martes, 28 de marzo de 2017

85.- CARTELERIA CUARESMAL

El mundo de la imagen y el sonido.
Fotos y vídeos por doquier. Información asimilada al instante. Cómoda, holgazana y, la mayoría de las veces, soez.
Me contaron que el auge de las vidrieras en la edad media venía respaldada por la imperiosa necesidad de cristianizar e informar a un gran colectivo de la población analfabeta. Las místicas imágenes sobre cristales coloreados les ahorraban el tedioso trabajo de leer fragmentos de los evangelios, imaginándose los pasajes mientras los observaban iluminados por los rayos del sol.
Pues mil años después seguimos igual. Poca lectura. Mucha observación.

Pero a mi también me gusta el mundo visual. Y uno de sus mayores exponentes es la cartelería. Festiva, lúdica o cultural. Y en especial la que nos anuncia nuestra gran semana conquense. Siete días que se transforman en una representación irreal. Como dice Bumbury "el mismo teatro, en el que tantas veces, actuó".
Para divulgar esa tradición se elige el cartel de Semana Santa. Obra publicitaria a veces convertida en arte y otras en triste papel pegado en un escaparate.
Tengo algún recuerdo de los editados en los años cincuenta, porque aún no habiendo nacido todavía, los veía en folletos y librillos que guardaba mi abuelo. Incluso duermo de vez en cuando debajo de el que anunciaba la del 53.
Los del Grupo Delta de los setenta son inolvidables. Nazarenos y casco antiguo. Pura cepa del conquensismo en plena transición. Continuidad fotográfica en los ochenta de la mano de los hermanos Culebras y Amancio Contreras . ¿Quien no tiene en mente ese Ecce-Homo escoltado por piedras calizas sobre el anochecer ocre del cielo? Y por entonces que aparece El Pedagogo con un cartel distinto, rompedor y catalogado como de los más atrevidos y más vistosos de la época moderna. Bruscos trazos negros sobre fondo blanco. Así de simple, Genial. Suerte tenemos de que treinta años después siga pintando y exponiendo. ¡Histórica noche con él en el Cano previa al Camino del Calvario!
En aquellos otros años en que se elegía por concurso, el que escribe se presentaba ilusionado con ver colgado de la sala de la Caja de Ahorros de CyCR su modesta obra. Fue el inicio de una afición que todavía perdura, y alguna alegría me ha dado.
Y de ahí a los encargos. Prestigiosos autores de distinto estilo han intentado con mayor o menor gloria difundir nuestra Semana Santa.  En 1996 aparece la obra maestra. Saura y sus monigotes. Nazarenos transformados en turbos y espectadores. Todo revuelto. Caos y desorden entre la multitud.
Mosset y Zapata volvieron a emocionarme. Gore o no, el de este último cuelga sobre mi almohada y junto a su trabajo en las puertas del Salvador consiguió ganarse, pese alguna que otra crítica, el respeto de la calle.
Ha sido lo mejor del siglo XXI, periodo en donde algunos coetáneos nuestros no han convencido. Diacha volvió a la tradición fotográfica componiendo un cartel sobrio, de los de antaño.



Paralelamente, una asombrosa colección. Cualquier edición de la Semana de Música Religiosa ha estado precedida de un maravilloso cartel.
Abstración y mensaje. Sin imágenes. Colores y sencillez. Artistas consagrados pintando corcheas.



Mientras tanto, yo sigo aquí. Captando ideas, momentos, instantes que me sirvan de inspiración para continuar compitiendo. Hasta ahora no me ha ido mal. Varias veces ganador de un modesto concurso de las redes digitales y otras tantas finalista o recibiendo una mención especial.
Un hobbie trasladado a otros campos menos místicos como la divulgación en asuntos de playas, incendios o fiestas populares. Trabajos que quedarán escondidos en algún sitio, y tal vez puedan ser observados por alguien que venga detrás.








sábado, 4 de marzo de 2017

84.- CARNAVAL

De entre las dos propuestas etimológicas de “carnaval”, no sé si prefiero la segunda a la primera.

El origen latino carnem-levare, “abandonar la carne”, está más ligado a las consecuencias religiosas dictadas por la iglesia en aquellos siglos más propios de los Stark o los Targaryen. Comienza la Cuaresma, y los viernes serán día de sardinas. Para celebrarlo, los conquenses la reciben comiendo chorizos con tortilla por los prados de las hoces cercanas a la capital. Como ahora, los nacidos en el siglo XXI celebran todo de igual manera, se reparten carros de Mercadona y se esparcen botellas y plásticos por esos parajes naturales. Pese a que algún barrio ha intentado fomentar el disfraz y la comparsa, ya han trascurrido suficientes años para demostrar que el conquense no está preparado disfrutar de esta festividad. Pese a eso, durante aquellos maravillosos años noventa, tuvimos momentos para colocarnos una máscara, una peluca o unas gafas y pintarnos la cara para transformarnos en hippies, indios, monjas o personajes de dudosa definición. Registros fotográficos lo certifican, aunque cueste identificar al titular del disfraz. Cuenca, Palomera y Madrid fueron testigo de ello.
Sin embargo, no muy lejos de allí, en aquellas tierras manchegas donde nuestro amigo LuisCar montó su negocio, pude disfrutar de unos de los mejores Carnavales de España. Imaginación a raudales y desenfreno en las calles. Crítica y burla sin rencor. Simplemente ganas de pasarlo de bien. Eso sí, con una larga tradición detrás.





El segundo planteamiento nos lleva hasta su origen celta. Dicen que “Carna” era la diosa de las habas y el tocino, y estos ingredientes me trasladan hasta Murcia (los michirones no existirían sin ellos). Lejos de abandonar la carne, la fomentan. Caderas, ombligos, escotes y muslos al compás de las charangas se exhiben por las calles de Águilas o el Cabezo de Torres. Eso del periodo cuaresmal se las trae al pairo. Los días grandes son el fin de semana posterior al Miércoles de Ceniza, y hasta la sardina la entierran después de Semana Santa. La anarquía oficializada. Son así.

Recuerdo un profesor mío de la universidad que impartía sus clases ataviado con una peluca, o con una máscara, porque en su pueblo vivían el carnaval con intensidad. Ojalá en Cuenca estuviera arraigado como en otros territorios, hubiéramos visto más carne por la calle y yo me hubiera podido comer aquellas costillas en las Brasas.

viernes, 27 de enero de 2017

83.- FUENTES

Y no Vicente, Bascuñana de segundo. Fuentes de agua limpia y fresca, de muros y pilastras húmedas, asiento de cobijo de amigos y celebraciones.

Muchas nos han observado y, en ocasiones, soportado. Se ofrecieron para aclarar gargantas, enjuagar vasos, refrescar frentes y limpiar platos.

Algunas como la del Porland, la de la Ronda de Julián Romero, San Nicolás o la de las Carmelitas sirvieron de lugar de encuentro y festividades. Añorados cumpleaños bañados en zurra y risas. Algunos, al resguardo del sol de verano y otros expuestos al gélido ambiente del inverno. Todavía circulan leyendas sobre las memorables disputas, con otras pandillas de la época, para apoderarse de los poyos de piedra que las rodeaban. Batallas verbales y temporales porque, indudablemente, el que primero llegaba no garantizaba el éxito de la conquista, sino el grupo que conseguía reunir, al menos, media docena de traseros que aposentar. Y en esto, éramos unos maestros. Los más rápidos y tempraneros. Puede que incluso tuviéramos asignado ya el sitio por nuestra constancia.

Otras fuentes urbanas no gozaron de nuestra permanencia. Su ubicación tan sólo servía para refrescarnos la boca, aliviar calores. La del Jardín del Salvador, Plaza de los Apóstoles, escaleras de los Tintes o de la Calle San Pedro conocen bien las fechas en las que la ciudad enloquece, la plebe se alborota y agradece refrescar el gaznate. Recogida a casa tras las Turbas o paseos p’arriba y p’abajo en Vaquilla.

En nuestros recorridos por la sierra conquense, la de la Tía Perra o Vaquerizas recordarán los berridos nocturnos emitidos por humanos. Sonoros bramidos de mayor o menor calidad. Inolvidables los de nuestro querido Juanan, "La Liebre".

Este otro blog describe y muestra en imágenes una completa colección de fuentes naturales: http://elbrilloenlamirada.blogspot.com.es/2015/03/fuentes-de-la-serrania-de-cuenca-1-parte.html 




Ahora, un reducido grupo de amantes de la naturaleza se encarga de recuperar aquellas otras fuentes olvidadas y deterioradas. Un miembro de ellos es de los del 66, y uno de sus últimos trabajos está a punto de terminar. Bien cerca me queda de casa para llenar la cantimplora en verano.

lunes, 28 de noviembre de 2016

82.- MAJADEROS DEL 66

Y por fin se culminó el reagrupamiento.
Aquellos mozalbetes que respiraron por sí mismos hace diez lustros se reunieron en la sierra conquense para compartir momentos. A cuentagotas fueron llegando a la casa y, tras chocar manos, palmear espaldas o abrazarse, se lanzaron a sofocar su sed junto al calor de las llamas.
Casi todos comparecieron a la llamada. Algunos faltaron. Pero en pocas ocasiones, tanta testosterona se había apiñado desde que la juventud les abandonó.




Puede que algunos ni se acuerden de la cantidad de sal con la que debían aliñar su arroz ciego. Otros ni siquiera de que se proyectara un corto con imágenes de antaño. La mayoría lloró de risa viendo como el maestro Gila había seleccionado un nuevo compañero. Y en general, todos los presentes se surtieron de todo lo que el momento requería y el cuerpo solicitaba. Un remolque repleto de viandas dio fe de ello.
La noche repartió cuerpos por los colchones compartiendo sábanas y el amanecer puso los fogones en marcha para reponer fuerzas.
Soleado día de noviembre que facilitó la marcha por la que cruzaron monte de roble y pino. Verde y amarillo. Fotos y risas. Aire fresco para renovar energía. Posteriormente, las chuches del mar y los caldos de la uva lo lograron con creces. Hilarante sobremesa que algunos alargaron jugando al mus. Felinos compartiendo siesta por las habitaciones.
"MCenD". Más de ochocientas veces fue contabilizada y escuchada esa tarde. No había motivos para expresarse así. Todo transcurría por buenos cauces, incluso para los que vieron perder a su equipo, goleado por el eterno rival.
La partida de cubilete más grotesca jamás jugada permitió observar cómo alguna cabeza emitía humo, cómo un “cazapatos” lanzaba los dados y cómo buscábamos dientes perdidos.

No es Berlanga. Es mi basca. Variada y disparatada. Amable y profundamente desagradable cuando se ensaña. Risueña y ocurrente.
Difícil compromiso el de repetir la experiencia, pero al menos podíamos intentarlo cada año bisiesto. El 2016 lo ha sido. Os espero en 2020.


martes, 1 de noviembre de 2016

81.- DEFUNCIÓN DE COMERCIOS

Y las hojas de los árboles vuelven a cubrir los parques.
Y volvemos a tener gobierno.
Y porque parece que la futura reunión de los del 66 prospera, continuaré con esta ociosa labor de recordaros experiencias pasadas y momentos vividos.

Tiempo de difuntos. Hallowen o Holywins. Payasos disfrazados de payasos. Fogones cocinando puches y buñuelos. Fechas para rememorar y visitar personas queridas que ya no están con nosotros.
Lento proceso por el que vive nuestra ciudad de nacimiento. Día tras día siente como le van extirpando miembros. Calles de bullicio transformadas en escaparates de locales de alquiler o almacenes de productos baratos. Poco antes de fallecer el formidable Jose Luis Lucas Aledón, dejó escritos, en un diario digital, unos relatos en los que aparecían los nombres y propietarios de las principales negocios de la ciudad. Mi memoria y mi edad no alcanzan a recordar tanta historia comercial, aunque intentaré repasar algunos de los más emblemáticos que han cerrado sus puertas.

Seguro que de niños todos hemos pegado algún cupón en la cartilla del As de Bastos. Era como completar un álbum de minicromos. Ferretería y cacharrería propia de una serie de televisión. Sitio de paso obligado para los que venían del pueblo y debían recoger todos los “mandaos” de vecinos y amigos. Nunca pensé que pudiera echar el cierre. Fue el precursor de una lista que el siglo XXI se encarga de engordar.

Enfrente, la Churre (del tío Santos, como siempre apostilla mi padre). Café bar de ambiente lejano. Con camareros activos, cañas frías y boquerones aliñaos. Nuevo chasco al enterarme de su anunciada y, no por ello, triste clausura.

Y en la esquina la fachada modernista del Banco Español de Crédito. Oficina bancaria a la que me gustaba entrar para jugar con sus puertas giratorias. Decenas de empleados llenaban salas y pasillos. Ahora un triste cartel con un teléfono de contacto anuncia su retirada.



Un poco más adelante se percibía el aroma de la pastelería Egido. Petacas de crema inigualables. También sufrió en alguna ocasión el pillaje de una banda de jóvenes hambrientos con efectos psicodélicos. Su competencia en milhojas, Lerma, también tuvo un amago de cierre. Afortunadamente, todavía se puede beber agua de su botijo.

La administración de lotería nº 2 de Carretería ya no venderá el gordo de navidad.

Los clientes más elegantes deberán buscar un proveedor que reemplace a la Moda Práctica. Los menos pudientes tampoco podrán rebuscar por las ofertas de Galerías Cuenca.

Los hermanos Azorín no tendrán que sufrir las mofas provocadas por su estatura (mención especial al cachondeo que vivimos entre juguetes comprando regalos para el amigo invisible una mañana de invierno). Y los hermanos Mora no verán sudar al sol a sus sardinas en barricas de madera.

También encontrábamos en la calle, sin local pero con “zona propia reservada”, a Velasco, el castañero que también vendía barquillos junto a librería Evangelio, a Isaías que sacaba brillo a los zapatos en los escalones del cine España, y hasta los Reyes Magos colocaban sus buzones frente a la juguetería Santiago.

D.E.P todos los negocios que nos ofrecieron algo útil durante un momento de nuestra vida y, ahora, ya no tienen continuidad. Espero que algún alcalde de la nueva política que nos aguarda sepa reconducir esta situación. Bien porque los jóvenes no puedan trabajar mas que en negocios familiares, o porque el destino les otorgue la varita mágica que sepa fomentar el maravilloso mundo del pequeño comercio.

jueves, 21 de abril de 2016

80.- GOBIERNO EN FUNCIONES

Y los demás funcionando.
Trimestre complicado.
Se que no esperáis noticias mías, porque aquí ya no entra ni el CNI.
Volveré con más ganas y más temas.
Esquiroles.


domingo, 6 de marzo de 2016

79- 1966

Mientras que Fraga se baña en Palomares con el embajador de Estados Unidos y en California enterraban a Walt Disney, en Cuenca inauguraban el Museo de Arte Abstracto y en su hospital (o en otros puntos de la península) iban naciendo conquenses semidesconocidos que con el tiempo se volverían legendarios.

Las familias que no se entretenían viendo el estreno de Bonanza, por no tener todavía televisión, se dedicaban a otras tareas, entre otras, al sacrificado mundo de la crianza en un mundo sin guarderías ni maxi cosis. A aquellas criaturas nacidas entre 1966 y 1967, les llamaron Generación X, y cuentan “que estaban más formados, pero encontraron más trabas a la hora de acceder a la vida adulta porque el coste de la vida era mayor y la vida laboral más competitiva”.
Pura cantinela que me suena a lo que luego ocurrió a principios del siglo XXI y oigo a diario en boletines informativos. Ahora los llaman “fuga de cerebros”. Tienen la oportunidad, tras viajar varias veces becados por proyectos europeos (en esos bacanales oficialmente denominados Erasmus) de seguir viajando a Londres, Berlin o París en busca de posibilidades laborales. ¡Pobres desgraciados! Nosotros nos tuvimos que alejar hacia Valencia, Castellón, Madrid, Zaragoza, Murcia o Toledo. Un poco antes conseguimos marchar a dedo hasta La Frontera o Poyatos.

También cumplirán este año los cincuenta peloteros como Futre o Stoichkov, bellezones como Cindy Crawford o Albert Pla, guerreros como Mike Tyson o Poli Díaz. Incluso el actual primer ministro británico vio la luz el mismo año que nosotros.

Gustavo Torner colocaba en Tejadillos el monumento que tantas veces visitamos cargados con mochilas y que conmemoraba el I Congreso Mundial Forestal (y último celebrado en Cuenca). Ahora en nuestra querida ciudad se dedican a conmemorar aniversarios (el L, el XX, centenario de…) cuando lo importante es que consigan iniciar nuevas actividades y no recrearse en lo que fue, en lo que ya no existe o hemos dejado que se muera.



Sufrimos, hace ya treinta años, como nos dejaba un amigo, el Liri, por el que brindamos cada navidad. Por desgracia algunos más quedaron por el camino, y los iremos recordando en capítulos concretos. Pero ahí seguimos los de la fiesta del jamón. Los de las cañas de los viernes. Los del grupo de whatsapp. Disfrutemos de otros cincuenta y consigamos organizar nuestro propio aniversario, aunque no tengamos ningún “patronato” que nos financie.

domingo, 31 de enero de 2016

78.- LA MELODIA DE NUESTA VIDA

La música nos acompaña en nuestra vida. Nos guste más o menos siempre aparece en actos recordados, celebraciones o desgracias. Asociados llevan alguna melodía. Pregúntele a los supervivientes del Titanic, a los soldados en las guerras o los deportistas triunfales.

El gusanillo rockero suele brotar en la juventud. En  el tránsito de la escuela al instituto. Los catorce años y la revolución hormonal. De esa época tengo dos canciones marcadas. La primera por la actuación musical de fin de curso y en la que algunos de los que están leyendo este blog participaron bailando y cantando sobre el escenario de la Aneja. The Buggles puso de moda el “video mató a al estrella de la radio” en aquel 8º de EGB. Y justo en el viaje motivo de la anterior recaudación, escuché el “Sultans of Swing” de mano de un maestro llamado Carlos. Me acompañó el resto de mi vida.

Cuando nuestros padres abandonaban temporalmente el hogar aprovechábamos para reunirnos y saquear el botellero. Música y acción. Y ahí se lleva la palma el último piso de un bloque en Princesa Zaida que botaba al compás de “Roxane” o “Tusk”. Más alejado, junto a la vía, hacía lo propio otro con “Killer on the loose” o “Urgent”.

Éxtasis y clímax visionando el antológico play back del Pepi en "Child in Time" cobijados entre las paredes del chamizo del Potasio. Asombro ante la velocidad de los dedos del Zombi tocando “Caballos de Fuego” (que por cierto me gustaría rescatar o conseguir de alguna manera). Coros acompañando el Delilah cantado a pleno pulmón por el futuro diputado, o alentando el insólito"Vaporusan" del polifacético LuisCar..

Memorables repertorios de canciones grabadas en cintas de cassette reutilizadas. Viejos reproductores que nos las emitían en acampadas o en habitaciones de colegios mayores. A su alrededor, risas, cánticos, bailes y buenos momentos.
Con tiempo conseguimos escuchar en directo a muchos de aquellos cantantes que sólo veíamos en las portadas de los discos y en los catálogos de Discoplay.



El tiempo ha mermado la motivación auditiva de muchos de vosotros. Lo se, viejos carcas, que sólo buscáis el placer por otros medios.
Además, de nuevo el siglo XXI ha vuelto arrinconar a una actividad cultural asociado a la música del rock. Bien por el pirateo digital, por la evolución y aparición del mp3, pero el fin de una era musical se está consumando.
Otrora nos acercábamos a la calle República Argentina  a comprar el LP en vinilo, o a escuchar una sesión en directo al Vaya Vaya. Este mismo mes han cerrado en nuestra capital, dos de los últimos locales asociados a este mundo melódico: la Sala Babilón y la tienda Caledonia. ¿Dónde escuchar ahora música en directo? ¿Dónde ir a comprarla?

También me he enterado que Discoplay cerró hace años. Un gran elefante caído bajo el yugo del poderío opresor, que diría algún seguidor del coletas.

martes, 15 de diciembre de 2015

77.- EN CIEN AÑOS, CALVOS

Pues bien, estamos a la mitad de este periodo y quedan pocos pelos por caer. ¿Quién imaginaba que aquellas cabelleras que protegíamos bajo la capucha de las coreanas se deteriorarían poco a poco? Nadie. Todos lo sabíamos, pero ninguno lo percibía. Ahora las gorras son una prenda más que trasladar.

Tipo pincho. Aquí encontramos un ejemplar único. Prototipo de cualquier catálogo capilar. Los motes que de allí derivaron marcaron una época: “Espinete” y “Brochas” entre los más destacados.
Alguno de sus más aventajados seguidores tampoco necesita peine ahora.

Melena al viento. Difícil determinar a quien correspondería el privilegio de liderar esta categoría, pues, aunque alguno todavía mantiene el sobrenombre de “El Pelos”, otros también disfrutaban de una vasta cabellera.
Tampoco andan ahora sobrados estos amantes de AC/DC y otros sonidos roqueros.

La pelambrera. Confusa categoría capitaneada por el portador de aquella mata que necesitaba de una cinta en el pelo para sujetársela. Complicada misión cuando tenía que manejar, bien con el pie o bien con la mano, el balón.
Sus rivales más allegados eran del sexo opuesto o de origen mandarín.
¡Cómo recuerdo, aquella foto en blanco y negro situados juntos en la puerta de la Chelo!

El flequillo. Parapeto que se precipitaba sobre las juveniles frentes. Moreno el del Liri y rubio el del Rubio. Ambos lisos, brillantes y seductores.

Engominado. Rara categoría para una pandilla como la nuestra, pero algún representante podrá dar fe de su uso clandestino.

Corte formal. El más común. Estandar. Modesto.
Viendo la trayectoria de los anteriores grupos, creo que ha sido el mejor respetado por el paso del tiempo. La mayoría de los que conservan algo de cubierta sobre su cabeza pertenecían a este pelaje.



Y luego estoy yo.
Llevan pronosticándome la llegada al mundo de la calvicie desde los 20 años, al igual que le ocurrió a mi padre.
Quien sabe si por ser integrante del último grupo, por experimentar las sensación de escuchar las cuchillas de afeitar sobre mi coronilla cuando era estudiante, o por recurrir a agresivos y periódicos cortes, que mis pocos pelos se mantienen ahí.
Hace un año dejé crecer mi barba durante 6 meses. Me compararon con la mitad de los personajes bíblicos: Barrabás, Noé, Moisés, Jesucristo, San Pedro. Con algunos más actuales como el Chacho, (prototipo español del hipster ¿se escribe así?).
Pero ninguno alcanzó la concreción de Pitiú (otro gran valedor del tema que tratamos), “Profeta Ananías”.
Nunca conocí su existencia.

viernes, 20 de noviembre de 2015

76.- ÍDOLOS CAÍDOS

Siendo niños nos sentíamos identificados con Koji Kabuto, Trampas o Sandokán. Personajes de ficción que resolvían conflictos a base de astucia, coraje y también, por qué no, mediante la fuerza. Es verdad que a veces de manera demasiado violenta.

Años después estos héroes fueron sustituidos por curvas femeninas de gran atractivo y movimientos sexuales. Sin entrar en gustos particulares, Sabrina, Samanta Fox o Marta Sánchez formaron parte de los pósters de la juventud en los ochenta. Otros preferíamos Maribel Verdú o Emma Suárez.

Luego irrumpieron con fuerza deportistas de renombre, protagonistas de gestas inolvidables que marcaban el estado de ánimo de una nación o una ciudad. Algo similar ocurre con artistas, cantantes u otras personas públicas. Nunca esperamos que, con el tiempo, cambien de actitud, se comporten incorrectamente, sean destronados por otros de menor entidad, o incluso sean desposeídos de sus títulos y honores.

En los últimos meses se han producido estas circunstancias. Por unos u otros motivos. Todo un campeón del mundo, foco de muchos chavales, tras tirar en la pista a un rival, ha tirado por tierra mucho de lo que tenía ya ganado. Pese a no ser español le tenía un gran aprecio, pero determinadas actos no pueden ser justificados, y menos negados y manipulados.

Pero lo que de verdad me lleva a titular este capítulo es el reciente fallecimiento de dos ídolos inigualables. Incomparables y únicos. Uno por su talento, su chispa, su candidez y enorme capacidad de hacernos reír. El otro por su fuerza, su potencia y velocidad, capaz de arrollar a varios rivales con tal de plantar el balón tras la línea de fondo.

No os asuste el acertijo. Finalizando el verano se nos fue Daniel Rabinovich. Un argentino con bigote que me ha hecho llorar en cada actuación a la que asistí. Pese a repetir diálogos que me sabía de memoria, mis mandíbulas se resentían al día siguiente. La vinchuca comenzó a formar parte de mi repertorio de sandeces y todavía no la he olvidado como “haya paz”, o "dejame vivir". “La kermesse de los sábados”, "Esther Píscore" y otros de sus innumerables números, tampoco.
No os perdáis esta actuación:

Esta misma semana la falta de salud se llevó a uno de los más grandes jugadores de rugby mundial. Ninguno como él consiguió que este maravilloso deporte llegara a zonas donde no se conocía. Una bestia que cuando cargaba contra sus oponentes los pisoteaba. Un ala de más de 100 Kg a todo tren, desbocado e intimidando a quien se cruzaba en su trayectoria hacia la zona de marca. Hasta que en este mundial Savea consiguió un ensayo de parecidas características, no he conocido a nadie igual sobre un campo de rugby.
La multitudinaria haka con la que le homenajearon sus compañeros de selección es la mejor demostración de respeto que he visto en un funeral.
Acompaño una viñeta bastante descriptiva de su adiós.



Estos son mis auténticos ídolos caídos. Se fueron sin trampas ni desaires.
Gracias a los múltiples vídeos de internet podré seguir disfrutándolos.