sábado, 13 de enero de 2018

90 .- "OTRA DE ARBOLICOS"

Una nueva colaboración. Abierta la ventana, entra aire fresco. Ideas y sensaciones próximas. ¡Ánimo! Todavía quedan más.

"Haciéndonos eco de la solicitud del maestro del blog, me animo a compartir estos pensamientos con aquel que se disponga a gastar unos minutos en su lectura.

Lo primero y obligatorio, mi más profundo reconocimiento a su labor divulgadora, salvaguarda de momentos, escenas, episodios, y como no, a su incansable afición de desempolvar recuerdos y vivencias. Aunque a buen seguro, sin la facilidad de verbo a que estamos acostumbrados en los relatos que nos regala, doy un paso al frente, y daré forma al mío.
Canciones, libros, comidas, bebidas, momentos especiales, sucedidos en general, forman parte de nuestras vidas, grabados todos ellos en lo más profundo de nuestra memoria, y por ello, en nuestras vidas. ¿Y arboles? No hay árboles en nuestras vidas, no forman parte de nuestros recuerdos, incluso de nuestro presente? Como no. Ahí van los míos.

La noticia de la muerte del ficus de Murcia, me encogió el corazón, como a cualquier persona. Como las fatales noticias de los incendios que nos han asolado este año. También el hecho que el incendio de Poyatos, “La Muela”, “Sierra Cuenca”, haya pasado sin ningún inculpado. Vamos teniendo suerte de no ser portada de noticiarios, aunque estuvimos cerca este año con el Monsaete. Por los pelos.
Sería fácil abrir el libro de árboles singulares de CLM para elogiarlos. Hubo uno que estuvo a punto de formar parte de él, incluso pasó el casting, si así se puede decir. Una tormenta huracanada lo derribo antes de que estuviese inmortalizado en ese libro. Era un pino magnífico, estaba a pie del camino que va hasta la Fuente de la Tía Perra y el Cerviñuelo desde la pista de saca que baja a Tejadillos. Bastante parecido a ”el candelabro” de los Palancares. Cinco ramas muy verticales desde poca altura del suelo formaban este impresionante pino. No recuerdo bien, si éramos necesarios cuatro o cinco chavales para abarcar lo más recio de su tronco. Azares de la vida. Un día pregunté por él aprovechando un viaje de trabajo a los agentes forestales con los que estábamos citados. Uno de ellos no lo conocía. Cómo lo iba a conocer si no tendría más de veinticinco años. Su acompañante sí. Cómo no, media vida trabajando en esos montes. Fue el que me informó de su rotura, tres ramas de las cinco que tenía. Aprovechando una corta cercana, decidieron talarlo. A buen seguro prefirieron verlo cortado que desmembrado. No lo incluyeron en la guía, porque según los autores, la idea era que ésta sirviese para que los lectores pudiesen visitar los árboles que en ella se recogían. En el recuerdo quedan algunos ratos a pie de aquel pino, tumbados en la cuneta del camino, con las mochilas tiradas, mirando su copa al aroma de algún cigarrillo liado.

El pino “pulpo” es uno de esos raros ejemplares que si no estás debajo de él, pasa inadvertido. Se trata de un pino tan deformado que sus ramas, ocho, por cierto, están totalmente volcadas hacia el suelo. De lejos más bien parece un arbusto gigante. Cuando estas cerca, bien podría ser una cabaña de buen tamaño. Es un árbol anónimo, no lo busquéis en ningún compendio. El que tenga interés en conocerlo tendrá que ir desde Villarejo- Periesteban a Poveda de la Obispalía.

Sin salir del entorno urbano, ¿quién no conoce el cedro de “navidad” del parquecillo de San Esteban? Menos mal que ya no lo adornan con esas bombillas de colores que lo mataban un poco cada año. Otro en el mismo parque, en el extremo opuesto, es una especie única, existen poquísimos como él. Según dicen llegó a nuestra ciudad por un regalo. Mi ignorancia botánica me impide escribir el nombre de la especie, lo dejaremos como el árbol de las verrugas, porque eso es lo que tiene su tronco. No muy lejos de allí, dos tejos flanquean la entrada a los jardines de la Diputación. Y pensar que no hace mucho hubo un burro, un gilipollas de Diputado de turno, que llegó a mandar que los cortaran porque decía el idiota que estorbaban en la entrada al palacio. Menos mal que la idiotez no es contagiosa, ¿o si?

 Y cómo no, “el árbol del amor”, que desde la curva de la Audiencia anuncia cada año la llegada del calor, llenándose de flores exuberantes. Basta, que nos ponemos melosos.

Algunos árboles he plantado, unos están, otros por falta de cuidados ya no. Ciruelos, perales, manzanos, membrillos, guindos. Incluso un laurel y un lilo que me proporcionó alguien no muy lejano a este blog. Un acebo en plantel rescaté de un montón de marras que iban a desechar en el vivero de la vieja carretera de Madrid. El encargado: “eso no vale”, “pierdes el tiempo”, “si eso no se cría ni en Royo Frio, como se va a criar en la puerta de tu casa”, pues ya tiene dos metros de alto, p’a que veas.

Pero tengo la grandísima suerte, que el árbol de mi vida lo tengo en mi casa, y es que también tengo la suerte de vivir en el campo. He visto crecer este árbol desde que era un retallo de unos pocos centímetros, que tuvimos que proteger con unas estaquillas del trajín de las obras, pisadas de perros, y demás avatares, comprobamos que se trataba de un pino, doncel, como los llama mi padre, de los bonicos, de los piñoneros. Hoy es un pino de unos cincuenta centímetros de diámetro, más de uno por cada año que tiene. Si hay algo con lo que tengo que identificar el lugar donde vivo es con este pino. Eligió nacer aquí y yo decidí acompañarle.






Sería un necio si terminara este ladrillo sin compartir estas imágenes que tomé esta misma mañana. Si hay que poner un nombre, sería Esperanza. Esperanza de que podamos ver en este monte arrasado vida nueva cuanto antes. Observar los retallos verdes de las chaparras como brotan en el terreno quemado. Seguro que los más doctos saben que es algo normal, que forma parte de la regeneración propia en estos casos. Para el resto, es una visión optimista, esperanzadora, sin más.




Es una zona que ardió este verano, según cuentan los que allí estuvieron, como la pólvora. Miedo, pánico, es poco lo que sintieron los que se jugaron allí el pellejo. Unos minutos hubieran bastado para que se hubieran visto envueltos en el fuego. Desde la carretera de Minglanilla, llegó a la de Enguídanos y a la de Paracuellos en un santiamén. Salieron como pudieron y dejaron arder a merced del viento. Por suerte, se sujetó."

martes, 14 de noviembre de 2017

89.- NUESTROS ÁRBOLES

La estricta sequía, a la que nos somete este supuesto y dañino cambio climático, provocó este verano que un ejemplar de Ficus macrophylla (lo que viene siendo vulgarmente un “ficus”) haya rasgado sus enormes ramas,  con la suerte de no causar graves daños para los que en la plaza de Santo Domingo se tomaban su cerveza con marinera.

Viendo las fotos en los periódicos locales y escuchando el dramatismo con el que los ciudadanos ya echaban de menos al emblemático ejemplar yo también me he acordado de aquellos árboles que nos dieron sombra, cobijo y nos acogieron bajo su morada.

Sin ánimo de lastimar, algún ejemplar se sacudió de encima jóvenes con espíritu de Tarzán. Una escayola en el brazo dejó sin fiestas y sin chica al más atrevido.

Muchos olmos se acartonaron en las últimas décadas. Las plazas de los pueblos a las que daban nombre se quedaron sin su titular. El de Tragacete, junto a la iglesia, también tenía un bar en su honor. Uno de sus últimos servicios fue ampararnos tras una etapa del Rally Raid.

Pero si alguna especie abarrota nuestro territorio, ese es el pino. Denostado por los ecologetas, ha cumplido una función protectora fundamental en el ámbito rural. Y no solo a nivel conservador, sino socioeconómico. Muchos pueblos han perdido ingresos y población por el desarrollo industrial y un proteccionismo mal entendido y por ende, peor gestionado.

En los Palancares todavía se mantiene esbelto uno de los pinos candelabro, abuelo, llamado “del sumidero”. Durante mi proyecto fin de carrera, sus más de cuatrocientos años me vieron pasear por sus alrededores cargado con la forcípula, cinta, lápiz y libreta. Casi cuarenta metros de altura y veinte de diámetro de copa. Categoría especial. Curiosas jornadas las que pasé tomando datos con un auxiliar de renombre, mi padre. Tan extraordinario, vetusto y fuerte como él.



El Pino del Osejón sobresale entre sus vecinos. Excepcionales dimensiones que podemos comprobar en un panel informativo colocado a sus pies. Eso sí, las moscas burreras esperan ocultas en las cunetas. Recomiendo cubrirse la piel frente a sus mordeduras.

Y el pino amigo. El que más nos ha acompañado. El que ha crecido junto a nosotros. El que, sigiloso, observaba las trampas del mus y el manoseo a las muchachas. Ahora le han quitado su banco. Su pareja inseparable. La restauración del viejo “Carrero” lo dejó viudo. Aun así, permaneció elegante entre el resto de los de su especie hasta que también fue eliminado.



Los chopos de las Hoces. Las sabinas de Tierra Muerta. Los tilos de la hoz de Beteta. En cualquier foto aparecen ahí, silenciosos junto a nosotros. Todavía están en pie. Otros, sin conocerlos, como las acacias, le pusieron nombre al callejón de la risa.

He plantado más árboles que he cortado. Tengo dos zagales que completan la pareja. Sólo falta que a través de este blog vaya confeccionando un libro, aunque sea de nuestra vida y apenas tenga una docena de lectores.

domingo, 29 de octubre de 2017

88.- " CUANDO LA SUERTE TE ACOMPAÑA"

Comienza el turno de colaboradores.Quisiera que no fuera el primero y último.
Abro este portal para que cualquiera pueda enviarme su opinión, manifiesto, relato o poema, siempre y cuando nos traslade hacia algún momento, olor, lugar o sentimiento.
¡Qué suerte la mía el poder compartir este texto! Os dejo con la experiencia de un grupo de jóvenes  en búsqueda de la libertad. Sin redes sociales. Sin memes. Sin ningún programa de televisión que lo retransmitiera. Ellos, el sol y la luna.
He omitido los nombres para no dejar pistas y emplazaos así a la averiguación del autor y acompañantes. Disfrutad.


"Dicen que la suerte hay que buscarla, pero también es caprichosa y aparece cuando menos te lo esperas. En este caso tuvimos mucha suerte. 
Aquella madrugada habíamos quedado en el “Carrero”, donde Pablo, previamente había concretado el viaje y nos fue ubicando uno a uno en distintos camiones que salían, creo recordar, a las seis de la madrugada hacia la sierra de Cuenca y nos dejaba en Uña. Hay que reconocer que tuvimos mucha suerte, no conozco a nadie con el don que tiene Pablo para buscar soluciones prácticas como esta, y viajar sin costarnos un duro. Fue in viaje diferente, fuera de lo habitual, pero sin duda muy divertido. Cada quince minutos cogimos cada uno nuestro camión correspondiente, VVVV, XXX, YYYY, ZZZZZ y yo.
La idea era ir desde Uña hasta el “Pozarrón” campo a través. En aquellos tiempos no había rutas señaladas y solo disponíamos de un viejo mapa y una brújula, y os aseguro, que “Indiana Jones” se queda en mantillas, de hecho, tengo que reconocer mi torpeza para la orientación, y aunque la brújula si la entiendo, aquel mapa era un auténtico jeroglífico, un mapa que no se si lo llevó Pablo o Javi, no lo recuerdo bien, pero fue nuestra suerte, nuestra pérdida y nuestro encuentro.
Era Diciembre. Comenzamos subiendo el rincón de Uña quedando encima de la piscifactoría, una subida peliaguda con mochila y ropa de abrigo, vamos, que si por poco llego. En la cumbre recuerdo que desplegamos aquel mapa, que en compañía de unos porros, nos hizo vislumbrar la ruta a seguir. Realmente yo me dejaba guiar, el efecto del hachís me desorientó por completo, incluso hoy día, aún sigo buscando el norte. Recuerdo ir el último andando, pero tuve mucha suerte, siempre me esperaban. 
Caminamos y anduvimos, subimos cerros y bajamos montañas, la brújula nos guiaba según el mapa pero nos perdimos. Sinceramente no me pilló de sorpresa, después de varias horas dando vueltas, eso sí, en el recorrido nos encontramos todo tipo de bicho viviente, desde vacas silvestres a caballos salvajes sin dueño alguno, porque no había señales de vida humana por ningún lado, y prosigo, después de pasar por paradisiacos valles, acabamos en una montaña altísima, allí nos llevó el mapa, la oxidada brújula y nuestra intuición, pero tuvimos muchísima suerte aunque nos encontrábamos totalmente perdidos.
La suerte fue encontrarnos un refugio en aquella montaña, al parecer ser de cazadores. La agilidad de uno de nosotros, obviamente no fui yo, hizo colarse por una ventana y abrir el refugio. Allí encontramos cocacolas, parrillas, camping-gas y luming-gas, y allí comimos y descansamos en las literas que estaban ataviadas con mantas de pura lana virgen, que por cierto, uno de nosotros se llevó una de estas magníficas mantas que por su abrigo y peso denotaba su calidad. A este refugio le llamamos el “maná”, fue una salvación encontrarnos aquel refugio después de una jornada ya, de más de seis horas andando. ¡Qué suerte tuvimos!
Pero nuestra meta no era esa, habíamos quedado con El Pepi en el “Pozarrón”, él nos esperaba allí. No teníamos móviles, o mejor dicho, no existían, y hacer señales de humo para decirle a Fernando que nos habíamos perdido fue imposible, como mucho llegamos hacer una O con la calada de un cigarro, las demás letras no nos salían. 
Emprendimos la ruta después de descansar en el refugio, por la tarde, y no nos dimos cuenta que en esas fechas a las seis se hace de noche. No llevábamos linternas, pero había una buena luna, así que, tuvimos mucha suerte otra vez. Y seguimos a nuestra brújula según el mapa, y andamos y andamos, y se nos hizo de noche, y el frío empezaba a meterse en los huesos, y el cansancio hacía mella, en fin, que allí estábamos los cinco en mitad de la Sierra sin saber para donde tirar hasta que la suerte volvió aparecer. Estábamos pensando ya en dormir a la intemperie, cuando uno de nosotros dijo:
 - Me ha parecido ver una chispa en el cielo. No podemos estar muy lejos del Pozarrón.
 Y otro contestó:
 - Este paisaje me suena, vamos a seguir un poco más.
Y seguimos a las chispas del cielo, la buena suerte hizo que la magia apareciera porque aquellas chispas salían de la chimenea del Pozarrón. Fernando no hizo señales de humo, hizo un fuego tan grande que nos salvó de dormir al raso estando a pocos metros del refugio. ¡Qué suerte tuvimos! 
Enseguida vimos el coche de Fernando y el Pozarrón. Habíamos llegado a la meta. Fernando nos esperaba nervioso, habíamos tardado todo un día en llegar, pero él no se rindió, no se marchó, nos esperó y nos recibió al calor de la lumbre. Pletóricos nos abrazamos como hermanos, lo habíamos conseguido. La suerte estuvo de nuestra parte.
Recuerdo cambiarme de ropa interior y de calcetines. Llevaba una camiseta de “abanderado” que se mojó del sudor y con el frío de la noche podía ser causa de una pulmonía. Los demás también se cambiaron, había sido un día muy largo y queríamos estar cómodos. Después estuvimos alrededor de la lumbre….
Como digo, la suerte hay que buscarla, pero también es caprichosa. La suerte que tengo es esta, la de tener amigos y compartir experiencias. ¡Qué suerte la mía!"

jueves, 25 de mayo de 2017

87.- LOS PALABROS DEL "POGRESO"

Cuando comencé, en el siglo pasado, la vida profesional a la que me dedico, no dejaba de escuchar conceptos como uso público, o desarrollo sostenible. Anteriormente, en la universidad aparecieron otros, y el pleno apogeo, como conservación y ecología.
Ahora hemos pasado a la era de la “la economía circular”. ¿En que consiste? Pues los eruditos del tema la definen como “la intersección de los aspectos ambientales y económicos” o en un “modelo económico lineal de tomar, hacer, desechar basado en disponer de grandes cantidades de energía y otros recursos baratos y de fácil acceso.”

¿Qué? ¿Pizcuetos os quedáis? Yo también. Estas tendencias seguro que nos obligarán a instalar o gastar parte de nuestros ahorros en elementos que ayuden a esa “intersección”.
Todavía recordamos a los abuelillos solicitando, con tenue voz, “me da botella”. Auténtica máquina de reciclaje del vidrio. Aquellas botellas vacías que difícilmente quedaban abandonadas en las aceras o en lo muros del casco antiguo. Pues sí, existió un tiempo en que el vidrio era “retornable”, que no “reciclable”. Eso se traducía en que “valía pasta” y, ¡ah, machote!, cuando hay money de por medio no existe basura.

Y no solo vidrio. En el barrio cercano a la estación donde yo vivía, formamos unos comandos infantiles para recoger cartones y papel. Realizábamos inspecciones en la cercanías de Ultramarinos Mora (gran proveedor de cajas vacías) y de otros comercios de la zona. Arrancábamos las capas de carteles superpuestos por la cola de las paredes de los que ahora es “Dormitienda y Banco Sabadell”. El objetivo, adquirir camisetas para jugar un torneo de fútbol. Mi primera camiseta deportiva, de rayas negras y amarillas.



Pues sí, “economía circular”. Adquieres cualquier objeto y por pequeño que sea lleva agregado varios envases y envoltorios. Preferentemente de plástico. Un triste snack se convierte en un paquete de residuos. Los botellones generan más restos que un derrumbe urbano. Bajar la basura precisa de un equipo de porteadores que te acompañen.
!Todo sea por el medio ambiente! ( no tengo emoticono que acompañe esta sensación de agotamiento)

sábado, 22 de abril de 2017

86.- HARVACETE

Albacete, “**** y vete”. 
Eso es lo que hice yo la primera vez que estuve allí.
Una mañana, tras larga ronda nocturna, viajé hasta la ciudad manchega para matricularme en la universidad. Así lo hice. Pasé por los aseos y me volví a Cuenca. Semanas después me trasladé para vivir durante algunos años.
Vida estudiantil en piso para estudiantes compartido con otros estudiantes. A veces divertido, otras no. Los recuerdos frescos de mi estancia en “El Santa” de Madrid me consumían.
Pero ahí estaban mis amigos de la infancia que me visitaban de vez en cuando. Acompañados o no por sus parejas, visitábamos El Quijote y el Tejares para beber resoli al compás de los Héroes del Silencio o del Último de la Fila. Curiosa combinación y bebercio a precio de saldo.
Puede que esta extraña influencia nos hiciera ver escenas tan pintorescas como cazar patos en un céntrico parque de madrugada o apretarnos en los cochecitos de la feria al son de los “Payasos del tele”.
También descubrí que a algo parecido al morteruelo le llaman ajo matadero y, sin embargo, si quieres ajo arriero tienes que pedir atascaburras. Que las cañas con caracoles en primavera están muy ricas. Disfruté de un histórico partido de ascenso a primera división  sentado junto al fallecido Gaspar Rosety viendo a jugadores de la clase de Catali, delfín Geli o Zalazar dirigidos por Benito Floro.
Trasnoché en las fiestas de San Juan y en las de septiembre. ¡Cuanto tiene todavía que aprender Cuenca de su organización! Un comando enviado desde Cuenca en autobús, escoltando al Potasio en su despedida de soltero, se convirtió una de mis últimas batallas en su recinto ferial.


El objetivo se cumplió. Quema de apuntes en la hoguera de San Juan, título a la carpeta curricular, plataforma al mundo laboral y hasta nunca.
Ahora se cumplen 25 años de la hornada que promocionamos en el 92. Las redes sociales nos han unido tras tanto tiempo y en octubre quedaremos para rememorar viejos tiempos.

martes, 28 de marzo de 2017

85.- CARTELERIA CUARESMAL

El mundo de la imagen y el sonido.
Fotos y vídeos por doquier. Información asimilada al instante. Cómoda, holgazana y, la mayoría de las veces, soez.
Me contaron que el auge de las vidrieras en la edad media venía respaldada por la imperiosa necesidad de cristianizar e informar a un gran colectivo de la población analfabeta. Las místicas imágenes sobre cristales coloreados les ahorraban el tedioso trabajo de leer fragmentos de los evangelios, imaginándose los pasajes mientras los observaban iluminados por los rayos del sol.
Pues mil años después seguimos igual. Poca lectura. Mucha observación.

Pero a mi también me gusta el mundo visual. Y uno de sus mayores exponentes es la cartelería. Festiva, lúdica o cultural. Y en especial la que nos anuncia nuestra gran semana conquense. Siete días que se transforman en una representación irreal. Como dice Bumbury "el mismo teatro, en el que tantas veces, actuó".
Para divulgar esa tradición se elige el cartel de Semana Santa. Obra publicitaria a veces convertida en arte y otras en triste papel pegado en un escaparate.
Tengo algún recuerdo de los editados en los años cincuenta, porque aún no habiendo nacido todavía, los veía en folletos y librillos que guardaba mi abuelo. Incluso duermo de vez en cuando debajo de el que anunciaba la del 53.
Los del Grupo Delta de los setenta son inolvidables. Nazarenos y casco antiguo. Pura cepa del conquensismo en plena transición. Continuidad fotográfica en los ochenta de la mano de los hermanos Culebras y Amancio Contreras . ¿Quien no tiene en mente ese Ecce-Homo escoltado por piedras calizas sobre el anochecer ocre del cielo? Y por entonces que aparece El Pedagogo con un cartel distinto, rompedor y catalogado como de los más atrevidos y más vistosos de la época moderna. Bruscos trazos negros sobre fondo blanco. Así de simple, Genial. Suerte tenemos de que treinta años después siga pintando y exponiendo. ¡Histórica noche con él en el Cano previa al Camino del Calvario!
En aquellos otros años en que se elegía por concurso, el que escribe se presentaba ilusionado con ver colgado de la sala de la Caja de Ahorros de CyCR su modesta obra. Fue el inicio de una afición que todavía perdura, y alguna alegría me ha dado.
Y de ahí a los encargos. Prestigiosos autores de distinto estilo han intentado con mayor o menor gloria difundir nuestra Semana Santa.  En 1996 aparece la obra maestra. Saura y sus monigotes. Nazarenos transformados en turbos y espectadores. Todo revuelto. Caos y desorden entre la multitud.
Mosset y Zapata volvieron a emocionarme. Gore o no, el de este último cuelga sobre mi almohada y junto a su trabajo en las puertas del Salvador consiguió ganarse, pese alguna que otra crítica, el respeto de la calle.
Ha sido lo mejor del siglo XXI, periodo en donde algunos coetáneos nuestros no han convencido. Diacha volvió a la tradición fotográfica componiendo un cartel sobrio, de los de antaño.



Paralelamente, una asombrosa colección. Cualquier edición de la Semana de Música Religiosa ha estado precedida de un maravilloso cartel.
Abstración y mensaje. Sin imágenes. Colores y sencillez. Artistas consagrados pintando corcheas.



Mientras tanto, yo sigo aquí. Captando ideas, momentos, instantes que me sirvan de inspiración para continuar compitiendo. Hasta ahora no me ha ido mal. Varias veces ganador de un modesto concurso de las redes digitales y otras tantas finalista o recibiendo una mención especial.
Un hobbie trasladado a otros campos menos místicos como la divulgación en asuntos de playas, incendios o fiestas populares. Trabajos que quedarán escondidos en algún sitio, y tal vez puedan ser observados por alguien que venga detrás.








sábado, 4 de marzo de 2017

84.- CARNAVAL

De entre las dos propuestas etimológicas de “carnaval”, no sé si prefiero la segunda a la primera.

El origen latino carnem-levare, “abandonar la carne”, está más ligado a las consecuencias religiosas dictadas por la iglesia en aquellos siglos más propios de los Stark o los Targaryen. Comienza la Cuaresma, y los viernes serán día de sardinas. Para celebrarlo, los conquenses la reciben comiendo chorizos con tortilla por los prados de las hoces cercanas a la capital. Como ahora, los nacidos en el siglo XXI celebran todo de igual manera, se reparten carros de Mercadona y se esparcen botellas y plásticos por esos parajes naturales. Pese a que algún barrio ha intentado fomentar el disfraz y la comparsa, ya han trascurrido suficientes años para demostrar que el conquense no está preparado disfrutar de esta festividad. Pese a eso, durante aquellos maravillosos años noventa, tuvimos momentos para colocarnos una máscara, una peluca o unas gafas y pintarnos la cara para transformarnos en hippies, indios, monjas o personajes de dudosa definición. Registros fotográficos lo certifican, aunque cueste identificar al titular del disfraz. Cuenca, Palomera y Madrid fueron testigo de ello.
Sin embargo, no muy lejos de allí, en aquellas tierras manchegas donde nuestro amigo LuisCar montó su negocio, pude disfrutar de unos de los mejores Carnavales de España. Imaginación a raudales y desenfreno en las calles. Crítica y burla sin rencor. Simplemente ganas de pasarlo de bien. Eso sí, con una larga tradición detrás.





El segundo planteamiento nos lleva hasta su origen celta. Dicen que “Carna” era la diosa de las habas y el tocino, y estos ingredientes me trasladan hasta Murcia (los michirones no existirían sin ellos). Lejos de abandonar la carne, la fomentan. Caderas, ombligos, escotes y muslos al compás de las charangas se exhiben por las calles de Águilas o el Cabezo de Torres. Eso del periodo cuaresmal se las trae al pairo. Los días grandes son el fin de semana posterior al Miércoles de Ceniza, y hasta la sardina la entierran después de Semana Santa. La anarquía oficializada. Son así.

Recuerdo un profesor mío de la universidad que impartía sus clases ataviado con una peluca, o con una máscara, porque en su pueblo vivían el carnaval con intensidad. Ojalá en Cuenca estuviera arraigado como en otros territorios, hubiéramos visto más carne por la calle y yo me hubiera podido comer aquellas costillas en las Brasas.

viernes, 27 de enero de 2017

83.- FUENTES

Y no Vicente, Bascuñana de segundo. Fuentes de agua limpia y fresca, de muros y pilastras húmedas, asiento de cobijo de amigos y celebraciones.

Muchas nos han observado y, en ocasiones, soportado. Se ofrecieron para aclarar gargantas, enjuagar vasos, refrescar frentes y limpiar platos.

Algunas como la del Porland, la de la Ronda de Julián Romero, San Nicolás o la de las Carmelitas sirvieron de lugar de encuentro y festividades. Añorados cumpleaños bañados en zurra y risas. Algunos, al resguardo del sol de verano y otros expuestos al gélido ambiente del inverno. Todavía circulan leyendas sobre las memorables disputas, con otras pandillas de la época, para apoderarse de los poyos de piedra que las rodeaban. Batallas verbales y temporales porque, indudablemente, el que primero llegaba no garantizaba el éxito de la conquista, sino el grupo que conseguía reunir, al menos, media docena de traseros que aposentar. Y en esto, éramos unos maestros. Los más rápidos y tempraneros. Puede que incluso tuviéramos asignado ya el sitio por nuestra constancia.

Otras fuentes urbanas no gozaron de nuestra permanencia. Su ubicación tan sólo servía para refrescarnos la boca, aliviar calores. La del Jardín del Salvador, Plaza de los Apóstoles, escaleras de los Tintes o de la Calle San Pedro conocen bien las fechas en las que la ciudad enloquece, la plebe se alborota y agradece refrescar el gaznate. Recogida a casa tras las Turbas o paseos p’arriba y p’abajo en Vaquilla.

En nuestros recorridos por la sierra conquense, la de la Tía Perra o Vaquerizas recordarán los berridos nocturnos emitidos por humanos. Sonoros bramidos de mayor o menor calidad. Inolvidables los de nuestro querido Juanan, "La Liebre".

Este otro blog describe y muestra en imágenes una completa colección de fuentes naturales: http://elbrilloenlamirada.blogspot.com.es/2015/03/fuentes-de-la-serrania-de-cuenca-1-parte.html 




Ahora, un reducido grupo de amantes de la naturaleza se encarga de recuperar aquellas otras fuentes olvidadas y deterioradas. Un miembro de ellos es de los del 66, y uno de sus últimos trabajos está a punto de terminar. Bien cerca me queda de casa para llenar la cantimplora en verano.

lunes, 28 de noviembre de 2016

82.- MAJADEROS DEL 66

Y por fin se culminó el reagrupamiento.
Aquellos mozalbetes que respiraron por sí mismos hace diez lustros se reunieron en la sierra conquense para compartir momentos. A cuentagotas fueron llegando a la casa y, tras chocar manos, palmear espaldas o abrazarse, se lanzaron a sofocar su sed junto al calor de las llamas.
Casi todos comparecieron a la llamada. Algunos faltaron. Pero en pocas ocasiones, tanta testosterona se había apiñado desde que la juventud les abandonó.




Puede que algunos ni se acuerden de la cantidad de sal con la que debían aliñar su arroz ciego. Otros ni siquiera de que se proyectara un corto con imágenes de antaño. La mayoría lloró de risa viendo como el maestro Gila había seleccionado un nuevo compañero. Y en general, todos los presentes se surtieron de todo lo que el momento requería y el cuerpo solicitaba. Un remolque repleto de viandas dio fe de ello.
La noche repartió cuerpos por los colchones compartiendo sábanas y el amanecer puso los fogones en marcha para reponer fuerzas.
Soleado día de noviembre que facilitó la marcha por la que cruzaron monte de roble y pino. Verde y amarillo. Fotos y risas. Aire fresco para renovar energía. Posteriormente, las chuches del mar y los caldos de la uva lo lograron con creces. Hilarante sobremesa que algunos alargaron jugando al mus. Felinos compartiendo siesta por las habitaciones.
"MCenD". Más de ochocientas veces fue contabilizada y escuchada esa tarde. No había motivos para expresarse así. Todo transcurría por buenos cauces, incluso para los que vieron perder a su equipo, goleado por el eterno rival.
La partida de cubilete más grotesca jamás jugada permitió observar cómo alguna cabeza emitía humo, cómo un “cazapatos” lanzaba los dados y cómo buscábamos dientes perdidos.

No es Berlanga. Es mi basca. Variada y disparatada. Amable y profundamente desagradable cuando se ensaña. Risueña y ocurrente.
Difícil compromiso el de repetir la experiencia, pero al menos podíamos intentarlo cada año bisiesto. El 2016 lo ha sido. Os espero en 2020.


martes, 1 de noviembre de 2016

81.- DEFUNCIÓN DE COMERCIOS

Y las hojas de los árboles vuelven a cubrir los parques.
Y volvemos a tener gobierno.
Y porque parece que la futura reunión de los del 66 prospera, continuaré con esta ociosa labor de recordaros experiencias pasadas y momentos vividos.

Tiempo de difuntos. Hallowen o Holywins. Payasos disfrazados de payasos. Fogones cocinando puches y buñuelos. Fechas para rememorar y visitar personas queridas que ya no están con nosotros.
Lento proceso por el que vive nuestra ciudad de nacimiento. Día tras día siente como le van extirpando miembros. Calles de bullicio transformadas en escaparates de locales de alquiler o almacenes de productos baratos. Poco antes de fallecer el formidable Jose Luis Lucas Aledón, dejó escritos, en un diario digital, unos relatos en los que aparecían los nombres y propietarios de las principales negocios de la ciudad. Mi memoria y mi edad no alcanzan a recordar tanta historia comercial, aunque intentaré repasar algunos de los más emblemáticos que han cerrado sus puertas.

Seguro que de niños todos hemos pegado algún cupón en la cartilla del As de Bastos. Era como completar un álbum de minicromos. Ferretería y cacharrería propia de una serie de televisión. Sitio de paso obligado para los que venían del pueblo y debían recoger todos los “mandaos” de vecinos y amigos. Nunca pensé que pudiera echar el cierre. Fue el precursor de una lista que el siglo XXI se encarga de engordar.

Enfrente, la Churre (del tío Santos, como siempre apostilla mi padre). Café bar de ambiente lejano. Con camareros activos, cañas frías y boquerones aliñaos. Nuevo chasco al enterarme de su anunciada y, no por ello, triste clausura.

Y en la esquina la fachada modernista del Banco Español de Crédito. Oficina bancaria a la que me gustaba entrar para jugar con sus puertas giratorias. Decenas de empleados llenaban salas y pasillos. Ahora un triste cartel con un teléfono de contacto anuncia su retirada.



Un poco más adelante se percibía el aroma de la pastelería Egido. Petacas de crema inigualables. También sufrió en alguna ocasión el pillaje de una banda de jóvenes hambrientos con efectos psicodélicos. Su competencia en milhojas, Lerma, también tuvo un amago de cierre. Afortunadamente, todavía se puede beber agua de su botijo.

La administración de lotería nº 2 de Carretería ya no venderá el gordo de navidad.

Los clientes más elegantes deberán buscar un proveedor que reemplace a la Moda Práctica. Los menos pudientes tampoco podrán rebuscar por las ofertas de Galerías Cuenca.

Los hermanos Azorín no tendrán que sufrir las mofas provocadas por su estatura (mención especial al cachondeo que vivimos entre juguetes comprando regalos para el amigo invisible una mañana de invierno). Y los hermanos Mora no verán sudar al sol a sus sardinas en barricas de madera.

También encontrábamos en la calle, sin local pero con “zona propia reservada”, a Velasco, el castañero que también vendía barquillos junto a librería Evangelio, a Isaías que sacaba brillo a los zapatos en los escalones del cine España, y hasta los Reyes Magos colocaban sus buzones frente a la juguetería Santiago.

D.E.P todos los negocios que nos ofrecieron algo útil durante un momento de nuestra vida y, ahora, ya no tienen continuidad. Espero que algún alcalde de la nueva política que nos aguarda sepa reconducir esta situación. Bien porque los jóvenes no puedan trabajar mas que en negocios familiares, o porque el destino les otorgue la varita mágica que sepa fomentar el maravilloso mundo del pequeño comercio.