Acabo de vender mi bicicleta. Incido en el posesivo porque, aunque a en mi entorno hubiera alguna más, ésta era la única que me pertenecía. Sobre las demás han pedaleado mis hermanos, mis sobrinos, mi señora o mis hijos. La GAC de los ochenta sólo la he usado yo. Durante varios lustros ha permanecido suspendida por unas cuerdas en un cuarto para aperos esperando ser puesta de nuevo sobre el asfalto, antes de que mi hijo alcanzara la edad para que, finalmente, nunca se volviera a tocar.
miércoles, 27 de octubre de 2021
111. MI BICI
viernes, 14 de mayo de 2021
110.- TONTO
Quizás se trate de la palabra que, con pocas letras, encierra todo el sentido del ser simple, falto de razón e incluso despreciable.
miércoles, 24 de marzo de 2021
109.- UN AÑO DE PANDEMIA FICCIÓN.
Hastiado de la situación actual volvía a casa apremiado por la hora del toque de queda marcada por las autoridades sanitarias. En mi trayecto crucé caminando el amplio y solitario aparcamiento de un hipermercado cuando súbitamente escuché por la megafonía exterior: “les recordamos que por su seguridad y la de todos…….”. De repente me vi paralizado, vestido con un uniforme de trabajo de color azul gastado, como Winston Smith mientras escuchaba los mensajes de su GH. “Y pensó en la telepantalla, que nunca dormía, que nunca se distraía ni dejaba de oír (…)”. Volví a sentir la misma sensación de flaqueza que nos inundó un año atrás, al mismo tiempo que recordaba escenas de películas, pasajes de novelas, o capítulos de series de TV en las que este mundo ya estaba representado.
domingo, 14 de marzo de 2021
108.- PASAPALABROS
- U. Apellido de portero de fútbol conquense conocido por su miembro viril.
- W.Garito donde, en la noche vieja de 1989, le regalaron a Javi unas bragas.
sábado, 13 de febrero de 2021
107.- AUTOESTOP
Me cuesta admitir que las costumbres pierden fuerza al mismo paso que la sociedad se desarrolla. Algunas permanecen y otras evolucionan. Mientras que la tecnología perfecciona unas, otras se degradan por falta de uso. Algo parecido le ocurrió al atrevido gesto de mostrar el dedo pulgar en terrenos ocupados por las cunetas.
Desconozco su origen pero, al igual que vosotros, estaría perfectamente capacitado para iniciar un estudio didáctico acerca de sus características basado en experiencias vividas, no en vano, en los ochenta (otra vez asoman los ochenta) era el medio de transporte más económico y arriesgado del momento.
De aparente sencilla técnica, sólo
se necesitaba un buen lugar para situarse, escaso equipaje y aseado aspecto,
nunca imprescindible, aunque al menos eso garantizaba una mayor probabilidad de
éxito. El porcentaje de fracaso superaba
al de victoria, pero la estadística saltaba por los aires con el simple hecho
de que te abrieran la puerta.
La provincia de Cuenca es grande,
de las que más. Sus distancias, tan cortas en el mundo digital, se convertían
en largas travesías en aquellos tiempos de juventud. Conocimos campos poblados
de pastores, de tractores cosechando, o carreteras visitadas por camiones
cargados de madera y por ciclistas solitarios. Y en cualquier cruce de caminos,
el sitio ideal donde apostarnos con el compromiso de seducir al próximo
conductor y, en el peor de los casos, al siguiente.
Cualquier viaje era una aventura.
Se iniciaba con incertidumbre, como una final deportiva. Podías pasar de ser un
mero acompañante de un sudoroso camionero a disfrutar de un placentero trayecto
en un coche de alta gama, con Nabucco sonando en los altavoces, guiado por las
estrellas al compás de las curvas que nos llevaban hasta las fiestas de mi
querido pueblo serrano.
El zurrón de lecciones de nuestras
abuelas siempre contenía el consejo de llevar la muda limpia a la hora de
viajar. No es que las fuerzas de orden público nos sometieran a la inspección
ocular de gayumbos y calcetines, pero un aspecto higiénicamente saludable
facilitaba la consecución del objetivo, que no era otro que acercarnos a
nuestro destino con el menor esfuerzo
físico y económico. Aunque tampoco era garantía de premio, porque el
destino nos colocaba en la balanza
frente a la voluntad del piadoso conductor que nos veía apostados en la
carretera. Y ahí, en esos escasos segundos donde se cruzaban las miradas, el
que llevaba el volante decidía. Eso sucedió una tarde en el que bajo el sol
veraniego, acechantes en el cruce del Ventorro, con dirección a la
Frontera, un Seat no frenó, provocando
el monumental enfado del Potasio que vociferaba e insultaba al conductor y que
no era otro que nuestro barbudo profesor de geografía.
Volvamos al mundo actual. Imagina un grupo de amigos en edad universitaria disfrutando de un fin de semana en la playa de Cullera. Una vez gastado todo el dinero, dos de ellos deciden volver a casa. Con su aspecto resacoso y somnoliento, provistos de una pequeña mochila por cada espalda, se colocan en un cruce alternando el turno para mostrar el dedo a la infinidad de vehículos que pasan a su lado. Sin perder la esperanza, y tras muchos minutos de espera un pequeño turismo con el distintivo de alquiler pegado en el cristal se detiene junto a ellos y les pregunta “¿adónde vais?”. “A Cuenca” responden al unísono. “Yo voy a Madrid, pero os puedo dejar cerca”, contesta la conductora que asoma algo más la cabeza por el habitáculo del coche, dejando atónitos a los muchachos. “Perfecto, podemos ir hasta Motilla del Palancar, gracias”. Exultantes de alegría abren las puertas y descubren a una brasileña vestida para combatir el calor de ese mes de julio, con un top de tirantes y minifalda. Agradecidos por el viaje tan seductor, charlan por el camino sobre las vacaciones que está disfrutando en España y el encuentro con su madre en Madrid. Por fin se detiene en el pueblo en destino donde les invita a un café como detalle de despedida. Mientras se alejaba de nuevo por la autovía, el Rubio y yo nos miramos perplejos, sin saber qué decirnos, quizás confusos porque aquel caramelo hubiera sido tan desaprovechado. ¿O no? ¿Qué hubiera ocurrido a día de hoy?
Gracias a este medio de transporte pude asistir a clase en mi época albaceteña. ¡Cuantos días de frío en la carretera de Las Peñas esperando compañeros que me recogieran! Y sobre todo, ¡cuántos viajes a Cuenca con los que evité el sufrido recorrido que me ofrecía el autobús que transitaba por media Mancha hasta llegar a mi casa!
Más que la desconfianza o el miedo a las malas
compañías, las nuevas vías de comunicación y las restricciones normativas
consiguieron exterminar esta práctica. Ahora se paga por lo mismo pero conociendo
de antemano el modelo de coche y los hábitos del conductor. ¡Qué cosas!
miércoles, 9 de diciembre de 2020
106.- EL ÁRBOL DE NAVIDAD
Aunque el origen del árbol de navidad parece que proviene del centro de Europa, en mi historia personal representa el inicio de la Navidad.
domingo, 25 de octubre de 2020
105.- CRONOLOGÍA DE LO ESPERADO
DIA 9: AL PUEBLO. Un viaje con ilusión al territorio abandonado, alejado del peligro.
DIA 10: LA CHISPA. Centro social del pueblo en estos días de otoño. Cerveza, diálogos y risas simples, sin rodeos.
DIA 11: LA CAÍDA. Un paso en falso y al suelo desde varios metros. Golpetazo de espaldas contra los escalones. Ambulancia para Cuenca. Costilla rota pero sin más daños internos. Vuelta a casa.
DIA 12: EL VIAJE. Volvemos a nuestro hogar con la sensación de habernos librado de un mal mayor.
DIA 13: EL BANDO. Llega la noticia del contagio con foco en el bar visitado. La preocupación es inevitable.
DIA 14: LOS RUMORES. Comienzan a aparecer los primeros positivos, algunos de contacto directo. La espada se alza sobre nosotros.
DIA 15: POSITIVO. Amelia confirmada, y los demás con casi toda seguridad. Iniciamos ronda de avisos al resto de contactos próximos.
DIA 16: NERVIOS. A la espera de pruebas seguimos alertando al resto de amigos y familiares que hayan podido contagiarse.
DIA 17: EL PCR. Prestos a recibir el bastoncillo por el orificio nasal. Trámite rápido y a casa. A esperar
DIA 18: POSITIVOS. Lo previsto, dos más. Miradas silenciosas entre nosotros.
DIA 19: PLENO. Santi también. Le ha costado conseguir la prueba fuera de su domicilio habitual. Cuatro horas en urgencias.
DIA 20: LA BUROCRACIA. El mundo de las autonomías. Gestiones telefónicas infructuosas ante un caso tan evidente por el mero hecho de vivir en un territorio distinto al de tu domicilio.
DIA 21: EL GUSTO. Amelín pierde el gusto. Ni chocolate ni ensalada. Ni fruta ni carne. Pobrecilla, pero lo lleva bien.
DIA 22: SUEÑO. No puedo dormir más de dos horas de un tirón. La costilla se me clava como si tuviera una nuez atada a los riñones.
DIA 23: LA PLACA. Varios días con cansancio acumulado y fatiga. Mi doctora propone revisar ese torso. Alivio. El bicho no afecta.
DIA 24: LA CAMA. Primera noche que duermo tumbado. ¡Qué sensación de descanso!
viernes, 2 de octubre de 2020
104.- LAS TECLAS
jueves, 21 de mayo de 2020
103.- BUENAS NOCHES
Esa edad tenía mi padre cuando comenzó la puñetera guerra. Poco antes de partir hacia lo desconocido escribió sobre un libro en blanco sus memorias de juventud. Muchas de ellas condicionadas por los acontecimientos que afectaban a su pueblo y a su gente. Entre sus párrafos destaca una frase subrayada “¡Qué recuerdo más desagradable!”. Con todo eso, y teniendo sus tendencias políticas (para no tenerlas después de lo que tuvo que vivir), nunca nos inculcó rencor ni odio. Fue un padre más de la transición, como los políticos que nos representaron en los ochenta y que tantos elogios recibieron (ahora vilipendiados por jóvenes sin escrúpulos o sin formación).
Hoy, paseando, me he cruzado con un niño que tendría esos mismos años. Jugaba con dos hojas de morera, grandes y carnosas. Alzaba los brazos al compás que movía la cabeza, como si quisera perfilar la estela de un avión. Mientras seguía caminando me he preguntado “¿a quién descubrirá de adversario dentro de pocos años? “.
Nosotros crecimos sin esa sensación de tener que discutir permanentemente contra un vegano, un taurino, un vecino de comunidad autónoma o una niña. Simplemente nos divertíamos y vivíamos intensamente el momento. Acaso algún rifirrafe con el rival deportivo con el que compartías cerveza para el ver el partido. Siempre ha existido la diversidad de pensamiento y de ideales, pero las disputas políticas quedaban en el parlamento. ¿Para qué complicaciones? Eso, ahora, lamentablemente no es así. Quizás sea culpa nuestra por haberlo dejardo pasar, quizás porque alguien esté muy interesado en crear y mantener este clima de crispación. De lo que estoy seguro es que esta situación no es nada halagüeña y que nosotros podemos aportar algo positivo a todo esto: no fomentarlo entre nuestros descendientes. Ellos finalmente decidirán su destino cuando sean mayores, pero no debemos influirles y, sobre todo, alentarles a moldear un carácter “anti lo que sea”. Difícil tarea cuando estamos navegando en un buque sin timón y con las olas golpeando incesablemente el casco, al tiempo que el pasaje presagia un naufragio del que hay que salvarse, aunque sea a costa del prójimo con el que no hace mucho estuviste tomando una copa en el bar de la cubierta.
Cuentan que Pio Baroja decía que “el territorio nacional se divide en dos campos enemigos irreconciliables, sin que sirvan para aplacarlos y llevarlos a un ambiente de tolerancia las voces de algunas personas sensatas.” Un siglo después seguimos igual. Será otro ciclo paralelo a la pandemia o un torbellino de desplantes y exabruptos que nos atizan como un boomerang.
Es el texto más triste que he subido desde que abrí este blog. Ni la pérdida de grandes amigos o familiares me animó a divulgar la sensación de agotamiento y desesperanza que me produce leer a diario la prensa, escuchar las noticias y ver el comportamiento de algunos inciudadanos.
Buenas noches, y buena suerte. Precioso objetivo de una (ya desdichada) frase que repitió en un debate, emulando al periodista americano, aquel sujeto con el que se inició todo este ring. Seguro que su fondo guardaba una intención distinta al resultado obtenido.
lunes, 4 de mayo de 2020
102.- EL TRANSISTOR
También he descubierto las opciones culinarias que ofrece el horno de mi cocina, los beneficios sociales de los operadores telefónicos, la congoja que se acumula al ver pasar una primavera sin Semana Santa, la tristeza que invade los rostros de los compradores mientras guardan cola para pasar por caja, y lo largo que se hace un fin de semana sin fútbol.
Pero también me he reencontrado con la magia de la radio, una compañera ejemplar a cualquier hora del día. Alsina la homenajeó hace unos días y me hizo recordar mis tardes juveniles, mis noches universitarias y mi soledad laboral en soltería. El proceso de desbroce entre el escalafón de mitos radiofónicos ha dado como resultado mi particular catálogo. Comencemos.
“Bajo la sensación del cloroformo, me hacen temblar con alarido interno, ….” Quizás los lectores de Valle-Inclán reconozcan el soneto. Yo lo memoricé escuchando “Rosa de Sanatorio”, en Radio 3, por permanente consejo de mi amigo Pablo. Tamboriles y dulzaina iniciaban este peculiar programa que ofrecía buena música intecalada con obscenos relatos y reflexiones delirantes.
Disfruté mucho del programa nocturno que me ayudó a amar el cine pese a seguir sin comprender lo incompresible. Han pasado 35 años y continúo sin entender la simbología del famoso monolito. Y mira que Pumares ponía todo su empeño. ¡Qué genio gastaba! Emisiones muy tardías, porque delante hablaba Supergarcía, aunque yo fui de los que me había mudado a de la Morena.
La colección de los mejores humoristas del panorama de los ochenta se juntaba en el Debate sobre eel Estado de la Nación de Protagonistas. Del Olmo intentaba poner orden en aquél dislate de opiniones, en el que para mí, la figura principal era el maestro del levante español y compañero de viaje del bajito conquense: el gran Tip. Al igual que todavía mantengo en mi memoria párrafos completos de otros genios del humor como Gila o Les Luthiers, no puedo olvidar la anécdota que contó acaecida en una taberna de su ciudad natal. La respuesta que el beodo cliente le dio a Don Federico todavía la utilizo como coletilla cuando la causa está casi perdida mientras mis compañeros de batalla me miran con perplejidad.
Casi inexistentes escuchas de la emisora local me trasladan a la tardes de música del momento. Las dedicatorias ñoñas de oyentes enamorados precedían las canciones elegidas hacia su ser querido, acompañadas de la sosegada y grave voz del inconfundible J.M.M. Musso.
Mejor música se emitía en la Cadena del Vater. Ahí conocí al incasable Pirata y en su dial escuché por primera vez Días de Escuela, la canción que siempre nos evocará a nuestros primeros años entre pupitres.
Imagino que muchos estaréis echando de menos a Radio Bigarda. En mi defensa debo recordaos que ya le dedicamos en su día un especial en el artículo nº 14 de este blog (http://asturislandia.blogspot.com/2013/02/radio-bigarda.html).










