! Aunque lo que más recuerdo es del ciego aprendiz de diálogos en "La muerte tenía un precio".


Pero además, nos aportaban unión, curioseo y habilidades manuales. Algunos más que otros. Ya no sólo entre butacas, sino frente a los paneles de corcho que mostraban los carteles y fotografías de las películas expuestas. Algunas de esas chinchetas terminaron en los bolsillos de mis pantalones, al igual que los cartones e imágenes que sostenían. Todavía guardo entre carpetas la de una nave caza replicantes de Blade Runner.

Después abrieron los Multicines. Lejanos. Con salas minúsculas e impersonales. Coincidía con la llegada de los VHS, pero ese paso rompió la relación que el cine tenía con los conquenses.
Ahora no se lo que hay. Hace años que no los piso. Se que el sonido es atronador, las imágenes casi reales, (incluso con unas gafas de cartón generan vértigo) pero el ruido de las palomitas y de los dedos buscando en el interior de las bolsas de snacks no me permiten asistir.


Los ciclos de cine deportivo, amateur o de documentales servían para pasar una tarde cultural mientras huíamos del frío ambiente de la calle. Bien en los salones de la Caja de Ahorros del Parque San Julián, o de la Biblioteca, podíamos disfrutar de películas que en situaciones normales nunca hubiéramos visto.

Y ya en Madrid, alguna que otra asistencia a sesiones maratonianas en el Santa Mª, donde llegábamos a ver cinco o seis películas seguidas, sin más descanso que el de acercarse a la barra de la cantina o a evacuar líquido. Como premio a los tenaces espectadores, se remataba la función con algunas más subidas de tono que hacían enforverecer al público asistente. Tanto, que hasta la policía tenía que personarse, avisada por molestos vecinos, y fracasaba en su intento de apaciguar los exaltados ánimos.

martes, 17 de marzo de 2015

65.- TAMBORES Y CORNETAS

Dentro de doce días se escuchará por las calles de Cuenca un sonido que pone en alerta los sentidos de cualquier conquense. Le guste o no. A mi me estremece y reactiva. El primer redoble de tambor que sigue al breve toque de corneta pone en marcha mi mecanismo sustentado a base de resoli y torrija.

De chiquitito me acuerdo de que esperaba junto a mi casa, en las escalerillas del Hospital de Santiago, a los primeros acordes que anunciaban la llegada de la Borriquilla. El “proorrponn ponn prrrooorrrrpppooroborobnnnn prrn…” que retumba entre las fachadas de las calles estrechas y bombea el corazón como el de un ciclista en plena subida.

Años después aprovechaba la ventaja de la edad para disfrutar en primera fila de la velocidad de palillos a la que tocaba el principal tambor de la Guardia Civil. Fácilmente identificable con sus gafas de sol destacaba entre el resto por su seriedad y habilidad. Todavía añoro el sonido de sus gaitas.

Aquellos cordones amarillos que sobresalían sobre el oscuro empedrado parecieron heredarlos los integrantes de la banda de Pavía. Sus músicos, jóvenes y apuestos, alegraban la vista de las chicas e incluso se animaban a compartir tragos de resoli con los nazarenos tras la procesión.



Falta hacía que el vacío de la banda de la Benemérita lo ocupara alguien de igual o mayor valía. Se consiguió con ilusión, esfuerzo y, sobre todo, con mucho sacrificio. La banda Amigos de Cuenca acumuló kilómetros de procesiones durante años. Bajo el frío, el calor, el viento, el frío e incluso la nieve. Con llagas en la manos y en los labios, pero con la misma ilusión de domingo a domingo. Sin desfallecer. ¡Cuantas veces los he visto comerse el bocadillo, agotados, en el jardincillo del Salvador entre procesiones los Viernes Santo! Y luego, oírlos desfilar en el Entierro como si fuera el primer día de la semana.

Actualmente han pasado a integrar la Banda de la Junta de Cofradías. El otro día los disfruté en un concierto muy emotivo. Este año estrenan uniforme. El color rojo da paso al negro, pero su sonido sigue siendo impactante. Ya estoy deseando escucharlos por la calles de Cuenca.


(enlace de algunos sonidos:  http://www.jesusamarrado.com/semanasanta.asp?codigo=sonidos)

martes, 17 de febrero de 2015

64.- COMPAÑIA ANIMAL

Ayer murió Vito, el perro que más me ha querido. Su nombre completo, Vitorino, le venía por su  morrillo rizado color castaño similar al de los toros, aunque sus rizos se le extendían por todo el cuerpo. Cuando era cachorro, su dueño y amigo mío, me lo dejó criar un periodo de verano y durante sus 15 años de vida me acarició con su cabeza cada vez que me veía. Nunca tuve tanto aprecio por un perro como con él, aunque ahora también quiero recordar a otros que compartieron momentos con nosotros.

He buscado entre mis álbumes fotográficos intentando encontrar imágenes de algunos de ellos, pero ninguna tiene la calidad para apreciarlos en todo su esplendor. Ruego a sus dueños que, si pierden un poquito de tiempo, puedan enviarme alguna.



Jamás escribí su nombre, por eso, no se si ahora lo haré correctamente. Jony, Yoni o incluso Jhoni. Aquel cruce de pastor alemán al que su dueño le ponía un collar de pinchos para iniciar las cacerías de gatos en las inmediaciones del Huecar. De vez en cuando, se enzarzaba en violentas peleas con otros de su especie, mientras Papá Oso se jugaba la mano intentando quitarle ese elemento defensor.

Luego apareció Imir. Imponente, altivo y fuerte. Sus cabalgadas por el Parque del Carrero eran dignas del mejor de los caballos. Compañero de acampadas, siempre tenía el honor de dejarte sus abundantes babas pegadas a los pantalones. Entre sus descendientes, a los que ya perdí la pista, también recuerdo a Nadir y a Yola. Negra como el carbón aunque no tan juguetona como su compañero Humphry, picarón y mujeriego (incluso con algunas chicas).

Una figura entre el colectivo canino, era Zacarías, El Zaca. Listo y vivaz. Obediente y fiel. Capaz de montar en vespa y de bucear. Su mirada era pura picardía.

Quiero también mencionar a las generaciones actuales,  aunque mi contacto con ellos no es tan intenso. Un último vídeo enviado digitalmente nos ha permitido conocer a Neki y a la nueva Yola. El Tyson derrocha potencia en sus encuentros y Rocky demuestra paciencia esperando su ración de jamón en las noches de verano.

Otros llegarán para hacernos compañía. Ya los iremos conociendo.

viernes, 6 de febrero de 2015

63.- NIEVE ANTES DE MARZO, ORO BLANCO

Puede que la nevada del otro día se considere como la tercera más importante de los años cuyas últimas dos cifras sean números primos. O no. Los meteorólogos (o los periodistas) están empeñados en demostrar nuestra falta de memoria, cuestión que desde este momento voy a intentar rebatir con hechos históricos.

Dejaremos episodios como los del Pozarrón, El Cerviñuelo, algún Jueves Lardero, El Rally-Raid por el Estrecho del infierno (cuando comprobamos los impagos de las facturas del gas de Belcebú) y otras más que merecerán capítulos propios.

Recuerdo a finales de enero de 1986 cuando un estudiante en huelga se rapó, o mejor dicho, le raparon la cabeza, tras depositar su confianza ciega en unos amigos que se lo pasaron en grande en plena maniobra esquiladora. Su posterior aparición en Cuenca resultó de lo más gélida, realizando un viaje familiar a Tragacete entre cunetas rebosantes de nieve. Testimonio gráfico de aquellos momentos pueden constatarlo.

Comenzando el siglo XXI, el entierro de un familiar cercano se convirtió, debido a la nieve y el frío, en una película digna de ser dirigida al alimón entre Berlanga y los hermanos Coen. Y en diciembre del 2001, mi hijo tuvo que ser bautizado en casa por la imposibilidad de acercarnos a la iglesia debido a las terroríficas temperaturas ambientales que helaron la nieve de las aceras.

En fin, que no hay que irse al siglo pasado a comprobar que el cambio climático está al acecho. Según medios de comunicación digitales, en febrero de 2009 “Cuenca registra una nevada histórica: la más copiosa de los últimos veinticinco años.” (...ya empezamos a contar años...):
( http://www.20minutos.es/noticia/587401/0/cuenca/nevada/historica/#xtor=AD-15&xts=467263).

Y en 2013: En Cuenca capital cuajó la nieve y se tuvo que restringir el tráfico en varias zonas del casco histórico y, por precaución, se adelantó el retorno de 63 rutas escolares de la provincia, con un total de 1.666 alumnos afectados (http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/21/espana/1358786535.html).

No tenemos registros de la época de Leonor de Aquitania o de Fray Luis de León, pero una web que recoge datos desde los años 70 presenta este gráfico tan aclarativo.


Nosotros matábamos ese frío sin gore-tex ni ropa térmica. La humedad de la nieve se combatía con chirucas y botas camperas, mientras que las "modernas" coreanas de color azul y pelete en la capucha nos resguardaban de los vientos del norte.

A veces mi padre iba al colegio montado en un caballo. Siempre me recuerda que en invierno tenía dificultades para avanzar sobre la nieve. “Ya no nieva como antes” repite año tras año.
Cuelgo una foto recibida en el móvil captada estos días cerca de Masegosa y me imagino lo que me cuenta.


viernes, 16 de enero de 2015

62.- DELITOS PRESCRITOS

Corrupción, prevaricación, cohecho….conceptos habituales en los noticieros diarios. Una especialización al por mayor de lo que siempre se ha llamado ROBAR. Verbo, y a la vez pecado, que todo el mundo ha cometido en algún momento de su vida. Unos lo tendrán que declarar o negar ante el de la toga, mientras otros lo confesábamos, a veces, tras una pequeña celosía de madera.

El azúcar, como primer vicio del niño, se convirtió en el causante de los hurtos iniciales. Petacas de crema, rollos de nata, palmeras y todo tipo de repostería era sustraída de los expositores conquenses. Pequeñas pandillas de chavales que los viernes por la tarde comenzaban a gastar su tiempo libre por la calles de la ciudad.

Las hormonas de la juventud sustituyeron la avidez azucarada por las desconocidas curvas impresas. Voluptuosas mujeres que exponían sus encantos ante fotógrafos que veían truncado su trabajo por la alargada tira negra del editor. El Lib, Private, o Climax sirvieron de enciclopedias eróticas antes de realizar las prácticas. Revistas que colgaban suspendidas de unas cuerdas hasta que eran sustraídas, aun a consta de que su raptor se tumbara en plena acera del centro de la capital.



El callejeo de los viernes derivó en la búsqueda y captura de inconscientes camiones de bebida que se paraban en los semáforos. Las botellas de Coca-Cola misteriosamente volaban de sus cajas cuando el transportista soltaba el freno. Incluso la fruta para las zurras eran objetivo y blanco de nuestras andanzas.

Y pasada la pubertad, el cuerpo pide fiesta. Unas cervezas para acompañarla no vienen mal, sobre todo si un camión aparcado junto al parque del Carrero las ofrece gratis. ¡Hasta calientes estaban buenas!



En fin, raterillos de poca monta, que sobre todo no perjudicaban a nadie. Ladronzuelos que ponían en juego su honor expuestos a ser sorprendidos por los afectados y que en ocasiones finalizaban de sonrojante manera.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

61.- NOS DIERON LAS UVAS

Nos dieron la una. Y las dos. Y las tres. Las cuatro, las cinco y las seis…. En distintos lugares, pero con la misma ilusión: disfrutar durante toda la noche. Sin promesas ni deseos de cara al futuro. Diez o doce horas a todo tren. Sin freno de mano. Desde el pequeño y modesto guateque de la cochera del Potasio hasta los últimos (y casi olvidados) cotillones organizados con premios incluidos.

Miradas peligrosas escaneando las ceñidas curvas de negros vestidos recibían aquellas jóvenes deseosas de lucir sus tacones. Mientras nosotros, ahogados por noveles corbatas, asaltábamos la barra. La del Wacus, del Bataplán, del Vaya Vaya, de Los Elefantes, …

Previa a la experiencia del sistema “alquiler de bar”, demostramos nuestra capacidad de organización, destrozo y limpieza de viviendas (ahora pasto de Podemos) que gentilmente (o inconscientemente) eran cedidas por sus dueños.

Agradecimientos a Olga, a MCR y, sobre todo, a Aldo. Nocturnas andanzas las que disfrutamos entre las paredes del vetusto edificio que vigilaba la gasolinera. Por eso recupero la foto que ya recogí en su momento. Merecido recuerdo.



Pero si hay una Noche Vieja de las que ahora llamarían “top” es esa en la que todos pensamos. Aquella fiesta por la que pasaron gran parte de los conquenses que salieron esa noche. Un balcón que no se precipitó al vacío porque no se construyó en el siglo XXI y porque muchos de sus usuarios flotaban bajo las gélidas estrellas. Música, baile, carreras y juegos de escondite. Desenfreno o inmoralidad. Vicio y exaltación de la amistad. Esperado descanso para los vecinos en la mañana del nuevo año. Y cara de cartón en la tarde del día siguiente cuando vimos aparecer por la puerta a su sorprendido dueño. “Marcharos” dijo débilmente mientras los demás lo mirábamos con escoba y fregona en mano sobre aquel pegajoso suelo. ¡Qué demostración de resignación fraternal! Nunca llegamos a recompensarselo.

El efecto 2000 nos trajo otras formas de pasas las nocheviejas. Más familiares, rodeadas de biberones y espectáculos televisivos. Pronto nuestros hijos cogerán el relevo y podremos revivir aquellas jaranas.

Por lo pronto el 2014 se nos va como vino, pasando la hoja de un calendario.

lunes, 17 de noviembre de 2014

60.- RONDA

Vía de obligado tránsito para turistas que quieren observar las excelencias que proporcionan cualquiera de sus balcones o miradores. Sin embargo para los indígenas de los años 80 era un refugio, un hogar, acaso un santuario.
Julián Romero, capitán de los Tercios de Flandes. Sus paisanos casi heredamos el título, no de tercios, pero sí de litronas. Alternadas con las mezclas, muy frías en invierno y algo menos en verano. Mientras ahora las corporaciones municipales pelean contra el botellón, entre estas piedras se gestó esta práctica, bien desarrollada por supuesto.



Pero lo que para algunos es un mero espacio con privilegio para contemplar el Parador, el Puente San Pablo o el Cerro Socorro, para nosotros se trataba del rincón donde cantábamos alrededor de la zurra, en el que mojábamos las camisetas lanzando vasos de agua (a ser posible de las chicas), por el que huíamos de familiares redadas, e incluso donde Jose Luis nos cantaba "El Velero" el día en el que celebrábamos que uno de nuestros primeros quintos se iba a la mili. Sí ,el mismo al que lanzábamos abajo por la higuera próxima a la esquina del tunel.


viernes, 31 de octubre de 2014

59- LA CALLE

Este magnífico dibujo “robado” de las perversas redes sociales me ha recordado miles de anécdotas en los locales que comenzaron a agruparse en esta abandonada calle con el objetivo de plantarle cara a la zona alta.
Uno de ellos tuvo la fortuna de llamar a su pub de tal manera que, 25 años después, a la que los mapas nombran como Dr Galindez, le siguen conociendo como La Calle. Un esquinazo decorado con farolas, ventanas, tiestos y música española. A su espalda, y por mimetismo, otro señalizado con pasos de cebra y mismo ambiente juvenil, el Peatonal. Eran tiempos donde la movida madrileña había traspasado fronteras. La música de Radio F., Derribos A., Gabinete C., Siniestro T., Nacha P.…. llegaba desplazado a otra con letras cantadas en inglés. El éxtasis nocturno y la novedad desenfrenaban a los conquenses.

 
Puede que el pionero fuera el Otemilla. Modesto patio que permitía a sus clientes jugar al cubilete (sin cubilete ni dados) tras tirar la mesa y los vasos, o pasarse horas cantando ¡Viva Perico Delgado!
Y para paciencia, los guardias jurado que intentaban echarnos del Negresco, sin conseguirlo, mientras cantábamos “juntos como hermanos”. Alli, Julianín se encargaba de ponernos a mil con música bailable, roquera o española. A petición.Y serrín, mucho serrín.
Otros los sucederían: el Bus, La Fontanería, (vaya memoria tengo, ayudadme) …. y ahora, desconozco como se llaman el resto de garitos en los que nuestros sucesores pasan las noches tomando cubatas y bailando esta espantosa música del siglo XXI.

Siempre nos quedará e “El Aris”, que nos acoge, y en cierto modo nos hace rememorar aquellos años, aunque de un modo menos alocado. ¿O no?

martes, 14 de octubre de 2014

58.- RUGBY

Hace poco ví una carta escrita en contestación a las declaraciones de un famoso futbolista portugués. Leyéndola recordé con nostalgia mis tiempos de rugby. Mucho más de lo que me transmite hoy en día un partido entre cualquiera de las potentes selecciones del hemisferio sur. Aparecen valores extrañamente vacíos en otras especialidades deportivas y, al que tiene la suerte de participar, le genera gran satisfacción.

En casa de un familiar, junto algunos amigos, escondidos de lo conocido, disfrutamos tomando unas cervezas mientras en la tele emitían un partido del 5 Naciones en el que Doch (o Docht, o Dotge), aguantó el partido con un ojo más hinchado que el de un rival de Tyson. “Doch el del Ojo”. Ese pudo ser el inicio de todo.

Fue a finales de los ochenta cuando un granadino, retirado de la práctica del balón amelonado por cuestiones físicas, tuvo la valentía de organizar, entrenar y dirigir un equipo de chavales estudiantes amantes de cualquier deporte y con ganas de pasarlo bien. Y ahí que el Colegio del Sta María de Europa se lanza a participar en las competiciones universitarias de la época. Siempre le agradeceré a Miguel Angel que por aquella iniciativa me inoculara el virus del rugby. Gracias Astuto.

El salto territorial en la carrera universitaria me lleva hasta suelo manchego, donde en la EUPA se está engendrando un equipo que rivalice con el resto de capitales del entorno. Campo de tierra y guijarro, entrenamientos nocturnos bajo cero, escasos medios económicos, pero muchas ganas y voluntad. El número de partidos de mi anterior etapa madrileña me lleva hasta la capitanía del equipo y después la satisfacción de conseguir ganar el torneo autonómico y disputar la fase final en Madrid.

Ya en la capital del reino, con nuestras limitaciones organizativas, nos presentamos en el campo de juego frente a la Politécnica de Barcelona. Escasos diez minutos de gloria que transcurrieron desde el sorteo entre capitanes hasta que un mal placaje me lleva a urgencias del hospital con una clavícula rota. Un banderín entregado en el sorteo de campo guardo de infausto recuerdo.

Meses después, abandoné la práctica por completo. Lo echo mucho de menos. La rivalidad, el compañerismo y los terceros tiempos, donde la exaltación de la amistad y cantos regionales no eran tan solo un paso más de la tradicional escala de la borrachera.



Mi afición me llevó hasta Marsella para ver en directo como los All Blacks danzaban sobre el césped antes de aniquilar a la tierna selección italiana. Tíos como McCaw, Mulianina, Howlett o Carter corriendo como búfalos, placando como bestias y sin pizca de piedad.

Ahora veo con envidia que existen más equipos nacionales, incluso femeninos. Que mundialmente es un evento seguido por millones de espectadores. Que hasta Mandela lo utilizó para generar paz en un país convulso. Pero que desgraciadamente, como otros deportes, está a la inmensa sombra del fútbol. De ahí que me haya quedado tan satisfecho leyendo esa carta, aun a costa del todopoderoso Cristiano.

Pdta: ya se están encargando los malvados medios de comunicación de salir a su rescate, poniendo imágenes de la agresión de un jugador inglés. Lo que no dicen es que esa especialidad no es el "rugby tradicional", sino una variante que acepta otras normas. Una salvajada que aprovechan algunos para atacar un deporte con tal de salvar el honor del guapo, rápido y rico futbolista portugués. En el rugby a ese tipo de jugador que simula y se queja reiteradamente al árbitro se le llama "bailarina".

martes, 16 de septiembre de 2014

57.- EL MUS

Tres letras que resumen en un juego de cartas las facetas de la vida.
La suerte, el compañerismo, la rivalidad, el engaño, el sentido del humor, la trampa, el cálculo, el compadreo, la risa, la amistad, el enfado, la rima, ...
En un territorio monárquico los reyes mandan. Y en ese mismo país que tiende hacia la igualdad, los pitos pierden.
Una escuela de iniciación se instaló sobre el cesped del Carrero en los años 80. En los ratos libres y menos libres del instituto, las cartas te enseñaban que no siempre se gana llevando las mejores (incluso llevando de mano al juego 32, con un tres reyes y un dos). Que la chica es para rácanos, pero muchas veces gana órdagos y que los duples cutres también dan sorpresas. Que una mala jugada te hace fregar con agua helada en una acampada.
En un ciclo más avanzado los torneos de La Frontera y de los Colegios Mayores te enseñaban a descubrir la táctica del contrincante. Sus gestos, sus coletillas e incluso sus otras señas. El Zaida contribuyó a doctorarnos con el fin de no pagar los cubatas.


Y de ahí al semiprofesionalismo, que solo han alcanzado algunos elegidos. En torneos de San Julián y otras ferias demostraron su valía aunque con poca fortuna.
La variante del mus a seis, en incluso a ocho, ha servido como solución a problemas de escasez de barajas, de espacio o de jugadores.
Hace falta más tiempo para que esta práctica no se nos olvide, aunque el arte de contar del Skipy, de guiñar de Nacho o la intuición del Chino, no se arrinconan en cualquier parte.