viernes, 26 de junio de 2015

70.- EL BUS DE LA PLAZA

Mientras esperábamos al sol frente al extinto cine Xucar planificábamos la tarde. La compañía, las viandas y las expectativas. Todas buenas. Ya habíamos descartado la subida por el "camino corto", pues hacía calor o no apetecía caminar.

Un sonido ronco e inconfundible pregonaba la cercanía del bus por Fermín Caballero. Tras guardar cola,  subíamos los escalones y después de abonar las pesetas reglamentadas nos apretábamos lo más atrás posible, ya que en posteriores paradas nos invadirían más jóvenes. Gente reconocible, amiga o enemiga, que hablaba, reía y fumaba junto a ti. El reducido espacio se inundaba del humo del tabaco, de los aromas femeninos y de los sudores generales.

Una vez que iniciaba el ascenso del Puente de la Trinidad comenzaba la aventura. Con la incertidumbre de si conseguiría llegar arriba o a qué hora. De si el adoquinado de la calzada facilitaría el trayecto o se abrazaría a sus ruedas suplicándole clemencia. Nunca sufrimos ningún percance, avería o vuelco. No tengo la menor duda de que estuvimos expuestos a ello y de que el árbol de la curva del Escardillo también empujaba colaborando para que finalizara el viaje, pero la verdad es que el vetusto bus azul de la Plaza nos transportaba fielmente cada vez que se lo requeríamos.


No he podido conseguir ninguna imagen del cariñoso autobús del que hablo,  pero intentaremos encasillarlo entre su antepasado y su nieto.



Las bajadas siempre fueron menos numerosas, pero mucho más ricas en anécdotas. Las que habíamos alimentado durante esa tarde-noche.

¡La conseguí!  Meses después, pero ahí está.






viernes, 5 de junio de 2015

69.- DE CAÑAS (3)

Refugio matutino de los días de frío y agua, y salón de reuniones en las tardes de agua y frío. Un pequeño rincón próximo al Instituto y al Garito del Sastre que vino a sustituir al legendario banco en la intemperie del parque del Carrero.

Además de los, nunca desapercibidos, cambios físicos de la adolescencia, nuestros bolsillos comenzaban a manejar monedas, no muchas, y el carnet casi nos permitía votar en las recién incorporadas elecciones democráticas. Aun así, las cervezas todavía estaban a disposición de los futuros electores.

Cervezas compartidas en recipientes de litro, a los que en Madrid les llamaban “minis”. El precio de la caña todavía no nos permitía disponer de la ración individual, pero la participación colectiva de la ingesta cervecera hacía “pìña”, y servía para solicitar los apreciados aperitivos del local.

Detrás de la barra, su dueño. Jose. Sin acento. Con el aprendizaje familiar que el gremio le transmitió, consiguió hacer parroquia juvenil mientras mantenía la afianzada clientela. Sus bazas: la cerveza, los aperitivos, el cubilete, el tabaco y la música. Rock y pop tradicional, pero no tan comercial. Además de lo habitual en la época, allí se escuchaba Joe Jackson, Los Ilegales o Fabulosos Cadillacs. A su vera Manolo. Sucesor y regente actual de la esquina de la calle Colón. ¿Cuántos botellines nos habrá servido? Y a veces presente, pero al margen, Ann. Silenciosa y observadora.



Entre tertulias, partidas de cubilete o de mus, chascarrillos sexuales pasaron los años. Esas paredes no olvidarán nuestros rostros, nuestros olores ni nuestras voces, porque además de la perseverancia resistieron nuestros brochazos. ¡Memorables jornadas de pintores las que se vivieron en las tardes veraniegas! La conjunción era completa: predisposición y ofrecimiento del jefe, disponibilidad de bebida gratuita y ganas de pasarlo bien. No recuerdo que los resultados del trabajo fueran tan deplorables, aunque sí el estado de los autores. El caso es que aquella experiencia se suprimió en lo sucesivo, pero en nuestra memoria todavía perdura.

La empresa se propuso abrir camino en el mundo de copas nocturno. Así nació el Bataplán. Pero eso vendrá en otro capítulo.

viernes, 22 de mayo de 2015

68.- PARECIDOS Y NO IGUALES

Cuando la situación y las ideas no andan sobradas de argumentos que ayuden a tomas determinadas decisiones, os animo a descubrir un sencillo juego, muy propio de la hoja pasatiempos del SuperPop.
¿Quienes son estos personajes? Pues cualquier famoso que, cada vez que veo su rostro, me recuerda a un conocido nuestro. Y ahí os los dejo para que conectéis imagen con el nombre de su parecido. 
Vuestro es el voto. Ahí están los "ciudadanos". Seguros que "podéis".


Y ya que hemos agilizado la mente, estamos preparados para seleccionar la papeleta a introducir en las cajas transparentes. El domingo volveremos a escuchar que todos han ganado, y en realidad llevan ganando muuuuuchos años. 
Suerte a los representantes de pequeñas poblaciones. Sus vecinos no les defraudarán. 
Suerte a los que apoyan a nuevas iniciativas. Seguro que saldrán favorecidos.
Y suerte a los que hayáis adivinado el acertijo, pronto se recompensará con una nueva entrega.

lunes, 4 de mayo de 2015

67.- LAS HOGUERAS

Aunque el origen de su celebración (según leo) es confuso, yo me apunto a seguir quemando. Bien sea cartón, madera o trapos viejos. Tengo vagos recuerdos de mi infancia. De tardes en las que los amigos del barrio buscábamos material combustible en los “oscuros terrenos” de la Estación, más allá del aparcamiento, lo que ahora está detrás del Mercadona y la “U”. En ocasiones ardía bajo nuestro control y en otra contribuía a engordar la hoguera del barrio de la Paz.

Es cierto que se ha perdido la tradición, y con ello las patatas asadas y las rondas con las botas de vino. Pero esto lo cuentan mejor en estos enlaces. Los dos primeros del incansable “Chicuelito” y el tercero publicado hoy en el diario local digital.


Hoguera preparada por la Hdad de la Vera Cruz

El día de hoy también me ha proporcionado una satisfacción personal. Alguien superior (en escalafón) a mí, ha perdido su condición. Y como dice el refrán “ a todo cerdo le llega….” Aplíquense el cuento todos los que luego vengan. Sus puestos son temporales, algunos más durareros que otros, pero inexorablemente caducos. Aviso también al resto de navegantes políticos que andan frotándose las manos.
“La hoguera” de Javier Krahe les puede servir de anticipo:

Es un asunto muy delicado el
de la pena capital,
porque además del condenado,
juega el gusto de cada cual.
Empalamiento, lapidamiento,
inmersión, crucifixión,
desuello, descuartizamiento,
todas son dignas de admiración.

Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.

lunes, 13 de abril de 2015

66.- MIS CINES

Hubo un tiempo en el que en Cuenca había más cines que polideportivos. Época en la que las salas oscuras servían incluso para algo más que para ver películas. Y de eso se yo, que oficié de “escopeta” en Acorralado. Fue en el Xucar, cuando era el único que sobrevivía a la amenazante incorporación de los multicines.

El Xucar destacaba por los estrenos. Todavía recuerdo la cola en la acera para ver “ET”. Familias enteras se arremolinaban junto a sus escalones, y salían con lágrimas en los ojos deseando recomendarsela al resto de sus conocidos.



La taquilla infantil quedaba a cargo de los cines Alegría y Avenida. El paso del tiempo jubiló al primero y las aventuras de Tarzán fueron sustituidas por las de Pajares y Esteso en el segundo caso. Dobles sesiones, júbilo y jolgorio en la sala hasta el apagón de luces. Luego exclamaciones y admiración ante lo que en la pantalla se proyectaba.

Dejo para el final al cine España. Un entorno prohibido para los menores. El promotor de las “S”, de Emmanuelle y todo lo que vino después. Entre escarceos pubertinos logramos entrar a alguna de sus sesiones. ¡Qué aburrimiento y sopor en la sesión del "Impero de los Sentidos"! Aunque lo que más recuerdo es del ciego aprendiz de diálogos en "La muerte tenía un precio".


Pero además, nos aportaban unión, curioseo y habilidades manuales. Algunos más que otros. Ya no sólo entre butacas, sino frente a los paneles de corcho que mostraban los carteles y fotografías de las películas expuestas. Algunas de esas chinchetas terminaron en los bolsillos de mis pantalones, al igual que los cartones e imágenes que sostenían. Todavía guardo entre carpetas la de una nave caza replicantes de Blade Runner.

Después abrieron los Multicines. Lejanos. Con salas minúsculas e impersonales. Coincidía con la llegada de los VHS, pero ese paso rompió la relación que el cine tenía con los conquenses.
Ahora no se lo que hay. Hace años que no los piso. Se que el sonido es atronador, las imágenes casi reales, (incluso con unas gafas de cartón generan vértigo) pero el ruido de las palomitas y de los dedos buscando en el interior de las bolsas de snacks no me permiten asistir.


Los ciclos de cine deportivo, amateur o de documentales servían para pasar una tarde cultural mientras huíamos del frío ambiente de la calle. Bien en los salones de la Caja de Ahorros del Parque San Julián, o de la Biblioteca, podíamos disfrutar de películas que en situaciones normales nunca hubiéramos visto.

Y ya en Madrid, alguna que otra asistencia a sesiones maratonianas en el Santa Mª, donde llegábamos a ver cinco o seis películas seguidas, sin más descanso que el de acercarse a la barra de la cantina o a evacuar líquido. Como premio a los tenaces espectadores, se remataba la función con algunas más subidas de tono que hacían enforverecer al público asistente. Tanto, que hasta la policía tenía que personarse, avisada por molestos vecinos, y fracasaba en su intento de apaciguar los exaltados ánimos.

martes, 17 de marzo de 2015

65.- TAMBORES Y CORNETAS

Dentro de doce días se escuchará por las calles de Cuenca un sonido que pone en alerta los sentidos de cualquier conquense. Le guste o no. A mi me estremece y reactiva. El primer redoble de tambor que sigue al breve toque de corneta pone en marcha mi mecanismo sustentado a base de resoli y torrija.

De chiquitito me acuerdo de que esperaba junto a mi casa, en las escalerillas del Hospital de Santiago, a los primeros acordes que anunciaban la llegada de la Borriquilla. El “proorrponn ponn prrrooorrrrpppooroborobnnnn prrn…” que retumba entre las fachadas de las calles estrechas y bombea el corazón como el de un ciclista en plena subida.

Años después aprovechaba la ventaja de la edad para disfrutar en primera fila de la velocidad de palillos a la que tocaba el principal tambor de la Guardia Civil. Fácilmente identificable con sus gafas de sol destacaba entre el resto por su seriedad y habilidad. Todavía añoro el sonido de sus gaitas.

Aquellos cordones amarillos que sobresalían sobre el oscuro empedrado parecieron heredarlos los integrantes de la banda de Pavía. Sus músicos, jóvenes y apuestos, alegraban la vista de las chicas e incluso se animaban a compartir tragos de resoli con los nazarenos tras la procesión.



Falta hacía que el vacío de la banda de la Benemérita lo ocupara alguien de igual o mayor valía. Se consiguió con ilusión, esfuerzo y, sobre todo, con mucho sacrificio. La banda Amigos de Cuenca acumuló kilómetros de procesiones durante años. Bajo el frío, el calor, el viento, el frío e incluso la nieve. Con llagas en la manos y en los labios, pero con la misma ilusión de domingo a domingo. Sin desfallecer. ¡Cuantas veces los he visto comerse el bocadillo, agotados, en el jardincillo del Salvador entre procesiones los Viernes Santo! Y luego, oírlos desfilar en el Entierro como si fuera el primer día de la semana.

Actualmente han pasado a integrar la Banda de la Junta de Cofradías. El otro día los disfruté en un concierto muy emotivo. Este año estrenan uniforme. El color rojo da paso al negro, pero su sonido sigue siendo impactante. Ya estoy deseando escucharlos por la calles de Cuenca.


(enlace de algunos sonidos:  http://www.jesusamarrado.com/semanasanta.asp?codigo=sonidos)

martes, 17 de febrero de 2015

64.- COMPAÑIA ANIMAL

Ayer murió Vito, el perro que más me ha querido. Su nombre completo, Vitorino, le venía por su  morrillo rizado color castaño similar al de los toros, aunque sus rizos se le extendían por todo el cuerpo. Cuando era cachorro, su dueño y amigo mío, me lo dejó criar un periodo de verano y durante sus 15 años de vida me acarició con su cabeza cada vez que me veía. Nunca tuve tanto aprecio por un perro como con él, aunque ahora también quiero recordar a otros que compartieron momentos con nosotros.

He buscado entre mis álbumes fotográficos intentando encontrar imágenes de algunos de ellos, pero ninguna tiene la calidad para apreciarlos en todo su esplendor. Ruego a sus dueños que, si pierden un poquito de tiempo, puedan enviarme alguna.



Jamás escribí su nombre, por eso, no se si ahora lo haré correctamente. Jony, Yoni o incluso Jhoni. Aquel cruce de pastor alemán al que su dueño le ponía un collar de pinchos para iniciar las cacerías de gatos en las inmediaciones del Huecar. De vez en cuando, se enzarzaba en violentas peleas con otros de su especie, mientras Papá Oso se jugaba la mano intentando quitarle ese elemento defensor.

Luego apareció Imir. Imponente, altivo y fuerte. Sus cabalgadas por el Parque del Carrero eran dignas del mejor de los caballos. Compañero de acampadas, siempre tenía el honor de dejarte sus abundantes babas pegadas a los pantalones. Entre sus descendientes, a los que ya perdí la pista, también recuerdo a Nadir y a Yola. Negra como el carbón aunque no tan juguetona como su compañero Humphry, picarón y mujeriego (incluso con algunas chicas).

Una figura entre el colectivo canino, era Zacarías, El Zaca. Listo y vivaz. Obediente y fiel. Capaz de montar en vespa y de bucear. Su mirada era pura picardía.

Quiero también mencionar a las generaciones actuales,  aunque mi contacto con ellos no es tan intenso. Un último vídeo enviado digitalmente nos ha permitido conocer a Neki y a la nueva Yola. El Tyson derrocha potencia en sus encuentros y Rocky demuestra paciencia esperando su ración de jamón en las noches de verano.

Otros llegarán para hacernos compañía. Ya los iremos conociendo.

viernes, 6 de febrero de 2015

63.- NIEVE ANTES DE MARZO, ORO BLANCO

Puede que la nevada del otro día se considere como la tercera más importante de los años cuyas últimas dos cifras sean números primos. O no. Los meteorólogos (o los periodistas) están empeñados en demostrar nuestra falta de memoria, cuestión que desde este momento voy a intentar rebatir con hechos históricos.

Dejaremos episodios como los del Pozarrón, El Cerviñuelo, algún Jueves Lardero, El Rally-Raid por el Estrecho del infierno (cuando comprobamos los impagos de las facturas del gas de Belcebú) y otras más que merecerán capítulos propios.

Recuerdo a finales de enero de 1986 cuando un estudiante en huelga se rapó, o mejor dicho, le raparon la cabeza, tras depositar su confianza ciega en unos amigos que se lo pasaron en grande en plena maniobra esquiladora. Su posterior aparición en Cuenca resultó de lo más gélida, realizando un viaje familiar a Tragacete entre cunetas rebosantes de nieve. Testimonio gráfico de aquellos momentos pueden constatarlo.

Comenzando el siglo XXI, el entierro de un familiar cercano se convirtió, debido a la nieve y el frío, en una película digna de ser dirigida al alimón entre Berlanga y los hermanos Coen. Y en diciembre del 2001, mi hijo tuvo que ser bautizado en casa por la imposibilidad de acercarnos a la iglesia debido a las terroríficas temperaturas ambientales que helaron la nieve de las aceras.

En fin, que no hay que irse al siglo pasado a comprobar que el cambio climático está al acecho. Según medios de comunicación digitales, en febrero de 2009 “Cuenca registra una nevada histórica: la más copiosa de los últimos veinticinco años.” (...ya empezamos a contar años...):
( http://www.20minutos.es/noticia/587401/0/cuenca/nevada/historica/#xtor=AD-15&xts=467263).

Y en 2013: En Cuenca capital cuajó la nieve y se tuvo que restringir el tráfico en varias zonas del casco histórico y, por precaución, se adelantó el retorno de 63 rutas escolares de la provincia, con un total de 1.666 alumnos afectados (http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/21/espana/1358786535.html).

No tenemos registros de la época de Leonor de Aquitania o de Fray Luis de León, pero una web que recoge datos desde los años 70 presenta este gráfico tan aclarativo.


Nosotros matábamos ese frío sin gore-tex ni ropa térmica. La humedad de la nieve se combatía con chirucas y botas camperas, mientras que las "modernas" coreanas de color azul y pelete en la capucha nos resguardaban de los vientos del norte.

A veces mi padre iba al colegio montado en un caballo. Siempre me recuerda que en invierno tenía dificultades para avanzar sobre la nieve. “Ya no nieva como antes” repite año tras año.
Cuelgo una foto recibida en el móvil captada estos días cerca de Masegosa y me imagino lo que me cuenta.


viernes, 16 de enero de 2015

62.- DELITOS PRESCRITOS

Corrupción, prevaricación, cohecho….conceptos habituales en los noticieros diarios. Una especialización al por mayor de lo que siempre se ha llamado ROBAR. Verbo, y a la vez pecado, que todo el mundo ha cometido en algún momento de su vida. Unos lo tendrán que declarar o negar ante el de la toga, mientras otros lo confesábamos, a veces, tras una pequeña celosía de madera.

El azúcar, como primer vicio del niño, se convirtió en el causante de los hurtos iniciales. Petacas de crema, rollos de nata, palmeras y todo tipo de repostería era sustraída de los expositores conquenses. Pequeñas pandillas de chavales que los viernes por la tarde comenzaban a gastar su tiempo libre por la calles de la ciudad.

Las hormonas de la juventud sustituyeron la avidez azucarada por las desconocidas curvas impresas. Voluptuosas mujeres que exponían sus encantos ante fotógrafos que veían truncado su trabajo por la alargada tira negra del editor. El Lib, Private, o Climax sirvieron de enciclopedias eróticas antes de realizar las prácticas. Revistas que colgaban suspendidas de unas cuerdas hasta que eran sustraídas, aun a consta de que su raptor se tumbara en plena acera del centro de la capital.



El callejeo de los viernes derivó en la búsqueda y captura de inconscientes camiones de bebida que se paraban en los semáforos. Las botellas de Coca-Cola misteriosamente volaban de sus cajas cuando el transportista soltaba el freno. Incluso la fruta para las zurras eran objetivo y blanco de nuestras andanzas.

Y pasada la pubertad, el cuerpo pide fiesta. Unas cervezas para acompañarla no vienen mal, sobre todo si un camión aparcado junto al parque del Carrero las ofrece gratis. ¡Hasta calientes estaban buenas!



En fin, raterillos de poca monta, que sobre todo no perjudicaban a nadie. Ladronzuelos que ponían en juego su honor expuestos a ser sorprendidos por los afectados y que en ocasiones finalizaban de sonrojante manera.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

61.- NOS DIERON LAS UVAS

Nos dieron la una. Y las dos. Y las tres. Las cuatro, las cinco y las seis…. En distintos lugares, pero con la misma ilusión: disfrutar durante toda la noche. Sin promesas ni deseos de cara al futuro. Diez o doce horas a todo tren. Sin freno de mano. Desde el pequeño y modesto guateque de la cochera del Potasio hasta los últimos (y casi olvidados) cotillones organizados con premios incluidos.

Miradas peligrosas escaneando las ceñidas curvas de negros vestidos recibían aquellas jóvenes deseosas de lucir sus tacones. Mientras nosotros, ahogados por noveles corbatas, asaltábamos la barra. La del Wacus, del Bataplán, del Vaya Vaya, de Los Elefantes, …

Previa a la experiencia del sistema “alquiler de bar”, demostramos nuestra capacidad de organización, destrozo y limpieza de viviendas (ahora pasto de Podemos) que gentilmente (o inconscientemente) eran cedidas por sus dueños.

Agradecimientos a Olga, a MCR y, sobre todo, a Aldo. Nocturnas andanzas las que disfrutamos entre las paredes del vetusto edificio que vigilaba la gasolinera. Por eso recupero la foto que ya recogí en su momento. Merecido recuerdo.



Pero si hay una Noche Vieja de las que ahora llamarían “top” es esa en la que todos pensamos. Aquella fiesta por la que pasaron gran parte de los conquenses que salieron esa noche. Un balcón que no se precipitó al vacío porque no se construyó en el siglo XXI y porque muchos de sus usuarios flotaban bajo las gélidas estrellas. Música, baile, carreras y juegos de escondite. Desenfreno o inmoralidad. Vicio y exaltación de la amistad. Esperado descanso para los vecinos en la mañana del nuevo año. Y cara de cartón en la tarde del día siguiente cuando vimos aparecer por la puerta a su sorprendido dueño. “Marcharos” dijo débilmente mientras los demás lo mirábamos con escoba y fregona en mano sobre aquel pegajoso suelo. ¡Qué demostración de resignación fraternal! Nunca llegamos a recompensarselo.

El efecto 2000 nos trajo otras formas de pasas las nocheviejas. Más familiares, rodeadas de biberones y espectáculos televisivos. Pronto nuestros hijos cogerán el relevo y podremos revivir aquellas jaranas.

Por lo pronto el 2014 se nos va como vino, pasando la hoja de un calendario.